{"id":81565,"date":"2025-06-14T16:43:45","date_gmt":"2025-06-14T14:43:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revista-portalesmedicos.com\/revista-medica\/?p=81565"},"modified":"2025-06-12T10:21:47","modified_gmt":"2025-06-12T08:21:47","slug":"valor-diagnostico-y-pronostico-de-la-tomografia-craneal-en-el-trauma-craneoencefalico-leve-a-moderado-utilidad-limitaciones-y-guias-actuales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revista-portalesmedicos.com\/revista-medica\/valor-diagnostico-y-pronostico-de-la-tomografia-craneal-en-el-trauma-craneoencefalico-leve-a-moderado-utilidad-limitaciones-y-guias-actuales\/","title":{"rendered":"Valor diagn\u00f3stico y pron\u00f3stico de la tomograf\u00eda craneal en el trauma craneoencef\u00e1lico leve a moderado: utilidad, limitaciones y gu\u00edas actuales"},"content":{"rendered":"<p><strong>Valor diagn\u00f3stico y pron\u00f3stico de la tomograf\u00eda craneal en el trauma craneoencef\u00e1lico leve a moderado: utilidad, limitaciones y gu\u00edas actuales<\/strong><\/p>\n<p>Autor principal: Michael Andr\u00e9s Rosales Chaves<\/p>\n<p>Vol. XX; n\u00ba 11; 641<!--more--><\/p>\n<p><strong>Diagnostic and prognostic value of cranial tomography in mild to moderate head trauma: usefulness, limitations, and current guidelines<\/strong><\/p>\n<p>Fecha de recepci\u00f3n: 9 de mayo de 2025<br \/>\nFecha de aceptaci\u00f3n: 9 de junio de 2025<\/p>\n<p>Incluido en Revista Electr\u00f3nica de PortalesMedicos.com, Volumen XX. N\u00famero 11 \u2013 Primera quincena de Junio de 2025 \u2013 P\u00e1gina inicial: Vol. XX; n\u00ba 11; 641<\/p>\n<h2>Autores:<\/h2>\n<p>Michael Andr\u00e9s Rosales Chaves, M\u00e9dico general de consulta externa, Hospital Fernando Escalante Pradilla, Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), San Jos\u00e9, Costa Rica.<br \/>\n\u00c1lvaro Esteban Fern\u00e1ndez Fern\u00e1ndez, M\u00e9dico general de \u00e1rea de salud, \u00c1rea de Salud de P\u00e9rez Zeled\u00f3n, Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), Caj\u00f3n, P\u00e9rez Zeled\u00f3n, San Jos\u00e9, Costa Rica.<br \/>\nKattia Ivannia Mora Nu\u00f1ez, M\u00e9dico general de consulta externa y emergencias, Hospital Fernando Escalante Pradilla, Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), San Jos\u00e9, Costa Rica.<\/p>\n<h2>Resumen<\/h2>\n<p>El traumatismo craneoencef\u00e1lico (TCE) es una de las principales causas de consulta m\u00e9dica y mortalidad, siendo el aumento de la presi\u00f3n intracraneal la causa principal de muerte. La tomograf\u00eda computarizada (TAC) es la t\u00e9cnica de referencia para su evaluaci\u00f3n, pero su uso excesivo en TCE leve a moderado plantea riesgos relacionados con la radiaci\u00f3n. Este art\u00edculo tiene como objetivo analizar el uso de la TAC en TCE leve, explorar alternativas como la resonancia magn\u00e9tica (RM) y los algoritmos de riesgo, como PECARN, que buscan reducir la exposici\u00f3n innecesaria a radiaci\u00f3n, especialmente en pediatr\u00eda. La metodolog\u00eda incluye revisi\u00f3n de estudios y protocolos cl\u00ednicos. Los resultados muestran que la TAC, aunque \u00fatil para lesiones graves, no siempre est\u00e1 justificada en TCE leve. Se destaca el potencial de la RM y los algoritmos para reducir la sobreutilizaci\u00f3n de la TAC y mejorar la toma de decisiones cl\u00ednicas, optimizando el manejo del TCE.<\/p>\n<h2>Palabras clave<\/h2>\n<p>TCE, tomograf\u00eda craneal, limitaciones, gu\u00edas cl\u00ednicas, pron\u00f3stico neurol\u00f3gico.<\/p>\n<h2>Abstract<\/h2>\n<p>Traumatic brain injury (TBI) is a leading cause of medical consultation and mortality, with increased intracranial pressure being the leading cause of death. Computed tomography (CT) is the gold standard for its evaluation, but its overuse in mild-moderate TBI poses radiation-related risks. This article aims to analyze the use of CT in TBI, explore alternatives such as magnetic resonance imaging (MRI), and risk algorithms, such as PECARN, that seek to reduce unnecessary radiation exposure, especially in pediatrics. The methodology includes a review of clinical studies and protocols. The results show that CT, although useful for severe injuries, is not always justified at the TBI level. The article highlights the potential of MRI and algorithms to reduce CT overuse.<\/p>\n<h2>Keywords<\/h2>\n<p>HT, cranial tomography, limitations, clinical guidelines, neurological prognosis.<\/p>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p>El traumatismo craneoencef\u00e1lico (TCE) es una de las principales causas de consulta m\u00e9dica en urgencias, representando una condici\u00f3n que abarca una amplia gama de lesiones, desde aquellas provocadas por accidentes, traumas intencionales con objetos contusos hasta los siniestros de tr\u00e1nsito (<sup>1<\/sup>). Esta patolog\u00eda se ha consolidado como una de las principales causas de mortalidad y discapacidad en la poblaci\u00f3n mundial, siendo responsable de una elevada carga tanto para los sistemas de salud como para las personas afectadas y sus familias. De acuerdo con diversos estudios, la principal causa de muerte en pacientes con TCE es el aumento de la presi\u00f3n intracraneal, que puede desencadenar complicaciones severas, como el da\u00f1o cerebral irreversible (<sup>2<\/sup>).<\/p>\n<p>En este contexto, la tomograf\u00eda computarizada (TAC) es actualmente la herramienta de referencia para el diagn\u00f3stico de estas lesiones. Su capacidad para ofrecer un gran aporte anat\u00f3mico y patol\u00f3gico ha permitido que la TAC sea fundamental en la valoraci\u00f3n de las estructuras intracraneales y en la identificaci\u00f3n de lesiones graves que puedan comprometer la vida del paciente. A trav\u00e9s de este examen, es posible observar detalles anat\u00f3micos precisos del cr\u00e1neo y el cerebro, facilitando la detecci\u00f3n de hemorragias, fracturas y otros tipos de lesiones intracraneales (<sup>3<\/sup>).<\/p>\n<p>Sin embargo, el uso indiscriminado de la tomograf\u00eda computarizada, especialmente en traumatismos craneales leves a moderadas ha generado un debate sobre sus beneficios y riesgos. Si bien la TAC es indispensable para la detecci\u00f3n de lesiones en casos severos, su aplicaci\u00f3n en pacientes con TCE leve ha sido objeto de discusi\u00f3n debido al riesgo que representa la exposici\u00f3n a la radiaci\u00f3n ionizante. Diversas investigaciones han se\u00f1alado que, en muchas ocasiones, estos estudios no aportan informaci\u00f3n cl\u00ednica relevante y pueden resultar innecesarios, lo que lleva a la sobreutilizaci\u00f3n de esta herramienta diagn\u00f3stica y, en consecuencia, a un aumento de los costos sanitarios y riesgos de salud (<sup>4<\/sup>).<\/p>\n<p>El prop\u00f3sito de este art\u00edculo es analizar el uso de la tomograf\u00eda computarizada en la evaluaci\u00f3n del traumatismo craneoencef\u00e1lico leve, considerando sus ventajas, limitaciones y los riesgos asociados con su uso excesivo. Se har\u00e1 un enfoque cr\u00edtico sobre las alternativas diagn\u00f3sticas y los algoritmos de estratificaci\u00f3n de riesgo como el PECARN, que buscan reducir la exposici\u00f3n innecesaria a radiaci\u00f3n, particularmente en pacientes pedi\u00e1tricos, y optimizar el proceso de toma de decisiones cl\u00ednicas. De igual manera, se discutir\u00e1 la incorporaci\u00f3n de tecnolog\u00edas avanzadas, como la resonancia magn\u00e9tica y la tomograf\u00eda por emisi\u00f3n de positrones (SPECT), que podr\u00edan ofrecer soluciones m\u00e1s precisas y menos invasivas para la evaluaci\u00f3n de lesiones cerebrales.<\/p>\n<p>Este an\u00e1lisis busca proporcionar una visi\u00f3n integral del manejo del TCE, promoviendo una reflexi\u00f3n sobre el equilibrio entre la necesidad diagn\u00f3stica y los riesgos asociados al uso de t\u00e9cnicas de imagen, con el objetivo de mejorar la calidad de atenci\u00f3n al paciente, minimizando los efectos adversos derivados de la exposici\u00f3n a radiaci\u00f3n innecesaria.<\/p>\n<h2>Material y M\u00e9todos<\/h2>\n<p>En la presente investigaci\u00f3n se adopta una metodolog\u00eda basada en la revisi\u00f3n bibliogr\u00e1fica, la cual consiste en la recopilaci\u00f3n y an\u00e1lisis de literatura cient\u00edfica relevante, obtenida a trav\u00e9s de motores de b\u00fasqueda de acceso libre especializados en el \u00e1mbito m\u00e9dico. El enfoque se centra en el estudio del valor diagn\u00f3stico y pron\u00f3stico de la tomograf\u00eda craneal en casos de trauma craneoencef\u00e1lico leve a moderado, abarcando publicaciones realizadas entre los a\u00f1os 2015 y 2025, y considerando la pertinencia y calidad de los aportes cient\u00edficos en esta \u00e1rea espec\u00edfica.<\/p>\n<p>Para sustentar el an\u00e1lisis, se seleccionaron 15 art\u00edculos cient\u00edficos relacionados directamente con la tem\u00e1tica, permitiendo as\u00ed respaldar los hallazgos que se presentan en esta investigaci\u00f3n. La informaci\u00f3n fue tratada mediante un proceso de an\u00e1lisis sistem\u00e1tico, organiz\u00e1ndola de manera l\u00f3gica para facilitar su comprensi\u00f3n. Como criterios de inclusi\u00f3n, se estableci\u00f3 la consideraci\u00f3n de literatura en idiomas ingl\u00e9s y espa\u00f1ol, correspondiente a estudios observacionales, investigaciones publicadas y otros trabajos vinculados al diagn\u00f3stico abordado.<\/p>\n<h2>Resultados<\/h2>\n<h3>Trauma craneoencef\u00e1lico<\/h3>\n<p>El trauma craneoencef\u00e1lico (TCE) constituye una de las principales causas de morbimortalidad a nivel mundial, afectando predominantemente a la poblaci\u00f3n joven y econ\u00f3micamente activa. Se define como una lesi\u00f3n directa de las estructuras craneales, encef\u00e1licas o men\u00edngeas (<sup>3<\/sup>), producto de un mecanismo externo que genera una transferencia brusca de energ\u00eda hacia el cr\u00e1neo (<sup>6<\/sup>). Esta energ\u00eda puede producir da\u00f1os de diversa magnitud en el contenido intracraneal, afectando la integridad funcional y estructural del sistema nervioso central (<sup>5,7<\/sup>).<\/p>\n<p>El TCE puede provocar una lesi\u00f3n primaria, que se presenta en el momento del impacto y que depende directamente de factores como la fuerza, direcci\u00f3n y naturaleza del traumatismo. A esta le sigue una lesi\u00f3n secundaria, derivada de los procesos fisiopatol\u00f3gicos desencadenados tras el impacto inicial, entre ellos, la cascada inflamatoria, el edema cerebral, la hipoxia, la isquemia, y el aumento de la presi\u00f3n intracraneal (<sup>8<\/sup>). Estas lesiones secundarias son de particular inter\u00e9s cl\u00ednico, ya que no solo empeoran el pron\u00f3stico, sino que, a menudo, son prevenibles o mitigables mediante una atenci\u00f3n m\u00e9dica oportuna y adecuada.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos epidemiol\u00f3gicos, se estima que cerca de 1.2 millones de personas fallecen anualmente a consecuencia de un TCE en todo el mundo, mientras que entre 20 a 50 millones sufren lesiones no fatales que pueden dejar secuelas permanentes (<sup>9<\/sup>). Este tipo de trauma representa la principal causa de muerte en la infancia, particularmente en el grupo de edad de 1 a 14 a\u00f1os (<sup>10<\/sup>), y contin\u00faa siendo la causa m\u00e1s importante de mortalidad y discapacidad entre personas menores de 45 a\u00f1os, con una incidencia reportada de entre 100 a 300 casos por cada 100,000 habitantes al a\u00f1o (<sup>7<\/sup>).<\/p>\n<p>Diversos estudios han evidenciado que el TCE afecta con mayor frecuencia al sexo masculino, con una media de edad en los afectados de aproximadamente 31 a\u00f1os. En un estudio representativo, se determin\u00f3 que el 64% de los pacientes con TCE eran hombres entre los 18 y 45 a\u00f1os. En cuanto a la gravedad, el 75% de los casos fueron catalogados como TCE leve, el 14% como moderado y el 11% como severo. Las principales causas identificadas fueron los accidentes de tr\u00e1nsito (47%), seguidos por accidentes laborales (17%), agresiones f\u00edsicas (21%) y accidentes domiciliarios (15%) (<sup>11<\/sup>). En cuanto a las lesiones intracraneales m\u00e1s comunes, se report\u00f3 una prevalencia de hematomas epidurales (30%), subdurales (25%), intraparenquimatosos (18%) y subaracnoideos (6%). Tambi\u00e9n se identificaron fracturas craneales lineales en un 63% de los casos y fracturas con hundimiento en un 10% (<sup>11<\/sup>).<\/p>\n<p>En los pa\u00edses de ingresos bajos y medios, el uso creciente de motocicletas como medio informal de transporte ha exacerbado la incidencia de TCE. Los accidentes de motocicleta representan una proporci\u00f3n significativa de estos traumatismos, debido a la exposici\u00f3n directa del cr\u00e1neo a impactos biomec\u00e1nicos de alta energ\u00eda, muchas veces sin el uso adecuado de dispositivos de protecci\u00f3n como el casco. Esta tendencia ha sido confirmada por estudios regionales que reflejan la correlaci\u00f3n entre el uso masivo de veh\u00edculos de dos ruedas y el aumento de las lesiones encef\u00e1licas traum\u00e1ticas (<sup>8<\/sup>).<\/p>\n<p>Uno de los aspectos fisiopatol\u00f3gicos m\u00e1s cr\u00edticos en el TCE es el incremento de la presi\u00f3n intracraneal (PIC), el cual se ha asociado de manera consistente con un pron\u00f3stico desfavorable. El aumento de la PIC puede llevar a una disminuci\u00f3n del flujo sangu\u00edneo cerebral, herniaci\u00f3n cerebral y muerte si no se trata de manera efectiva. Por esta raz\u00f3n, el monitoreo continuo de la PIC representa un pilar en el manejo del paciente neurocr\u00edtico. Tradicionalmente, este monitoreo se realiza mediante m\u00e9todos invasivos, los cuales, aunque efectivos, conllevan riesgos no despreciables como hemorragias o infecciones, con una incidencia de complicaciones que var\u00eda entre el 1% y el 7% (<sup>2<\/sup>). Esto ha incentivado la investigaci\u00f3n y desarrollo de tecnolog\u00edas no invasivas para la estimaci\u00f3n de la PIC, que puedan ofrecer mayor seguridad sin comprometer la precisi\u00f3n diagn\u00f3stica (<sup>8<\/sup>).<\/p>\n<p>Desde un enfoque cl\u00ednico, el TCE se clasifica como cualquier lesi\u00f3n estructural o funcional del cr\u00e1neo y\/o su contenido que resulta de un intercambio brusco de energ\u00eda mec\u00e1nica. Para su diagn\u00f3stico, se consideran varios criterios, tales como alteraciones del estado de conciencia, amnesia postraum\u00e1tica, cambios neurol\u00f3gicos o neurofisiol\u00f3gicos, as\u00ed como evidencia por imagen de fracturas craneales o lesiones intracraneales atribuibles al traumatismo. La inclusi\u00f3n de estas variables permite una aproximaci\u00f3n m\u00e1s precisa para la toma de decisiones cl\u00ednicas (<sup>2<\/sup>).<\/p>\n<p>En el contexto iberoamericano, la incidencia del TCE oscila entre 200 y 400 por cada 100,000 habitantes por a\u00f1o, siendo m\u00e1s frecuente en el sexo masculino con una relaci\u00f3n estimada de 2:1 a 3:1. Este patr\u00f3n afecta principalmente a individuos j\u00f3venes en edad laboral, generando un impacto significativo no solo en la salud p\u00fablica, sino tambi\u00e9n en la econom\u00eda. Se ha reportado una mortalidad cercana al 30% en centros especializados en trauma (<sup>2<\/sup>). Asimismo, es importante se\u00f1alar que los TCE en personas adultas mayores son tambi\u00e9n comunes, especialmente como consecuencia de ca\u00eddas accidentales, que representan una causa frecuente de consulta en los servicios de urgencias (<sup>12<\/sup>).<\/p>\n<p>En definitiva, el TCE constituye una emergencia m\u00e9dica que requiere de un abordaje diagn\u00f3stico y terap\u00e9utico r\u00e1pido y eficaz. Un diagn\u00f3stico oportuno, especialmente en los servicios de urgencia, es crucial para mejorar el pron\u00f3stico, disminuir la morbilidad y evitar desenlaces fatales o discapacidades permanentes. Por ello, se considera prioritario en la atenci\u00f3n m\u00e9dica establecer protocolos claros para la evaluaci\u00f3n inmediata del paciente con TCE (<sup>7<\/sup>).<\/p>\n<h3>Etiolog\u00eda<\/h3>\n<p>La clasificaci\u00f3n m\u00e1s com\u00fanmente utilizada es la Escala de Coma de Glasgow (ECG), la cual eval\u00faa el nivel de conciencia a trav\u00e9s de la respuesta ocular, verbal y motora del paciente. De acuerdo con esta escala, se considera que un paciente tiene un TCE leve cuando obtiene una puntuaci\u00f3n entre 13 y 15, moderado entre 9 y 12, y grave cuando la puntuaci\u00f3n es igual o inferior a 8 (<sup>7<\/sup>).<\/p>\n<p>Sin embargo, esta categorizaci\u00f3n, aunque \u00fatil y ampliamente difundida, presenta ciertos matices cl\u00ednicos relevantes. Por ejemplo, existe una tendencia creciente a reconsiderar la clasificaci\u00f3n del puntaje de 13 dentro del rango de TCE leve, ya que m\u00faltiples estudios han evidenciado que una parte considerable de pacientes con dicho puntaje pueden presentar alteraciones significativas en la tomograf\u00eda computarizada (TC) del sistema nervioso central (SNC), lo que indicar\u00eda un riesgo m\u00e1s cercano al TCE moderado que al leve (<sup>3,7<\/sup>). Esta observaci\u00f3n ha sido respaldada por evidencia cl\u00ednica que sugiere que el puntaje 13 puede reflejar un mayor riesgo de lesi\u00f3n intracraneal que lo que tradicionalmente se ha considerado.<\/p>\n<p>La utilidad de la ECG como herramienta inicial de estratificaci\u00f3n se ve, adem\u00e1s, limitada por su naturaleza cualitativa y subjetiva, lo que puede llevar a subestimaciones o sobrestimaciones del grado de afectaci\u00f3n. De hecho, se ha documentado que un porcentaje no despreciable de pacientes inicialmente clasificados como TCE leve o moderado presentan deterioro neurol\u00f3gico posterior, lo cual obliga a una reevaluaci\u00f3n de su gravedad e incluso a intervenciones propias del manejo de TCE grave (<sup>8<\/sup>). Esto pone en entredicho la sensibilidad de la ECG como instrumento \u00fanico de clasificaci\u00f3n inicial, especialmente en los contextos cl\u00ednicos donde se requiere una detecci\u00f3n precoz de pacientes con riesgo de evoluci\u00f3n desfavorable.<\/p>\n<p>Por otra parte, existen otras escalas que intentan ofrecer una clasificaci\u00f3n complementaria o alternativa. La escala de Rimel, por ejemplo, tambi\u00e9n divide el TCE en leve, moderado y grave. Su valor reside en su utilidad pr\u00e1ctica y en su correlaci\u00f3n con la severidad y el pron\u00f3stico cl\u00ednico (<sup>14<\/sup>). No obstante, al igual que con la ECG, su naturaleza arbitraria en la definici\u00f3n de l\u00edmites entre las categor\u00edas impide garantizar una diferenciaci\u00f3n precisa en cuanto a la evoluci\u00f3n cl\u00ednica del paciente, lo que exige una valoraci\u00f3n diagn\u00f3stica m\u00e1s integral.<\/p>\n<p>El TCE leve, por su parte, no suele presentar alteraciones del estado de alerta ni signos focales neurol\u00f3gicos (<sup>5<\/sup>), y cuando se manifiestan s\u00edntomas, estos aparecen de forma inmediata tras el traumatismo. A pesar de ello, no debe subestimarse su impacto cl\u00ednico, ya que incluso en ausencia de signos neurol\u00f3gicos evidentes, un porcentaje significativo de estos pacientes puede desarrollar complicaciones graves o potencialmente mortales, lo cual resalta la importancia de una vigilancia activa y una adecuada selecci\u00f3n de estudios complementarios (<sup>6<\/sup>). Cabe destacar que el TCE leve representa entre el 70% y el 90% de todos los traumatismos craneoencef\u00e1licos, lo que lo convierte en una entidad de gran inter\u00e9s en t\u00e9rminos de salud p\u00fablica y uso de recursos en los servicios de urgencias (<sup>1<\/sup>).<\/p>\n<h3>Factores de riesgo<\/h3>\n<p>En primera instancia, es importante destacar que no existe una definici\u00f3n universal del TCE, y espec\u00edficamente del TCE leve, lo cual genera una heterogeneidad terminol\u00f3gica que dificulta la estandarizaci\u00f3n de su abordaje diagn\u00f3stico y terap\u00e9utico. Diversos autores han subrayado esta carencia como un obst\u00e1culo para la elaboraci\u00f3n de gu\u00edas cl\u00ednicas homog\u00e9neas (<sup>4<\/sup>).<\/p>\n<p>Desde el punto de vista fisiopatol\u00f3gico, el TCE se desarrolla en dos fases claramente diferenciadas. La primera fase, o lesi\u00f3n primaria, es consecuencia del impacto directo e incluye fen\u00f3menos como fracturas craneales, contusiones, hemorragias subaracnoideas o puntiformes, y lesiones penetrantes del tejido nervioso. Esta fase produce, adem\u00e1s, lesi\u00f3n axonal difusa, especialmente en la sustancia blanca cerebral y el tronco encef\u00e1lico, lo cual puede comprometer de forma irreversible funciones neurol\u00f3gicas cr\u00edticas. La segunda fase es secundaria, y deriva de mecanismos como el edema cerebral, la hipoxia tisular y las hemorragias posteriores, procesos que intensifican el da\u00f1o neuronal al alterar la hemodinamia intracraneal y la homeostasis i\u00f3nica, generando isquemia e hipoxia cerebral (<sup>2<\/sup>).<\/p>\n<p>En cuanto a la clasificaci\u00f3n etiol\u00f3gica, el TCE puede organizarse seg\u00fan diferentes criterios. Uno de ellos es el mecanismo de lesi\u00f3n, que distingue entre trauma abierto (con penetraci\u00f3n de la duramadre, com\u00fan en heridas por proyectiles o esquirlas) y trauma cerrado, que es mucho m\u00e1s frecuente y ocurre sin perforaci\u00f3n men\u00edngea, siendo los accidentes de tr\u00e1nsito su principal causa, seguidos por ca\u00eddas y golpes con objetos contundentes. Esta diferenciaci\u00f3n es crucial, ya que el TCE abierto conlleva una mortalidad considerablemente mayor (88%) en comparaci\u00f3n con el cerrado (32%) (<sup>2<\/sup>).<\/p>\n<p>Otro sistema de clasificaci\u00f3n se basa en la severidad del trauma, utilizando la ya mencionada Escala de Coma de Glasgow (GCS). Seg\u00fan datos cl\u00ednicos, aproximadamente el 80% de los TCE son de car\u00e1cter leve, mientras que el 20% restante corresponde a traumatismos moderados o graves (<sup>2<\/sup>).<\/p>\n<p>A pesar de su aparente levedad cl\u00ednica, el TCE leve puede encubrir lesiones intracraneales significativas, por lo que diversas gu\u00edas cl\u00ednicas indican que se realice una tomograf\u00eda computarizada (TC) cuando est\u00e1n presentes factores de riesgo espec\u00edficos, que elevan la probabilidad de detectar patolog\u00eda intracraneal (<sup>7<\/sup>). Estos factores, identificados en estudios y consensos m\u00e9dicos, incluyen:<\/p>\n<p>D\u00e9ficit neurol\u00f3gico focal.<br \/>\nCoagulopat\u00edas o uso de anticoagulantes\/antiagregantes, especialmente si no es monoterapia con \u00e1cido acetilsalic\u00edlico sin otros signos cl\u00ednicos asociados.<br \/>\nEdad avanzada (mayores de 65 a\u00f1os).<br \/>\nConsumo de alcohol o drogas (intoxicaci\u00f3n).<br \/>\nPresencia de v\u00f3mitos, cefalea intensa o convulsiones postraum\u00e1ticas.<br \/>\nP\u00e9rdida de memoria a corto plazo o amnesia del evento.<br \/>\nEvidencia de lesi\u00f3n externa en cabeza o cuello.<br \/>\nAntecedentes de trauma craneal o intervenci\u00f3n neuroquir\u00fargica.<br \/>\nMecanismos lesionales de alta energ\u00eda, como ca\u00eddas desde alturas superiores a la del paciente, accidentes con vuelco vehicular, atropellos o expulsi\u00f3n de ocupantes en accidentes de tr\u00e1nsito. (<sup>6<\/sup>)<\/p>\n<p>Asimismo, se ha demostrado que la combinaci\u00f3n de edad avanzada y tratamiento anticoagulante oral (ACO) es un factor de especial riesgo, relacionado con mayor incidencia de hemorragia intracraneal (HiC) y mortalidad, aunque la evidencia cl\u00ednica es heterog\u00e9nea en cuanto a magnitud y manejo (<sup>12<\/sup>). Algunas recomendaciones sugieren que todos los pacientes anticoagulados con TCE leve y TC inicial normal sean observados durante al menos 24 horas, con vigilancia estricta del nivel de consciencia y realizaci\u00f3n de una segunda TC antes del alta hospitalaria (<sup>7<\/sup>).<\/p>\n<p>No obstante, en ausencia de estos factores de riesgo, la probabilidad de una lesi\u00f3n intracraneal cl\u00ednicamente significativa es muy baja, por lo que no se justifica una intervenci\u00f3n quir\u00fargica urgente ni una evaluaci\u00f3n extendida en la mayor\u00eda de estos pacientes (<sup>1<\/sup>).<\/p>\n<p>En conjunto se evidencia que la evaluaci\u00f3n del TCE leve no puede basarse \u00fanicamente en escalas cl\u00ednicas como la GCS, sino que debe considerar un conjunto m\u00e1s amplio de variables individuales y del mecanismo del trauma, para evitar tanto la subestimaci\u00f3n del riesgo neurol\u00f3gico como el uso innecesario de recursos diagn\u00f3sticos y hospitalarios.<\/p>\n<h3>Limitaciones<\/h3>\n<p>En cuanto a las limitaciones en el abordaje del trauma craneoencef\u00e1lico resaltan los desaf\u00edos cl\u00ednicos, diagn\u00f3sticos y pron\u00f3sticos que enfrentan los profesionales de la salud al momento de atender esta patolog\u00eda, especialmente en su forma grave, que, aunque representa solo el 10% de los casos, es responsable de la mayor proporci\u00f3n de muertes, discapacidades permanentes y costos asociados a la atenci\u00f3n sanitaria (<sup>2<\/sup>).<\/p>\n<p>Entre las principales complicaciones que se presentan en el TCE grave se encuentra la hipertensi\u00f3n intracraneal (HIC), que constituye la principal causa de fallecimiento en estos pacientes. La HIC compromete el flujo sangu\u00edneo cerebral, favoreciendo la isquemia, la herniaci\u00f3n cerebral y el deterioro neurol\u00f3gico progresivo, lo que exige una intervenci\u00f3n temprana y monitoreo continuo.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos de diagn\u00f3stico, la tomograf\u00eda computarizada (TC) se establece como la herramienta de imagen de referencia para la identificaci\u00f3n de lesiones intracraneales agudas, como hematomas, hemorragias, contusiones y edema cerebral. No obstante, la exposici\u00f3n a altas dosis de radiaci\u00f3n representa un factor limitante, especialmente en casos de TCE leve, donde la mayor\u00eda de las veces no se identifican alteraciones significativas. Por esta raz\u00f3n, se insiste en que la solicitud de una TC est\u00e9 debidamente justificada, y que se utilicen t\u00e9cnicas que minimicen la dosis de radiaci\u00f3n sin comprometer la calidad diagn\u00f3stica (<sup>9<\/sup>).<\/p>\n<p>En los casos leves, si bien los efectos inmediatos pueden aparecer en las primeras horas tras el trauma, los s\u00edntomas m\u00e1ximos pueden demorar desde horas hasta incluso meses en manifestarse, lo que complica su seguimiento y tratamiento. Las alteraciones cognitivas y funcionales, como problemas en el tiempo de reacci\u00f3n, la atenci\u00f3n, la memoria y el procesamiento de informaci\u00f3n, son comunes, aunque en muchas ocasiones no se correlacionan con hallazgos estructurales en la TC. Esto supone una limitaci\u00f3n diagn\u00f3stica, ya que el paciente puede experimentar secuelas sin que existan im\u00e1genes visibles que las respalden (<sup>6<\/sup>).<\/p>\n<p>Por otro lado, las lesiones estructurales como las contusiones cerebrales, el hematoma subdural y el edema cerebral difuso son hallazgos que s\u00ed se correlacionan con mal pron\u00f3stico cl\u00ednico. De acuerdo con la evidencia cl\u00ednica, todos los fallecimientos en pacientes menores de 35 a\u00f1os por TCE suelen deberse a causas extraneurol\u00f3gicas (como lesiones tor\u00e1cicas o abdominales), mientras que, en personas mayores, las causas neurol\u00f3gicas son las m\u00e1s frecuentes. Esto sugiere una interacci\u00f3n entre la edad del paciente, el tipo de lesiones sufridas y su capacidad de recuperaci\u00f3n funcional (<sup>14<\/sup>).<\/p>\n<p>Otra limitaci\u00f3n relevante es la necesidad de realizar TC de control, incluso en pacientes con buen estado cl\u00ednico. La aparici\u00f3n de nuevas lesiones en la imagen de seguimiento es un indicador de mal pron\u00f3stico, lo que hace que se recomiende la repetici\u00f3n del estudio en las primeras 48 horas, especialmente en pacientes con TCE moderado, independientemente de la necesidad de tratamiento quir\u00fargico. Asimismo, se sugiere el ingreso en una unidad de cuidados intensivos (UCI) durante al menos 24 horas, para asegurar un monitoreo adecuado que permita detectar deterioros neurol\u00f3gicos tempranos.<\/p>\n<h3>Utilidad del diagn\u00f3stico y gu\u00edas actuales<\/h3>\n<p>Como se ha venido analizando levemente, se reconoce que en la actualidad la tomograf\u00eda computarizada (TC) craneal se ha consolidado como la herramienta diagn\u00f3stica de referencia, particularmente \u00fatil para identificar lesiones intracraneales que requieren intervenci\u00f3n quir\u00fargica inmediata en pacientes con TCE moderado o grave. No obstante, su uso indiscriminado en casos leves a\u00fan genera controversia (<sup>6<\/sup>).<\/p>\n<p>En lo que respecta al TCE leve (definido por una puntuaci\u00f3n de 13 a 15 en la Escala de Coma de Glasgow), no existe un consenso uniforme respecto a la necesidad de realizar TC en todos los casos, dado que la prevalencia de anomal\u00edas intracraneales en este grupo es baja y el riesgo de mortalidad es excepcional. Pese a ello, estudios demuestran que la tomograf\u00eda axial computarizada craneal (TACC) presenta una alta sensibilidad diagn\u00f3stica (95.4%), pero baja especificidad (48.9%), lo que implica un n\u00famero considerable de estudios que resultan negativos, con exposici\u00f3n innecesaria a radiaci\u00f3n (<sup>5,8<\/sup>).<\/p>\n<p>Para enfrentar esta limitaci\u00f3n, se han propuesto estrategias complementarias como la evaluaci\u00f3n de biomarcadores plasm\u00e1ticos, especialmente la Prote\u00edna \u00c1cida Fibrilar Glial (GFAP) y la Ubiquitina C-terminal Hidrolasa L1 (UCH-L1). Estos marcadores se han mostrado \u00fatiles en pacientes adultos con TCE leve dentro de las primeras 12 horas posteriores al evento, permitiendo predecir con mayor precisi\u00f3n la necesidad de realizar TC y, por tanto, contribuyendo a reducir su uso innecesario (<sup>6<\/sup>).<\/p>\n<p>La TACC es el est\u00e1ndar de oro en TCE porque proporciona una gran seguridad diagn\u00f3stica y revela una visi\u00f3n precisa de las estructuras cerebrales (<sup>5<\/sup>). Sin embargo, existen ciertos criterios para realizar tomograf\u00eda de cr\u00e1neo seg\u00fan la gu\u00eda de pr\u00e1ctica cl\u00ednica: (<sup>9<\/sup>)<\/p>\n<p>P\u00e9rdida de la consciencia con duraci\u00f3n de m\u00e1s de cinco minutos (presenciada).<br \/>\nAmnesia anter\u00f3grada o retr\u00f3grada que dure m\u00e1s de cinco minutos.<br \/>\nLetargia.<br \/>\nTres o m\u00e1s episodios de v\u00f3mito.<br \/>\nSospecha de cl\u00ednica de lesi\u00f3n no accidental.<br \/>\nConvulsiones postraum\u00e1ticas sin antecedentes de epilepsia.<br \/>\nEscala de coma de Glasgow menor de 15 para menores de un a\u00f1o y menor de 14 para los dem\u00e1s pacientes.<br \/>\nSospecha de lesi\u00f3n en cr\u00e1neo abierta o deprimida (fontanela tensa).<br \/>\nCualquier signo de fractura en la base del cr\u00e1neo (hemot\u00edmpano, \u00abojos de mapache\u00bb, fuga de l\u00edquido cefalorraqu\u00eddeo por nariz u o\u00eddos, signo de Battle).<br \/>\nD\u00e9ficit neurol\u00f3gico focal.<br \/>\nSi es menor de un a\u00f1o, presencia de hematoma, edema o laceraci\u00f3n de m\u00e1s de 5 cm en la cabeza.<br \/>\nMecanismo peligroso de da\u00f1o.<br \/>\nCoagulopat\u00eda.<\/p>\n<p>En cuanto al pron\u00f3stico neurol\u00f3gico, se ha observado que pacientes con puntuaciones de 11 y 12 en la escala de Glasgow tienen una mejor evoluci\u00f3n cl\u00ednica en comparaci\u00f3n con quienes presentan puntuaciones de 9 o 10, lo cual refuerza la importancia de una evaluaci\u00f3n neurol\u00f3gica rigurosa y continua (<sup>14<\/sup>).<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito de las recomendaciones internacionales, las Gu\u00edas Italianas, respaldadas por la European Federation of Neurological Societies (EFNS), son ampliamente utilizadas. Estas gu\u00edas clasifican a los pacientes por grupos de riesgo, pero presentan limitaciones al no definir indicadores cl\u00ednicos en la fase asintom\u00e1tica de hipertensi\u00f3n intracraneal, ni establecer dosis terap\u00e9uticas \u00f3ptimas. Tampoco aclaran el manejo de pacientes anticoagulados con INR supraterap\u00e9utico, especialmente si est\u00e1n asintom\u00e1ticos y sin hallazgos radiol\u00f3gicos. No contemplan adem\u00e1s indicadores como la presi\u00f3n intracraneal monitorizada (CCP), lo que evidencia la necesidad de enfoques m\u00e1s integradores y multidisciplinarios (<sup>12<\/sup>).<\/p>\n<p>Desde el enfoque pedi\u00e1trico, las gu\u00edas de pr\u00e1ctica cl\u00ednica actualizadas en 2017 reconocen al TCE como el trauma m\u00e1s frecuente en la infancia, representando el 6% de los accidentes infantiles (<sup>10<\/sup>). Un estudio realizado en 2013 evidenci\u00f3 que los lactantes con TCE leve tienen una baja prevalencia de lesiones intracraneales (LIC), incluso en presencia de fractura craneal. Por ello, se actualiz\u00f3 el protocolo institucional, reemplazando el uso rutinario de radiograf\u00edas craneales por la observaci\u00f3n cl\u00ednica hospitalaria y la realizaci\u00f3n de TC solo en caso de empeoramiento cl\u00ednico, aline\u00e1ndose con las tendencias internacionales que desaconsejan la radiograf\u00eda como herramienta de primera l\u00ednea (<sup>13<\/sup>).<\/p>\n<h3>Tomograf\u00eda craneal<\/h3>\n<p>Se ha hablado ya anteriormente sobre este est\u00e1ndar para analizar el TCE, sin embargo, es clave identificar a fondo sus caracter\u00edsticas, ventajas y desventajas.<\/p>\n<p>La tomograf\u00eda craneal, tambi\u00e9n conocida como tomograf\u00eda computarizada (TC) del cr\u00e1neo, se ha consolidado como una de las herramientas diagn\u00f3sticas m\u00e1s importantes y utilizadas en la evaluaci\u00f3n del traumatismo craneoencef\u00e1lico (TCE), debido a su alta sensibilidad para detectar lesiones intracraneales agudas. Aunque ya se ha abordado su papel como \u00abest\u00e1ndar de oro\u00bb en el diagn\u00f3stico del TCE, es esencial comprender en profundidad sus caracter\u00edsticas t\u00e9cnicas, beneficios cl\u00ednicos, as\u00ed como sus limitaciones y riesgos.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista t\u00e9cnico, la TC es una modalidad de imagen que utiliza rayos X y se basa en la atenuaci\u00f3n diferencial de estos al atravesar distintas estructuras anat\u00f3micas. Esto permite generar im\u00e1genes detalladas del cerebro y estructuras circundantes, permitiendo la detecci\u00f3n de fracturas, hemorragias, edemas, contusiones y otras alteraciones intracraneales (<sup>3<\/sup>). Esta tecnolog\u00eda revolucion\u00f3 la medicina en la d\u00e9cada de 1970, marcando un antes y un despu\u00e9s en la capacidad de diagnosticar lesiones no visibles mediante radiograf\u00edas simples. En sus inicios, su uso estaba restringido debido al alto costo y baja disponibilidad, pero hoy es un estudio ampliamente accesible en la mayor\u00eda de servicios de urgencias (<sup>1<\/sup>).<\/p>\n<p>Entre sus ventajas principales, la tomograf\u00eda computarizada supera a otras t\u00e9cnicas como los rayos X simples gracias a su capacidad para generar im\u00e1genes en m\u00faltiples planos y utilizar herramientas de postprocesamiento como la reconstrucci\u00f3n multiplanar (MPR), el volumen rendering y las proyecciones de m\u00e1xima intensidad (MIP). Estas t\u00e9cnicas permiten obtener una visualizaci\u00f3n m\u00e1s precisa y tridimensional de las lesiones, lo que resulta clave en el contexto del TCE (<sup>3<\/sup>).<\/p>\n<p>No obstante, este recurso diagn\u00f3stico tambi\u00e9n conlleva riesgos importantes, sobre todo relacionados con la exposici\u00f3n a la radiaci\u00f3n ionizante. Seg\u00fan estimaciones de la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud, la exposici\u00f3n acumulada a dosis de 10 mSv, com\u00fan en estudios como la TC, puede incrementar el riesgo de desarrollar c\u00e1ncer, especialmente en mujeres y personas j\u00f3venes, lo que ha motivado un replanteamiento sobre el uso excesivo de esta herramienta (<sup>9<\/sup>). En EE. UU., solo en el a\u00f1o 2000, se realizaron m\u00e1s de 62 millones de tomograf\u00edas, lo que evidencia un uso muchas veces indiscriminado, incluso en traumatismos leves donde la indicaci\u00f3n es debatida (<sup>10<\/sup>).<\/p>\n<p>Desde el punto de vista cl\u00ednico, la TC permite clasificar las lesiones traum\u00e1ticas en funci\u00f3n de sus caracter\u00edsticas anat\u00f3micas, cl\u00ednicas y pron\u00f3sticas. Se han identificado nueve patrones patol\u00f3gicos en el TCE moderado, los cuales est\u00e1n asociados a distintos comportamientos de la presi\u00f3n intracraneal (PIC) y pron\u00f3sticos. Los hematomas extraxiales puros tienden a tener un buen pron\u00f3stico, mientras que la lesi\u00f3n axonal difusa con edema cerebral y las contusiones m\u00faltiples bilaterales est\u00e1n vinculadas a una evoluci\u00f3n cl\u00ednica m\u00e1s desfavorable. Es en estos casos donde la TC se convierte en una herramienta de alto valor predictivo, especialmente cuando se combina con escalas como la de Rimel y, parcialmente, la Escala de Glasgow, que, si bien se correlaciona con la gravedad en TCE severo, resulta menos predictiva en casos moderados (<sup>14<\/sup>).<\/p>\n<p>La demograf\u00eda de los pacientes tambi\u00e9n influye en el manejo cl\u00ednico y uso de la TC. En particular, se ha observado un incremento en la atenci\u00f3n del TCE en personas mayores de 65 a\u00f1os, debido a factores como el aumento de la esperanza de vida y mejoras en la atenci\u00f3n prehospitalaria. Este grupo representa un reto, dado que pueden presentar s\u00edntomas at\u00edpicos o lesiones subyacentes m\u00e1s severas con traumatismos aparentemente leves (<sup>4<\/sup>).<\/p>\n<p>Frente a estos retos algunos centros hospitalarios han comenzado a implementar protocolos actualizados que reemplaza las radiograf\u00edas craneales rutinarias en menores de 2 a\u00f1os por una observaci\u00f3n cl\u00ednica estrecha y uso selectivo de la TC solo en caso de deterioro cl\u00ednico (<sup>13<\/sup>). Esta medida ha permitido disminuir la exposici\u00f3n innecesaria a radiaci\u00f3n en la infancia, una poblaci\u00f3n particularmente vulnerable a los efectos adversos a largo plazo.<\/p>\n<h3>Abordaje y tratamiento<\/h3>\n<p>A medida que aumenta la sensibilidad por detectar tempranamente lesiones intracraneales agudas (LIA), tambi\u00e9n se ha incrementado de forma notable la solicitud de tomograf\u00edas computarizadas (TC), muchas veces sin una indicaci\u00f3n clara o basada en criterios cl\u00ednicos objetivos. Esta situaci\u00f3n ha dado pie a un uso indiscriminado del recurso, con implicaciones directas sobre la salud p\u00fablica, el bienestar del paciente y los costos sanitarios.<\/p>\n<p>Uno de los factores que ha contribuido a esta tendencia es la falta de herramientas neurocognitivas inmediatas y accesibles que permitan valorar con precisi\u00f3n el estado del paciente tras un TCE leve. Dado que la mayor\u00eda de estas lesiones no cursan con signos neurol\u00f3gicos evidentes, y que algunos s\u00edntomas pueden ser inespec\u00edficos o retrasados, los profesionales de salud suelen optar por la TC como medio para \u00abdescartar\u00bb patolog\u00edas graves (<sup>6<\/sup>). Sin embargo, esto ha generado una escalada en el n\u00famero de estudios solicitados, muchos de ellos en pacientes con un riesgo cl\u00ednico bajo, lo que se traduce en una sobreexposici\u00f3n innecesaria a radiaci\u00f3n y un aumento en la detecci\u00f3n de lesiones m\u00ednimas, que no ameritan intervenci\u00f3n ni seguimiento espec\u00edfico (<sup>4<\/sup>).<\/p>\n<p>En este contexto, es importante destacar que no todo paciente con TCE leve debe someterse a una TC craneal. De hecho, la recomendaci\u00f3n general es reservar este estudio para aquellos casos que presenten factores de riesgo espec\u00edficos, como alteraciones del nivel de conciencia, signos neurol\u00f3gicos focales, v\u00f3mitos persistentes, convulsiones postraum\u00e1ticas, edad avanzada, uso de anticoagulantes, o mecanismos de trauma de alta energ\u00eda (<sup>15<\/sup>). Ignorar estos criterios puede llevar a un uso inapropiado de la imagenolog\u00eda, aumentando los riesgos sin obtener beneficios cl\u00ednicos reales.<\/p>\n<p>En la poblaci\u00f3n pedi\u00e1trica y en menores de 22 a\u00f1os, la situaci\u00f3n adquiere una dimensi\u00f3n a\u00fan m\u00e1s sensible. La exposici\u00f3n a radiaciones ionizantes por medio de la TC implica un riesgo estad\u00edsticamente significativo de desarrollar malignidades a largo plazo, debido a la elevada tasa de replicaci\u00f3n celular y la mayor expectativa de vida, que amplifica el tiempo de latencia para manifestaciones oncol\u00f3gicas. Las cifras oscilan entre 1 en 5000 hasta 1 en 100 estudios como riesgo atribuible a la exposici\u00f3n, lo que refuerza la necesidad de limitar estos procedimientos a casos estrictamente necesarios (<sup>10<\/sup>).<\/p>\n<p>Frente a este panorama, algunas estrategias de manejo cl\u00ednico han cobrado fuerza. Una de ellas es la observaci\u00f3n cl\u00ednica en sala de emergencias, especialmente en pacientes pedi\u00e1tricos o adultos j\u00f3venes sin signos neurol\u00f3gicos ni factores de riesgo evidentes. La vigilancia m\u00e9dica activa durante un periodo de 4 a 6 horas permite identificar cualquier signo de deterioro que justifique posteriormente la realizaci\u00f3n de una TC, disminuyendo as\u00ed el n\u00famero de estudios innecesarios (<sup>5<\/sup>). Adem\u00e1s, este tipo de manejo debe ir acompa\u00f1ado de una comunicaci\u00f3n clara y emp\u00e1tica con la familia del paciente, explicando los riesgos y beneficios de cada decisi\u00f3n, y asegurando una participaci\u00f3n informada en el proceso terap\u00e9utico.<\/p>\n<p>El uso racional de la tomograf\u00eda en el TCE leve no solo promueve una medicina m\u00e1s segura y eficiente, sino que tambi\u00e9n representa un compromiso \u00e9tico con la salud p\u00fablica, al evitar exposiciones innecesarias y reducir el gasto sanitario derivado de pr\u00e1cticas diagn\u00f3sticas de escaso valor. El reto actual consiste en fortalecer la capacidad cl\u00ednica del personal m\u00e9dico, consolidar protocolos basados en la evidencia y reforzar la educaci\u00f3n sanitaria tanto en pacientes como en profesionales.<\/p>\n<h3>Opciones actuales<\/h3>\n<h4>Uso de neuroimagen avanzada (Resonancia Magn\u00e9tica)<\/h4>\n<p>La Resonancia Magn\u00e9tica (RM) representa una herramienta altamente sensible, especialmente \u00fatil en la detecci\u00f3n de lesiones por cizallamiento o axonales, las cuales son t\u00edpicamente subdiagnosticadas por la TC. Estudios han demostrado que la RM puede ser entre un 25% y un 30% m\u00e1s sensible que la TC para identificar este tipo de lesiones, lo que la convierte en una alternativa importante en casos donde persisten s\u00edntomas como cefalea, alteraciones cognitivas o trastornos afectivos a largo plazo (<sup>15<\/sup>).<\/p>\n<p>Por otra parte, modalidades m\u00e1s especializadas como la resonancia magn\u00e9tica funcional y la tomograf\u00eda por emisi\u00f3n de positrones (SPECT) han ganado relevancia para evaluar las consecuencias funcionales del trauma leve. Estas t\u00e9cnicas permiten observar alteraciones en la actividad cerebral, incluso en ausencia de da\u00f1o estructural visible en estudios convencionales. Por ejemplo, en deportistas de alto impacto, como jugadores de f\u00fatbol americano, se ha identificado un aumento de activaci\u00f3n en \u00e1reas motoras, parietales y cerebelosas tras una conmoci\u00f3n cerebral, lo que refleja una reorganizaci\u00f3n funcional del cerebro en la fase postraum\u00e1tica inmediata (<sup>15<\/sup>). Estas t\u00e9cnicas no son de uso rutinario, pero ofrecen un valor significativo en el seguimiento de pacientes con quejas persistentes de origen neurol\u00f3gico o psiqui\u00e1trico, m\u00e1s all\u00e1 del a\u00f1o post lesi\u00f3n.<\/p>\n<h4>Algoritmos PECARN<\/h4>\n<p>En el \u00e1mbito pedi\u00e1trico, la introducci\u00f3n de algoritmos como PECARN (Pediatric Emergency Care Applied Research Network) ha significado un avance crucial para reducir la exposici\u00f3n a radiaci\u00f3n en ni\u00f1os con TCE leve. Desarrollado en 2009, este sistema de predicci\u00f3n cl\u00ednica se basa en estudios multic\u00e9ntricos y evidencia estad\u00edstica que ha demostrado su eficacia en la identificaci\u00f3n de pacientes con riesgo cl\u00ednico muy bajo de lesi\u00f3n cerebral significativa, evitando as\u00ed la realizaci\u00f3n innecesaria de TAC craneal (<sup>10<\/sup>).<\/p>\n<p>El algoritmo de PECARN clasifica a los pacientes pedi\u00e1tricos en tres categor\u00edas de riesgo:<\/p>\n<p>Riesgo bajo: Pacientes que no presentan ninguna de las variables de riesgo consideradas. La probabilidad de lesi\u00f3n cerebral en estos casos es menor al 0.02% en menores de 2 a\u00f1os y menor al 0.05% en mayores de 2 a\u00f1os. En estos casos, no se justifica la realizaci\u00f3n de TAC, lo cual contribuye a proteger al paciente pedi\u00e1trico de radiaci\u00f3n innecesaria.<\/p>\n<p>Riesgo intermedio: Incluye a pacientes que presentan signos como hematomas en regiones espec\u00edficas del cr\u00e1neo, p\u00e9rdida de conciencia breve, mecanismo de trauma severo o comportamiento alterado percibido por los cuidadores. Con un riesgo estimado de lesi\u00f3n cerebral del 0.8%, la decisi\u00f3n de realizar una TAC puede basarse en la observaci\u00f3n cl\u00ednica, experiencia m\u00e9dica, y la preferencia de los padres, particularmente en ni\u00f1os menores de 3 meses donde la evaluaci\u00f3n cl\u00ednica puede ser menos precisa.<\/p>\n<p>Riesgo alto: Este grupo, con un riesgo de lesi\u00f3n cerebral de aproximadamente 4.4%, incluye a ni\u00f1os con alteraciones evidentes como un ECG de 14 puntos, estado mental anormal o fractura craneal palpable. En estos casos, la realizaci\u00f3n de una TAC est\u00e1 claramente indicada para descartar lesiones potencialmente graves y guiar el tratamiento de manera oportuna.<\/p>\n<p>De esta forma, tanto el uso de neuroimagen avanzada como la aplicaci\u00f3n de algoritmos cl\u00ednicos como PECARN representan estrategias modernas y centradas en el paciente para un manejo m\u00e1s racional y seguro del TCE, reduciendo riesgos y optimizando recursos. Estas herramientas permiten un equilibrio entre la detecci\u00f3n precoz de complicaciones y la minimizaci\u00f3n del da\u00f1o potencial por procedimientos innecesarios, y deben ser aplicadas con criterio cl\u00ednico, conocimiento actualizado y sensibilidad ante cada contexto individual.<\/p>\n<h2>Discusi\u00f3n<\/h2>\n<p>El an\u00e1lisis realizado permite evidenciar una preocupante tendencia hacia la utilizaci\u00f3n excesiva de la tomograf\u00eda axial computarizada de cr\u00e1neo (TACC) en pacientes con traumatismo craneoencef\u00e1lico (TCE) no severo, especialmente en contextos de urgencias hospitalarias. Como se determin\u00f3 en un estudio, el 38% de los pacientes con TCE leve fue sometido a TACC, pero \u00fanicamente el 8.6% present\u00f3 alguna alteraci\u00f3n en la imagen, lo cual pone en evidencia una relaci\u00f3n desproporcionada entre la realizaci\u00f3n del estudio y la detecci\u00f3n de hallazgos cl\u00ednicamente relevantes. Este dato se vuelve a\u00fan m\u00e1s significativo cuando se considera que la mayor\u00eda de estos pacientes presentaban una puntuaci\u00f3n de 15 en la Escala de Coma de Glasgow (ECG), lo que indica una funci\u00f3n neurol\u00f3gica normal (<sup>5<\/sup>).<\/p>\n<p>Este uso extendido, y en muchos casos innecesario, de la tomograf\u00eda, no solo implica riesgos cl\u00ednicos derivados de la exposici\u00f3n a radiaci\u00f3n ionizante, sino tambi\u00e9n un aumento significativo en los costos para el sistema de salud y un uso ineficiente de los recursos tecnol\u00f3gicos disponibles. Tal como se ha analizado en secciones previas, este fen\u00f3meno se ha intensificado en las \u00faltimas d\u00e9cadas, en parte por la disponibilidad generalizada de tom\u00f3grafos, la ausencia de herramientas objetivas para evaluar el estado neurocognitivo de forma r\u00e1pida y confiable (<sup>6<\/sup>), as\u00ed como por la necesidad de dar una respuesta diagn\u00f3stica que brinde seguridad a los familiares de los pacientes, especialmente en el caso pedi\u00e1trico (<sup>5<\/sup>).<\/p>\n<p>En este contexto, se ha destacado que, si bien la tomograf\u00eda es el estudio de elecci\u00f3n para valorar lesiones intracraneales agudas en TCE, su aplicaci\u00f3n debe seguir criterios cl\u00ednicos estrictos, evitando el uso liberal en casos donde no hay evidencia de deterioro neurol\u00f3gico o mecanismos de trauma severo. Por ejemplo, la poblaci\u00f3n pedi\u00e1trica se encuentra en especial riesgo, ya que la exposici\u00f3n a radiaci\u00f3n en edades tempranas puede aumentar significativamente la probabilidad de desarrollar neoplasias en el futuro. (<sup>1,10<\/sup>)<\/p>\n<p>En contraste con esta pr\u00e1ctica com\u00fan, se han desarrollado alternativas diagn\u00f3sticas y protocolos cl\u00ednicos que permiten mejorar el abordaje del TCE sin recurrir autom\u00e1ticamente a estudios de imagen. Un ejemplo claro es el algoritmo PECARN, dise\u00f1ado para estratificar el riesgo en pacientes pedi\u00e1tricos y as\u00ed determinar de forma m\u00e1s precisa cu\u00e1ndo es necesaria la realizaci\u00f3n de TACC. Esta herramienta ha demostrado ser eficaz en la reducci\u00f3n de estudios innecesarios, al establecer tres niveles de riesgo (bajo, intermedio y alto) en funci\u00f3n de variables cl\u00ednicas espec\u00edficas (<sup>10<\/sup>). Adem\u00e1s, permite al personal m\u00e9dico adoptar una actitud m\u00e1s prudente y basada en evidencia al decidir si se debe observar al paciente, realizar im\u00e1genes o simplemente tranquilizar a la familia con una evaluaci\u00f3n cl\u00ednica cuidadosa.<\/p>\n<p>Por otro lado, las t\u00e9cnicas de neuroimagen avanzada, como la resonancia magn\u00e9tica (RM) y modalidades funcionales como la tomograf\u00eda por emisi\u00f3n de positrones (SPECT), han demostrado una mayor sensibilidad en la detecci\u00f3n de lesiones sutiles, particularmente en casos de trauma leve con s\u00edntomas persistentes. Si bien su uso no est\u00e1 extendido como herramienta de primera l\u00ednea, pueden ofrecer una valiosa opci\u00f3n diagn\u00f3stica complementaria en pacientes con quejas som\u00e1ticas o cognitivas prolongadas, permitiendo estudiar de forma m\u00e1s profunda la funcionalidad cerebral afectada (<sup>15<\/sup>).<\/p>\n<p>Finalmente, debe resaltarse la importancia de establecer protocolos institucionales que regulen el uso de TACC. As\u00ed que el establecimiento de nuevos protocolos ha permitido reducir considerablemente la exposici\u00f3n a radiaci\u00f3n, eliminando estudios innecesarios como las radiograf\u00edas de cr\u00e1neo y limitando las tomograf\u00edas \u00fanicamente a los casos estrictamente necesarios (<sup>13<\/sup>).<\/p>\n<h2>Conclusiones<\/h2>\n<p>En s\u00edntesis, se ha determinado en este estudio que la tomograf\u00eda craneal en pacientes con traumatismo craneoencef\u00e1lico leve a moderado ha revelado que, a pesar de la alta disponibilidad de esta herramienta diagn\u00f3stica su aplicaci\u00f3n excesiva genera riesgos innecesarios tanto para el paciente como para el sistema de salud. Si bien la tomograf\u00eda es indispensable para la evaluaci\u00f3n de lesiones intracraneales agudas, especialmente en casos de TCE severo, su uso rutinario en casos de TCE leve no siempre est\u00e1 justificado. De hecho, los datos obtenidos demuestran que un porcentaje significativo de pacientes con TCE leve no presentan alteraciones importantes en los estudios de imagen, lo que subraya la necesidad de una evaluaci\u00f3n cl\u00ednica m\u00e1s detallada y de menor exposici\u00f3n a la radiaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, se ha evidenciado que la sobreutilizaci\u00f3n de la TACC conlleva no solo riesgos relacionados con la radiaci\u00f3n, especialmente en poblaci\u00f3n pedi\u00e1trica, sino tambi\u00e9n un aumento innecesario de los costos en los servicios de salud. En este sentido, se resalta la importancia de evitar la realizaci\u00f3n de estudios de imagen innecesarios, bas\u00e1ndose en criterios cl\u00ednicos m\u00e1s rigurosos, que puedan guiar la toma de decisiones en cuanto a la necesidad de realizar una tomograf\u00eda. El algoritmo PECARN se presenta como una excelente herramienta para la estratificaci\u00f3n del riesgo en ni\u00f1os, ayudando a identificar a aquellos pacientes que realmente requieren una TACC, y evitando la exposici\u00f3n innecesaria a radiaci\u00f3n en aquellos con bajo riesgo.<\/p>\n<p>Por otro lado, la incorporaci\u00f3n de neuroimagen avanzada, como la resonancia magn\u00e9tica y la tomograf\u00eda por emisi\u00f3n de positrones (SPECT), ha demostrado una mayor capacidad para detectar lesiones cerebrales sutiles, especialmente en pacientes con s\u00edntomas persistentes, ofreciendo una alternativa diagn\u00f3stica que podr\u00eda complementar o incluso sustituir la TACC en ciertos casos. Sin embargo, la disponibilidad y el costo de estas tecnolog\u00edas siguen siendo limitantes en muchos entornos cl\u00ednicos.<\/p>\n<p>Finalmente, los avances en los protocolos de radioprotecci\u00f3n, como la implementaci\u00f3n de nuevas gu\u00edas en los hospitales, han permitido reducir de manera significativa la exposici\u00f3n innecesaria a la radiaci\u00f3n, favoreciendo la realizaci\u00f3n de estudios solo cuando cl\u00ednicamente se justifiquen. Es imperativo seguir promoviendo estos protocolos y fortalecer la educaci\u00f3n continua del personal m\u00e9dico, con el fin de optimizar la atenci\u00f3n al paciente y mejorar los resultados cl\u00ednicos sin poner en riesgo su salud a largo plazo.<\/p>\n<h2>Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/h2>\n<p>1. Moreira Milanesi E, Vidal Suarez J, Taborda Tafernaberry A, NakleBuschiazzo E, Vaucher Rivero A, Cidade Pereira L. Tomograf\u00eda computarizada de cr\u00e1neo en traumatismo craneoencef\u00e1lico leve, \u00bfson estas necesarias en todos los casos? Rev Uruguaya Med Interna. 2021;6(1):34-44.<br \/>\n2. Islas \u00c1vila RE, Coria Ladr\u00f3n de Guevara VL, Montelongo FDJ, Reyes P\u00e9rez MM, Carmona Dom\u00ednguez A, Su\u00e1rez Su\u00e1rez A. Medici\u00f3n del di\u00e1metro de la vaina del nervio \u00f3ptico por ultrasonograf\u00eda versus tomograf\u00eda simple de cr\u00e1neo en pacientes con trauma craneoencef\u00e1lico. MedCrit (Colegio Mexicano de Medicina Cr\u00edtica). 2020;34(4):221-30.<br \/>\n3. Gal\u00e1n Arias ME, Rodas Cantos MJ. Incidencia de traumatismo craneoencef\u00e1lico diagnosticado por tomograf\u00eda computarizada en el Hospital Jos\u00e9 Carrasco Arteaga en el periodo enero 2020-junio 20202023 [tesis]. Cuenca: Universidad de Cuenca; 2021.<br \/>\n4. Freire-Arag\u00f3n MD, Rodr\u00edguez-Rodr\u00edguez A, Egea-Guerrero JJ. 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Definici\u00f3n y manejo inicial del trauma craneoencef\u00e1lico leve. RevCienc Salud Integrando Conocimientos. 2021;5(5):57-64.<\/p>\n<p><strong>Declaraci\u00f3n de buenas pr\u00e1cticas:<\/strong><br \/>\nLos autores de este manuscrito declaran que:<br \/>\nTodos ellos han participado en su elaboraci\u00f3n y no tienen conflictos de intereses<br \/>\nLa investigaci\u00f3n se ha realizado siguiendo las Pautas \u00e9ticas internacionales para la investigaci\u00f3n relacionada con la salud con seres humanos elaboradas por el Consejo de Organizaciones Internacionales de las Ciencias M\u00e9dicas (CIOMS) en colaboraci\u00f3n con la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud (OMS).<br \/>\nEl manuscrito es original y no contiene plagio.<br \/>\nEl manuscrito no ha sido publicado en ning\u00fan medio y no est\u00e1 en proceso de revisi\u00f3n en otra revista.<br \/>\nHan obtenido los permisos necesarios para las im\u00e1genes y gr\u00e1ficos utilizados.<br \/>\nHan preservado las identidades de los pacientes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Valor diagn\u00f3stico y pron\u00f3stico de la tomograf\u00eda craneal en el trauma craneoencef\u00e1lico leve a moderado: utilidad, limitaciones y gu\u00edas actuales Autor principal: Michael Andr\u00e9s Rosales Chaves Vol. XX; n\u00ba 11; 641<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[160,195],"tags":[],"class_list":["post-81565","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-neurocirugia","category-radiodiagnostico-radioterapia","no-featured-image-padding"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.6 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Valor diagn\u00f3stico y pron\u00f3stico de la tomograf\u00eda craneal en el trauma craneoencef\u00e1lico leve a moderado: 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