{"id":81877,"date":"2025-06-27T18:13:05","date_gmt":"2025-06-27T16:13:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revista-portalesmedicos.com\/revista-medica\/?p=81877"},"modified":"2025-06-25T10:03:00","modified_gmt":"2025-06-25T08:03:00","slug":"lesiones-en-extremidades-una-serie-de-fracturas-que-pueden-pasarse-por-alto-en-radiografias-simples","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revista-portalesmedicos.com\/revista-medica\/lesiones-en-extremidades-una-serie-de-fracturas-que-pueden-pasarse-por-alto-en-radiografias-simples\/","title":{"rendered":"Lesiones en Extremidades: Una Serie de Fracturas que pueden Pasarse por Alto en Radiograf\u00edas Simples"},"content":{"rendered":"<p><strong>Lesiones en Extremidades: Una Serie de Fracturas que pueden Pasarse por Alto en Radiograf\u00edas Simples<\/strong><\/p>\n<p><strong>Autor principal:<\/strong> Kevin Naranjo Chaves<\/p>\n<p>Vol. XX; n\u00ba 12; 756<!--more--><\/p>\n<p><strong>Limb Injuries: A Series of Fractures That May Be Overlooked on Plain Radiographs<\/strong><\/p>\n<p><strong>Fecha de recepci\u00f3n:<\/strong> 21 de mayo de 2025<br \/>\n<strong>Fecha de aceptaci\u00f3n:<\/strong> 25 de junio de 2025<\/p>\n<p><strong>Incluido en Revista Electr\u00f3nica de PortalesMedicos.com, Volumen XX. N\u00famero 12 \u2013 Segunda quincena de Junio de 2025 \u2013 P\u00e1gina inicial: Vol. XX; n\u00ba 12; 756<\/strong><\/p>\n<h2>Autores:<\/h2>\n<p>Kevin Naranjo Chaves, M\u00e9dico General, Investigador independiente, San Jos\u00e9, Costa Rica<br \/>\nMar\u00eda Fabiola Azofeifa Zumbado, M\u00e9dica General, Paradise Medical, Liberia, Costa Rica<\/p>\n<h2>Resumen:<\/h2>\n<p>Este art\u00edculo ofrece una revisi\u00f3n de la literatura sobre fracturas en las extremidades que con frecuencia pasan desapercibidas en las radiograf\u00edas simples y que, por lo tanto, representan un desaf\u00edo diagn\u00f3stico significativo. Las fracturas analizadas incluyen lesiones de Lisfranc, astr\u00e1galo, quinto metatarsiano, c\u00e1lcaneo, escafoides, cabeza del radio y ganchoso. La revisi\u00f3n comienza con una breve descripci\u00f3n anat\u00f3mica destinada a proporcionar contexto para comprender los mecanismos de trauma subyacentes. A continuaci\u00f3n, se presenta un an\u00e1lisis detallado de la presentaci\u00f3n cl\u00ednica de cada tipo de fractura, incluyendo maniobras espec\u00edficas de exploraci\u00f3n f\u00edsica que se consideran fundamentales para un diagn\u00f3stico preciso. Adem\u00e1s, el art\u00edculo enfatiza la importancia de una evaluaci\u00f3n minuciosa de los estudios por im\u00e1genes, ofreciendo recomendaciones para mejorar la precisi\u00f3n diagn\u00f3stica. Finalmente, se describen las estrategias terap\u00e9uticas en t\u00e9rminos generales, disponibles para cada una de estas fracturas, considerando tanto enfoques conservadores como quir\u00fargicos, dependiendo de la gravedad y las caracter\u00edsticas de la lesi\u00f3n.<\/p>\n<h2>Palabras clave:<\/h2>\n<p>fractura, Lisfranc, cabeza del radio, quinto metatarso, calc\u00e1neo, ganchoso, escafoides, navicular.<\/p>\n<h2>Abstract:<\/h2>\n<p>This article provides a review of the literature on extremity fractures that are frequently overlooked on plain radiographs and therefore present a significant diagnostic challenge. The fractures discussed include Lisfranc injuries, talus bone, fifth metatarsal, calcaneal, scaphoid, radial head fractures, hamate. The review begins with a concise anatomical overview intended to provide context for understanding the underlying trauma mechanisms. This is followed by a detailed discussion of the clinical presentation of each fracture type, including specific physical examination maneuvers that are considered essential for accurate diagnosis. Additionally, the article emphasizes the importance of a meticulous evaluation of imaging studies, offering recommendations for improving diagnostic accuracy. Finally, the therapeutic strategies available for each of these fractures are described in general terms, considering both conservative and surgical approaches, depending on the severity and characteristics of the injury.<\/p>\n<h2>Keywords:<\/h2>\n<p>fracture, Lisfranc, radial head, fifth metatarsal, calcaneus, hamate, scaphoid, navicular.<\/p>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p>La detecci\u00f3n temprana de fracturas en las extremidades es crucial para garantizar un tratamiento adecuado y prevenir complicaciones a largo plazo. No obstante, existen diversos tipos de fracturas que, pese a presentar s\u00edntomas cl\u00ednicos evidentes, pueden no visualizarse en las radiograf\u00edas iniciales. Esta situaci\u00f3n constituye un reto diagn\u00f3stico significativo para los profesionales de la salud, dado que el retraso en su identificaci\u00f3n y manejo puede derivar en secuelas funcionales graves, tales como pseudoartrosis, necrosis avascular y restricci\u00f3n del rango de movimiento.<\/p>\n<p>Ejemplos de fracturas que pueden pasar desapercibidas en los estudios radiogr\u00e1ficos se encuentran las del escafoides, la cabeza del radio, el cuello femoral, el hueso ganchoso y las fracturas por estr\u00e9s, entre otras. Por ello, es fundamental comprender las caracter\u00edsticas cl\u00ednicas y radiol\u00f3gicas espec\u00edficas de estas lesiones, as\u00ed como dominar las t\u00e9cnicas de imagen complementarias, a fin de mejorar el diagn\u00f3stico y optimizar el pron\u00f3stico de los pacientes. A continuaci\u00f3n, se presenta una serie de lesiones \u00f3seas en extremidades que pueden pasarse por alto; dividido en: introducci\u00f3n y contexto, anatom\u00eda, mecanismo de trauma, cl\u00ednica, im\u00e1genes y tratamiento.<\/p>\n<h2>Lisfranc<\/h2>\n<p>Las lesiones en la regi\u00f3n tarsometatarsiana constituyen una entidad cl\u00ednica poco frecuente, con una incidencia estimada del 0.2 % entre todas las fracturas. Cuando ocurren, suelen estar asociadas a fracturas de los huesos del tarso y los metatarsianos<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00ablesi\u00f3n de Lisfranc\u00bb se origin\u00f3 durante las Guerras Napole\u00f3nicas, cuando el ginec\u00f3logo franc\u00e9s Jacques Lisfranc trat\u00f3 a un soldado cuya pierna qued\u00f3 atrapada en el estribo de un caballo tras una ca\u00edda. El paciente desarroll\u00f3 un edema severo que progres\u00f3 a gangrena, lo que oblig\u00f3 a Lisfranc a realizar una amputaci\u00f3n a nivel de la articulaci\u00f3n tarsometatarsiana. Desde entonces, esta denominaci\u00f3n hace referencia a la disrupci\u00f3n entre la cu\u00f1a medial y la base del segundo metatarsiano<sup>2<\/sup>.<\/p>\n<p>Este tipo de lesi\u00f3n abarca un amplio espectro de presentaciones, que va desde disrupciones articulares sutiles \u2014detectables \u00fanicamente mediante estudios de imagen especializados\u2014 hasta fracturas conminutas y desplazadas. Se estima que cerca del 20% de los casos no se diagnostican de forma oportuna<sup>2<\/sup>.<\/p>\n<h3>Anatom\u00eda<\/h3>\n<p>La regi\u00f3n de Lisfranc est\u00e1 conformada por la articulaci\u00f3n entre los tres huesos cuneiformes y los tres primeros metatarsianos, as\u00ed como por la articulaci\u00f3n entre el cuboides y los cuartos y quintos metatarsianos. En t\u00e9rminos generales, esta zona puede dividirse en tres columnas principales<sup>1<\/sup>:<\/p>\n<p>Columna medial: formada por la articulaci\u00f3n entre el primer metatarsiano y la primera cu\u00f1a<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>Columna intermedia: incluye la articulaci\u00f3n del segundo y tercer metatarsianos con la segunda y tercera cu\u00f1a<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>Columna lateral: constituida por la articulaci\u00f3n entre el cuarto y quinto metatarsianos con el hueso cuboides<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>La columna intermedia es particularmente vulnerable a lesiones debido a la menor profundidad de su concavidad. En conjunto, las bases de los metatarsianos y los huesos cuneiformes forman una estructura en arco, en la cual la articulaci\u00f3n entre la cu\u00f1a intermedia y el segundo metatarsiano representa un punto clave de estabilidad. Esta configuraci\u00f3n evita desplazamientos en los planos medial, lateral y plantar<sup>1,2<\/sup>.<\/p>\n<p>El ligamento de Lisfranc se refiere espec\u00edficamente al que conecta la base del cuneiforme medial con la superficie plantar del segundo metatarsiano. Este ligamento desempe\u00f1a un papel esencial en la estabilidad del segundo metatarsiano, ya que vincula las columnas medial e intermedia, ayudando a preservar la integridad del arco del mediopi\u00e9 y limitando el movimiento excesivo. Por lo tanto, las lesiones en esta regi\u00f3n pueden involucrar estructuras \u00f3seas, ligamentosas o una combinaci\u00f3n de ambas<sup>2<\/sup>.<\/p>\n<h3>Mecanismo de trauma<\/h3>\n<p>Existen dos mecanismos principales que pueden dar origen a las lesiones en la regi\u00f3n de Lisfranc:<\/p>\n<p>Traumatismos de alta energ\u00eda, como los ocasionados por aplastamientos o accidentes de tr\u00e1nsito<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>Traumatismos de baja energ\u00eda, en los que predomina una carga axial sobre el mediopi\u00e9, especialmente en situaciones de hiperflexi\u00f3n o flexi\u00f3n plantar combinada con una abducci\u00f3n forzada. Estos vectores de fuerza pueden provocar una disrupci\u00f3n de la articulaci\u00f3n tarsometatarsiana<sup>2<\/sup>.<\/p>\n<h3>Cl\u00ednica<\/h3>\n<p>Traumatismos de alta energ\u00eda: en estos casos, los signos cl\u00ednicos suelen ser evidentes. Se observa un edema marcado en la regi\u00f3n media del pie, acompa\u00f1ado de deformidad estructural y aplanamiento del arco plantar. Tambi\u00e9n puede presentarse equimosis plantar, adem\u00e1s de s\u00edntomas habituales en otras fracturas, como dolor a la palpaci\u00f3n, limitaci\u00f3n funcional y dificultad para apoyar el pie<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>Traumatismos de baja energ\u00eda: se caracterizan por dolor localizado e incapacidad para soportar peso, junto con edema en el mediopi\u00e9. Es frecuente la presencia del signo de la tecla del piano, considerado positivo cuando, con el retropi\u00e9 y el mediopi\u00e9 estabilizados, se aplica presi\u00f3n en sentido plantar sobre la cabeza de los metatarsianos, provocando dolor si existe lesi\u00f3n. La equimosis plantar puede no estar presente debido a la menor intensidad del trauma<sup>2<\/sup>.<\/p>\n<h3>Im\u00e1genes<\/h3>\n<p>El estudio inicial ante la sospecha de una lesi\u00f3n en la articulaci\u00f3n de Lisfranc debe comenzar con radiograf\u00edas convencionales en proyecciones anteroposterior (AP), lateral y oblicua a 30\u00b0, enfocadas en el pie afectado. Aunque estas im\u00e1genes no siempre permiten una visualizaci\u00f3n clara de la lesi\u00f3n, constituyen el primer paso diagn\u00f3stico<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>Aspectos para considerar en las radiograf\u00edas iniciales (proyecci\u00f3n AP):<\/p>\n<p>El borde medial del segundo metatarsiano debe estar alineado con la cu\u00f1a medial<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>El tercer metatarsiano debe alinearse con la cu\u00f1a lateral<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>Debe evaluarse la relaci\u00f3n entre el borde lateral del primer metatarsiano y la cu\u00f1a intermedia<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>La distancia entre la cu\u00f1a medial y la base del segundo metatarsiano no debe superar los 2 a 3 mm<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>En la proyecci\u00f3n lateral, los bordes dorsales y plantares de los metatarsianos deben coincidir con los bordes correspondientes del cuboides y de los cuneiformes. Cualquier desalineaci\u00f3n observada debe considerarse patol\u00f3gica<sup>2<\/sup>.<\/p>\n<p>Ante la sospecha de una disrupci\u00f3n en la articulaci\u00f3n tarsometatarsiana, es crucial identificar signos de inestabilidad. Para ello, se recomienda realizar radiograf\u00edas con carga, idealmente compar\u00e1ndolas con im\u00e1genes del pie contralateral sano para identificar asimetr\u00edas<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ndo sospechar una lesi\u00f3n de Lisfranc?<\/p>\n<p>Cuando la columna medial no mantiene una alineaci\u00f3n anat\u00f3mica adecuada entre el primer metatarsiano y la primera cu\u00f1a (es importante diferenciar esta alteraci\u00f3n de la superposici\u00f3n \u00f3sea fisiol\u00f3gica)<sup>1,2<\/sup>.<\/p>\n<p>Cuando la distancia entre el primer y segundo metatarsiano supera los 4 mm, o si existe una asimetr\u00eda mayor a 1 mm en comparaci\u00f3n con el lado contralateral<sup>1,2<\/sup>.<\/p>\n<p>Cuando la distancia entre la primera cu\u00f1a y la base del segundo metatarsiano excede los 3 mm, o si hay una diferencia interlateral superior a 1 mm<sup>1,2<\/sup>.<\/p>\n<h3>Tratamiento<\/h3>\n<p>El tratamiento de las lesiones del complejo de Lisfranc debe ser individualizado, considerando tanto las caracter\u00edsticas del paciente como la magnitud del da\u00f1o osteoligamentario. El objetivo principal del manejo quir\u00fargico es proporcionar una estabilidad articular adecuada, con el fin de prevenir complicaciones a largo plazo, tales como artrosis postraum\u00e1tica, deformidades del arco plantar y limitaciones funcionales<sup>2<\/sup>.<\/p>\n<p>El tratamiento de elecci\u00f3n consiste en lograr una reducci\u00f3n anat\u00f3mica precisa de la luxaci\u00f3n, seguida de una fijaci\u00f3n estable. Este procedimiento puede llevarse a cabo mediante el uso de agujas de Kirschner o mediante osteos\u00edntesis con implantes. En casos donde exista una conminuci\u00f3n \u00f3sea severa, la artrodesis primaria puede considerarse como una opci\u00f3n terap\u00e9utica v\u00e1lida<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<h2>Astr\u00e1galo<\/h2>\n<p>El astr\u00e1galo presenta una anatom\u00eda particular y desempe\u00f1a un papel fundamental en la biomec\u00e1nica tanto del tobillo como del pie. Debido a su posici\u00f3n estrat\u00e9gica y a su escasa vascularizaci\u00f3n, las fracturas \u2014especialmente aquellas que afectan el cuello y presentan desplazamiento\u2014 se consideran emergencias ortop\u00e9dicas, dado el alto riesgo de necrosis avascular (NAV)<sup>3<\/sup>.<\/p>\n<p>Este tipo de fracturas es relativamente infrecuente, representando aproximadamente el 0.3% del total de fracturas \u00f3seas y cerca del 3.4% de las fracturas que afectan el pie. Suelen presentarse con mayor frecuencia en personas j\u00f3venes y, por lo general, se asocian a traumatismos de alta energ\u00eda, como colisiones vehiculares o ca\u00eddas desde alturas considerables<sup>4<\/sup>.<\/p>\n<p>Cerca del 50% de estas lesiones comprometen el cuello del astr\u00e1galo y, en su mayor\u00eda, est\u00e1n vinculadas a mecanismos de alta energ\u00eda como los mencionados<sup>5<\/sup>. A pesar de su baja incidencia, estas fracturas se consideran de gran relevancia cl\u00ednica por el elevado riesgo de complicaciones y las posibles secuelas funcionales a largo plazo<sup>6<\/sup>.<\/p>\n<h3>Anatom\u00eda<\/h3>\n<p>La anatom\u00eda particular del astr\u00e1galo lo convierte en un componente esencial para la biomec\u00e1nica tanto del pie como del tobillo. Este hueso no presenta inserciones musculares ni tendinosas, y aproximadamente dos tercios de su superficie est\u00e1n cubiertos por cart\u00edlago articular, lo que reduce notablemente su irrigaci\u00f3n<sup>5<\/sup>.<\/p>\n<p>El aporte sangu\u00edneo al astr\u00e1galo proviene de una compleja red anastom\u00f3tica localizada en el seno del tarso, compuesta principalmente por<sup>3<\/sup>:<\/p>\n<p>La arteria del seno del tarso.<br \/>\nLa arteria del canal del tarso.<\/p>\n<p>Este patr\u00f3n de irrigaci\u00f3n resulta particularmente susceptible a interrupciones en presencia de fracturas, lo que justifica la elevada frecuencia de complicaciones de tipo isqu\u00e9mico<sup>3<\/sup>.<\/p>\n<p>La c\u00fapula del cuerpo astragalino representa la zona m\u00e1s vulnerable desde el punto de vista vascular, ya que carece de una arteria nutricia directa. Adem\u00e1s, debido a su elevada densidad \u00f3sea y baja permeabilidad intra\u00f3sea, la penetraci\u00f3n de vasos sangu\u00edneos es limitada, lo que hace que esta regi\u00f3n dependa casi exclusivamente de la vascularizaci\u00f3n aportada por los tejidos blandos adyacentes. Por consiguiente, el riesgo de necrosis avascular (NAV) aumenta en proporci\u00f3n directa al grado de desplazamiento que presente la fractura<sup>6<\/sup>.<\/p>\n<h3>Mecanismo de Trauma<\/h3>\n<p>Las fracturas del cuerpo del astr\u00e1galo suelen producirse por una fuerza de compresi\u00f3n axial que act\u00faa entre la superficie articular tibial superior y el calc\u00e1neo. En numerosos casos, esta carga axial se combina con un componente de torsi\u00f3n en inversi\u00f3n, lo que transfiere parte de la energ\u00eda hacia el mal\u00e9olo medial, resultando en una fractura vertical del cuerpo astragalino. Cuando la fractura afecta el aspecto lateral del cuerpo del astr\u00e1galo, generalmente se asocia con un mecanismo que incluye pronaci\u00f3n, rotaci\u00f3n externa y compresi\u00f3n axial<sup>4<\/sup>. Adem\u00e1s, si a este mecanismo se a\u00f1ade una inversi\u00f3n del pie, puede desencadenar una subluxaci\u00f3n o luxaci\u00f3n medial<sup>5<\/sup>.<\/p>\n<h3>Cl\u00ednica<\/h3>\n<p>Dada la intensidad del trauma necesario para causar este tipo de fracturas, resulta fundamental realizar una evaluaci\u00f3n minuciosa de las lesiones asociadas en tejidos blandos y del da\u00f1o articular. Estas condiciones pueden influir en la elecci\u00f3n del tratamiento y aumentar la probabilidad de complicaciones, tales como necrosis \u00f3sea o artrosis<sup>4<\/sup>.<\/p>\n<p>En cuanto a la recuperaci\u00f3n funcional, se ha observado que el rango de movimiento suele verse comprometido, especialmente en la articulaci\u00f3n tibiotarsiana<sup>4<\/sup>:<\/p>\n<p>Dorsiflexi\u00f3n: se conserva aproximadamente el 55% del rango normal<sup>4<\/sup>.<br \/>\nFlexi\u00f3n plantar: se mantiene alrededor del 54% del rango esperado<sup>4<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otro lado, la afectaci\u00f3n de la articulaci\u00f3n subastragalina suele ser menos severa:<\/p>\n<p>Eversi\u00f3n (EVE): conserva aproximadamente el 87% del rango fisiol\u00f3gico<sup>4<\/sup>.<br \/>\nInversi\u00f3n (INV): mantiene cerca del 71% del rango habitual<sup>4<\/sup>.<\/p>\n<h3>Complicaciones m\u00e1s frecuentes<\/h3>\n<p>Las dos complicaciones predominantes en las fracturas del cuello del astr\u00e1galo son<sup>5<\/sup>:<\/p>\n<p>Necrosis avascular del cuerpo del astr\u00e1galo, ocasionada por la interrupci\u00f3n del flujo sangu\u00edneo retr\u00f3grado<sup>5<\/sup>.<\/p>\n<p>Artrosis postraum\u00e1tica que afecta tanto la articulaci\u00f3n subastragalina como la tibioperoneoastragalina, particularmente en casos con fracturas conminutas o reducci\u00f3n inadecuada<sup>5<\/sup>.<\/p>\n<h3>Im\u00e1genes<\/h3>\n<p>La evaluaci\u00f3n se realiza mediante radiograf\u00edas simples, siendo especialmente recomendable la incidencia oblicua para una mejor visualizaci\u00f3n. La clasificaci\u00f3n m\u00e1s empleada para describir las fracturas del cuello del astr\u00e1galo es la de Hawkins, posteriormente modificada por Canale y Kelly, la cual se basa en el grado de desplazamiento y en la afectaci\u00f3n de las articulaciones adyacentes<sup>3<\/sup>.<\/p>\n<p>Un signo radiol\u00f3gico clave en esta fractura es el signo de Hawkins. Este consiste en la aparici\u00f3n de una zona radiol\u00facida subcondral en el domo del astr\u00e1galo entre la cuarta y octava posteriores a la fractura. Este signo indica actividad de remodelaci\u00f3n \u00f3sea y se interpreta como un marcador positivo de revascularizaci\u00f3n, lo que disminuye la probabilidad de necrosis avascular<sup>4<\/sup>.<\/p>\n<h3>Tratamiento<\/h3>\n<p>El tratamiento preferido para las fracturas desplazadas del astr\u00e1galo es la reducci\u00f3n anat\u00f3mica abierta con fijaci\u00f3n interna estable. Esta intervenci\u00f3n es fundamental para restaurar la congruencia articular y prevenir complicaciones a largo plazo. Por otro lado, el manejo conservador, que incluye reducci\u00f3n cerrada e inmovilizaci\u00f3n con yeso, presenta una alta tasa de complicaciones y, por ello, se reserva \u00fanicamente para fracturas no desplazadas o cuando las condiciones cl\u00ednicas lo justifican<sup>4<\/sup>.<\/p>\n<p>El riesgo de complicaciones aumenta en proporci\u00f3n directa al grado de desplazamiento inicial, llegando a tasas de necrosis avascular (NAV) cercanas al 100% en los casos m\u00e1s graves. Debido a este elevado riesgo, el tratamiento est\u00e1ndar para fracturas desplazadas consiste en la reducci\u00f3n abierta y fijaci\u00f3n interna (ORIF), cuyo objetivo es restablecer la alineaci\u00f3n anat\u00f3mica, estabilizar la articulaci\u00f3n y preservar, en la medida de lo posible, el aporte vascular residual del hueso para reducir las secuelas a largo plazo<sup>3<\/sup>.<\/p>\n<h2>Quinto metatarsiano<\/h2>\n<p>Las fracturas de los metatarsianos constituyen las lesiones \u00f3seas m\u00e1s comunes del pie, con una incidencia anual estimada de 6.7 casos por cada 100,000 personas. Dentro de este grupo, las fracturas del primer y del quinto metatarsiano son las m\u00e1s frecuentes<sup>7<\/sup>.<\/p>\n<h3>Anatom\u00eda<\/h3>\n<p>El quinto metatarsiano presenta particularidades anat\u00f3micas que lo distinguen del resto de los metatarsianos. Su base es un sitio de inserci\u00f3n para varios m\u00fasculos, entre ellos el peroneo lateral corto y, en algunos casos, el peroneo accesorio. Adem\u00e1s, act\u00faa como punto de anclaje para la banda lateral de la fascia plantar, cumpliendo un papel funcional importante<sup>8<\/sup>.<\/p>\n<h3>Im\u00e1genes<\/h3>\n<p>Lawrence y Botte propusieron una clasificaci\u00f3n anat\u00f3mica para categorizar estas fracturas seg\u00fan su localizaci\u00f3n. El hueso se divide en tres zonas<sup>8<\/sup>:<\/p>\n<p>Zona 1: tuberosidad.<br \/>\nZona 2: uni\u00f3n metafisodiafisaria.<br \/>\nZona 3: di\u00e1fisis proximal.<\/p>\n<p>Las fracturas m\u00e1s frecuentes (alrededor del 93%) se localizan en la zona 1. Las fracturas en la zona 2 tienen especial relevancia cl\u00ednica, ya que atraviesan una regi\u00f3n con irrigaci\u00f3n limitada, lo que incrementa el riesgo de pseudoartrosis<sup>8<\/sup>.<\/p>\n<h3>Mecanismo de trauma<\/h3>\n<p>El mecanismo lesional var\u00eda seg\u00fan la zona afectada:<\/p>\n<p>Zona 1 (fractura-avulsi\u00f3n): suele producirse por una inversi\u00f3n forzada del pie, generando generalmente un trazo oblicuo respecto al eje del metatarsiano<sup>8<\/sup>.<\/p>\n<p>Zonas 2 y 3: estas fracturas, habitualmente transversales, se relacionan con mecanismos de aducci\u00f3n del antepi\u00e9 combinados con flexi\u00f3n plantar. Pueden presentarse de forma aguda o como fracturas por estr\u00e9s, como en la llamada fractura del bailar\u00edn, caracterizada por un trazo espiroideo diafisario secundario a fuerzas rotacionales indirectas<sup>8<\/sup>.<\/p>\n<p>Fracturas conminutas: se originan por traumatismos directos de alta energ\u00eda y pueden comprometer tanto la articulaci\u00f3n cuboides\u2013quinto metatarsiano como la articulaci\u00f3n entre el cuarto y el quinto metatarsiano<sup>8<\/sup>.<\/p>\n<h3>Cl\u00ednica<\/h3>\n<p>Debe sospecharse una fractura por estr\u00e9s en pacientes que refieren dolor progresivo o cr\u00f3nico previo a un evento agudo. En lesiones agudas, la exploraci\u00f3n f\u00edsica puede revelar equimosis, tumefacci\u00f3n, dolor localizado a la palpaci\u00f3n y molestias durante la eversi\u00f3n contra resistencia. Existe una relaci\u00f3n entre el retropi\u00e9 en varo y las fracturas tipo Jones (zona 2)<sup>8<\/sup>.<\/p>\n<h3>Tratamiento<\/h3>\n<p>El manejo terap\u00e9utico puede ser conservador o quir\u00fargico, en funci\u00f3n del desplazamiento y la alineaci\u00f3n de los fragmentos. Si bien las fracturas no desplazadas suelen tratarse de manera conservadora, es necesario valorar individualmente el riesgo de retraso en la consolidaci\u00f3n o de pseudoartrosis, especialmente en las que afectan al primer o quinto metatarsiano<sup>7<\/sup>.<\/p>\n<p>En el manejo conservador, indicado generalmente en fracturas no desplazadas, las opciones terap\u00e9uticas pueden incluir:<\/p>\n<p>Vendajes adhesivos funcionales<sup>7<\/sup>.<br \/>\nYeso corto para deambulaci\u00f3n durante 4 a 6 semanas<sup>7<\/sup>.<br \/>\nYeso sin carga por 3 semanas, seguido de carga progresiva por otras 3 semanas<sup>7<\/sup>.<\/p>\n<p>Indicaciones quir\u00fargicas:<\/p>\n<p>Las fracturas desplazadas, especialmente en el plano horizontal, suelen requerir intervenci\u00f3n quir\u00fargica para prevenir deformidades como el digitus quintus varus. Se considera cirug\u00eda en casos de angulaci\u00f3n superior a 10\u00b0 o desplazamientos mayores de 3 a 4 mm<sup>7<\/sup>.<\/p>\n<p>Entre las lesiones que se pueden abordar de manera conservadora, se encuentran: fracturas avulsivas de la tuberosidad, fracturas estables diafisarias o del tipo \u00abfractura del bailar\u00edn\u00bb, fracturas en zona 2 sin desplazamiento<sup>8<\/sup>. Por otro lado, entre las fracturas que pueden requerir manejo quir\u00fargico, se encuentran: fracturas intraarticulares o desplazadas (&gt;3\u20134 mm o angulaci\u00f3n plantar &gt;10\u00b0), fracturas por estr\u00e9s tipo II y III de Torg (ensanchamiento con esclerosis o signos de pseudoartrosis), pseudoartrosis sintom\u00e1tica en cualquier localizaci\u00f3n<sup>7,8<\/sup>.<\/p>\n<h2>Calc\u00e1neo<\/h2>\n<p>Las fracturas del calc\u00e1neo suelen ser de tipo articular y comprometen una estructura fundamental: la articulaci\u00f3n astragalocalc\u00e1nea, la cual desempe\u00f1a un papel clave en la mec\u00e1nica del retropi\u00e9. La recuperaci\u00f3n de estas fracturas implica un alto riesgo de complicaciones, entre ellas la osteomielitis y la necrosis cut\u00e1nea en el borde lateral del tal\u00f3n. Representan entre el 1% y el 2% de todas las fracturas \u00f3seas, siendo la lesi\u00f3n m\u00e1s frecuente del tarso, con un 60% de todas las fracturas tarsales<sup>9<\/sup>. Aproximadamente el 26% de los pacientes presenta lesiones asociadas en las extremidades inferiores, y un 10% presenta lesiones vertebrales<sup>10<\/sup>.<\/p>\n<h3>Anatom\u00eda<\/h3>\n<p>El calc\u00e1neo es el hueso m\u00e1s grande del retropi\u00e9 y, junto con el astr\u00e1galo, conforma el tarso posterior. Se compone de cuatro regiones anat\u00f3micas principales: la tuberosidad posterior, el sustentaculum tali, la porci\u00f3n anterior y la superficie articular. La cortical lateral del calc\u00e1neo es delgada, lo que la hace propensa a fracturas conminutas. En contraste, su cara medial es m\u00e1s robusta; adem\u00e1s, el sustentaculum tali se encuentra firmemente anclado por un ligamento resistente, lo que usualmente le proporciona estabilidad frente a fracturas<sup>9<\/sup>.<\/p>\n<h3>Mecanismo de Trauma<\/h3>\n<p>En el 90% de los casos, estas fracturas se producen como resultado de ca\u00eddas desde altura con impacto directo sobre uno o ambos talones. Los contextos m\u00e1s comunes incluyen accidentes laborales, intentos de suicidio, actividades recreativas o colisiones de alta energ\u00eda en el tr\u00e1nsito<sup>9<\/sup>.<\/p>\n<h3>Cl\u00ednica<\/h3>\n<p>Cl\u00ednicamente, estas lesiones se manifiestan con un edema significativo en el tal\u00f3n, que borra los contornos anat\u00f3micos normales. Tambi\u00e9n puede observarse equimosis plantar y submaleolar lateral. En algunos casos, pueden aparecer flictenas en la regi\u00f3n medial del tobillo. Una de las complicaciones m\u00e1s graves asociadas a estas fracturas es el s\u00edndrome compartimental del pie<sup>9<\/sup>.<\/p>\n<h3>Im\u00e1genes<\/h3>\n<p>Las fracturas se dividen en dos categor\u00edas principales: articulares y extraarticulares. Se deben realizar radiograf\u00edas est\u00e1ndar con un m\u00ednimo de tres proyecciones:<\/p>\n<p>Lateral de pie y tobillo: para la valoraci\u00f3n de esta proyecci\u00f3n, es necesario identificar y medir el \u00e1ngulo de B\u00f6hler. El \u00e1ngulo de B\u00f6hler se forma trazando una l\u00ednea desde el punto m\u00e1s alto de la ap\u00f3fisis mayor hasta el punto posterior del t\u00e1lamo y una segunda l\u00ednea desde este punto hasta el borde posterior de la tuberosidad. Un valor normal oscila entre 25\u00b0 y 40\u00b0<sup>9<\/sup>. Si es menor, podr\u00eda indicar p\u00e9rdida de altura debido al hundimiento del t\u00e1lamo o elevaci\u00f3n de la tuberosidad<sup>10<\/sup>.<\/p>\n<p>Proyecci\u00f3n axial: \u00datil para evaluar subluxaciones, ensanchamiento del tal\u00f3n y desviaciones en varo o valgo<sup>10<\/sup>.<\/p>\n<p>Proyecci\u00f3n dorsoplantar: para estudiar la articulaci\u00f3n calcaneocuboidea<sup>10<\/sup>.<\/p>\n<h3>Tratamiento<\/h3>\n<p>El objetivo del tratamiento es restaurar una funci\u00f3n del pie lo m\u00e1s pr\u00f3xima posible a la normalidad, facilitando la deambulaci\u00f3n, incluso sobre superficies irregulares. Es fundamental prevenir deformidades intraarticulares y extraarticulares que puedan comprometer la funcionalidad del retropi\u00e9. Las fracturas extraarticulares, que representan aproximadamente el 25% de los casos, suelen tener un manejo m\u00e1s sencillo y un mejor pron\u00f3stico funcional. En cambio, las fracturas articulares, que constituyen alrededor del 75% de los casos, plantean un mayor desaf\u00edo terap\u00e9utico<sup>9<\/sup>.<\/p>\n<h2>Escafoides<\/h2>\n<p>El t\u00e9rmino \u00abescafoides\u00bb proviene del griego scaphoide, que significa \u00abbarco\u00bb, en referencia a la forma caracter\u00edstica de este hueso. La detecci\u00f3n temprana, junto con un tratamiento oportuno, resulta fundamental para lograr una recuperaci\u00f3n adecuada y prevenir posibles complicaciones. Estas lesiones ocurren con mayor frecuencia en varones j\u00f3venes, especialmente en el rango de edad de 20 a 29 a\u00f1os<sup>11<\/sup>.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con su localizaci\u00f3n anat\u00f3mica, la mayor\u00eda de las fracturas se producen en el tercio medio del hueso (60-69%), seguidas por aquellas que afectan el tercio distal y el tub\u00e9rculo (17-32%), y en menor proporci\u00f3n, en el polo proximal (3-16%)<sup>12<\/sup>.<\/p>\n<p>Las fracturas del escafoides representan entre el 50% y el 70% del total de lesiones \u00f3seas del carpo, lo que las convierte en las m\u00e1s comunes dentro de este grupo. Este hueso se encuentra ubicado de forma oblicua en el lado radial de la fila proximal del carpo y cumple una funci\u00f3n de conexi\u00f3n entre ambas filas carpianas. Su eje se orienta en direcci\u00f3n distal, radial y ligeramente hacia la superficie palmar<sup>13<\/sup>.<\/p>\n<h3>Anatom\u00eda<\/h3>\n<p>En personas j\u00f3venes, especialmente hasta alrededor de los 13 a 15 a\u00f1os de edad, el escafoides est\u00e1 compuesto predominantemente por cart\u00edlago, y es en ese periodo cuando se inicia su proceso de osificaci\u00f3n completa. Desde el punto de vista anat\u00f3mico, este hueso presenta cinco superficies articulares distribuidas en tres regiones principales: el polo proximal (que se articula con el radio y el semilunar), la cintura (en contacto con el hueso grande), y el polo distal (que se articula con el trapecio y el trapezoide)<sup>11<\/sup>.<\/p>\n<p>Los ligamentos que se relacionan con el escafoides incluyen el intercarpiano dorsal, el escafo-semilunar, el radio-escafo-hueso grande, el escafo-trapecio-trapezoidal y el escafo-hueso grande. Este \u00faltimo es un ligamento intr\u00ednseco de localizaci\u00f3n medio-palmar, que se origina en la superficie palmar y lateral no articular del polo distal del escafoides<sup>11,13<\/sup>.<\/p>\n<p>La irrigaci\u00f3n del escafoides proviene de tres ramas de la arteria radial: una rama dorsal que penetra por el cuello del hueso, una rama lateral con un aporte vascular menor y una rama distal encargada de irrigar el polo inferior. La regi\u00f3n dorsal es la que recibe el suministro sangu\u00edneo m\u00e1s abundante; por esta raz\u00f3n, las fracturas que comprometen la cintura o el polo proximal pueden afectar significativamente la vascularizaci\u00f3n, lo que podr\u00eda conducir a necrosis avascular. No obstante, esta complicaci\u00f3n puede tardar entre uno y dos meses en evidenciarse en estudios radiogr\u00e1ficos, manifest\u00e1ndose como un incremento en la densidad \u00f3sea<sup>11,12<\/sup>.<\/p>\n<h3>Mecanismo de Trauma<\/h3>\n<p>El escafoides presenta una movilidad restringida durante los movimientos de pronosupinaci\u00f3n de la mu\u00f1eca y del primer dedo. Una fractura puede originarse a partir del impacto de la ap\u00f3fisis estiloides del radio sobre la cintura del escafoides. Asimismo, este hueso es susceptible a lesiones en situaciones de hiperextensi\u00f3n de la mu\u00f1eca, como ocurre durante ca\u00eddas en las que el peso corporal se descarga sobre la mano extendida. En tales casos, se genera una fuerza longitudinal que atraviesa el escafoides, lo que induce una flexi\u00f3n limitada por la acci\u00f3n de los ligamentos que restringen el movimiento de los polos, as\u00ed como por el ligamento radio-escafo-lunar. Esta resistencia concentra las tensiones en la corteza dorsal de la cintura del hueso, lo que incrementa el riesgo de fractura<sup>11<\/sup>.<\/p>\n<h3>Cl\u00ednica<\/h3>\n<p>La exploraci\u00f3n f\u00edsica constituye un elemento clave en el diagn\u00f3stico de fracturas del escafoides. La presencia de dolor al aplicar presi\u00f3n en determinadas zonas anat\u00f3micas permite orientar la localizaci\u00f3n probable de la fractura<sup>11,12<\/sup>:<\/p>\n<p>Prominencia volar de la mu\u00f1eca distal: sugiere afectaci\u00f3n del polo distal<sup>11,12<\/sup>.<br \/>\nTabaquera anat\u00f3mica: es un punto de referencia importante para sospechar fracturas en la cintura o regi\u00f3n media del escafoides<sup>11,12<\/sup>.<br \/>\n\u00c1rea distal al tub\u00e9rculo de Lister: el dolor en esta regi\u00f3n puede indicar compromiso del polo proximal<sup>11,12<\/sup>.<\/p>\n<p>Adicionalmente, la prueba de Watson positiva, puede aumentar la sospecha cl\u00ednica de fractura, consiste en ejercer presi\u00f3n axial sobre el tub\u00e9rculo del escafoides y es positiva si provoca dolor. Finalmente, es importante evaluar la funci\u00f3n del nervio radial y la sensibilidad durante los movimientos de desviaci\u00f3n radial y cubital<sup>11,13<\/sup>.<\/p>\n<h3>Im\u00e1genes<\/h3>\n<p>Hasta el 40% de las fracturas de escafoides no son correctamente identificadas en las radiograf\u00edas iniciales, y con frecuencia se confunden con esguinces de mu\u00f1eca. Esta demora en el diagn\u00f3stico que consiguientemente demora la instauraci\u00f3n del tratamiento adecuado, sumada a la particularidad de su irrigaci\u00f3n sangu\u00ednea, incrementa de forma considerable el riesgo de desarrollar pseudoartrosis, especialmente en casos de fracturas desplazadas<sup>12<\/sup>.<\/p>\n<p>Para una mejor evaluaci\u00f3n del escafoides, puede ser necesario emplear proyecciones radiogr\u00e1ficas espec\u00edficas<sup>11<\/sup>.<\/p>\n<p>Se recomienda realizar una serie completa de im\u00e1genes con las siguientes vistas<sup>12<\/sup>:<\/p>\n<p>Proyecci\u00f3n posteroanterior con 30\u00b0 de extensi\u00f3n y 20\u00b0 de desviaci\u00f3n cubital, \u00fatil para observar el contorno completo del escafoides<sup>12,13<\/sup>.<br \/>\nProyecciones lateral y oblicua de la mu\u00f1eca<sup>12,13<\/sup>.<br \/>\nProyecci\u00f3n anteroposterior con el pu\u00f1o cerrado<sup>12,13<\/sup>.<\/p>\n<p>A pesar de estas precauciones diagn\u00f3sticas, aproximadamente el 25% de las fracturas pueden no ser evidentes en las radiograf\u00edas iniciales. Si la sospecha cl\u00ednica persiste y no se dispone de estudios avanzados como tomograf\u00eda computarizada (TAC) o resonancia magn\u00e9tica (RMN), se recomienda inmovilizar la mu\u00f1eca con una f\u00e9rula o yeso por un per\u00edodo de 7 a 14 d\u00edas y repetir los estudios posteriormente. Una vez que se identifica el trazo de fractura, estas pueden clasificarse de acuerdo con la clasificaci\u00f3n de Herbert<sup>11-12<\/sup>:<\/p>\n<p>Tipo A: fracturas agudas estables:<br \/>\nA1: fracturas del polo distal.<br \/>\nA2: fracturas incompletas en la cintura.<\/p>\n<p>Tipo B: fracturas agudas inestables:<br \/>\nB1: fractura oblicua distal.<br \/>\nB2: con deformidad en flexi\u00f3n (la m\u00e1s frecuente).<br \/>\nB3: fractura del polo proximal.<br \/>\nB4: luxaci\u00f3n transescafoidea perilunar.<br \/>\nB5: fracturas conminutas.<\/p>\n<p>Tipo C: uni\u00f3n retardada.<\/p>\n<p>Tipo D: no uni\u00f3n consolidada.<\/p>\n<h3>Tratamiento<\/h3>\n<h4>Abordaje inicial<\/h4>\n<p>Cualquier paciente que presente dolor localizado en la tabaquera anat\u00f3mica, sobre el tub\u00e9rculo del escafoides o en la regi\u00f3n radial de la mu\u00f1eca debe ser considerado como posible portador de una fractura del escafoides. Hasta que se descarte completamente el diagn\u00f3stico, debe recibir tratamiento como si se tratara de dicha lesi\u00f3n<sup>13<\/sup>.<\/p>\n<h4>Tratamiento conservador<\/h4>\n<p>Este enfoque constituye la primera opci\u00f3n terap\u00e9utica en casos de fracturas estables y no desplazadas, especialmente cuando se localizan en el polo distal. Consiste en la inmovilizaci\u00f3n con yeso durante un periodo que var\u00eda entre 9 y 12 semanas. En el caso de fracturas proximales, debido al limitado aporte vascular en esa zona, puede ser necesaria la inmovilizaci\u00f3n por un lapso de hasta 6 meses. No obstante, persiste un riesgo de pseudoartrosis que oscila entre el 5% y el 20%<sup>11<\/sup>.<\/p>\n<p>Tiempo estimado de consolidaci\u00f3n seg\u00fan la ubicaci\u00f3n anat\u00f3mica<sup>13<\/sup>:<\/p>\n<p>Polo distal: entre 6 y 8 semanas.<br \/>\nCintura escafoidea (la localizaci\u00f3n m\u00e1s frecuente): entre 8 y 12 semanas.<br \/>\nPolo proximal: de 12 a 24 semanas, con un riesgo elevado de necrosis avascular, motivo por el cual suele requerir tratamiento quir\u00fargico.<\/p>\n<h4>Tratamiento quir\u00fargico<\/h4>\n<p>Este abordaje est\u00e1 indicado en casos de fracturas inestables o desplazadas, y presenta tasas de consolidaci\u00f3n cercanas al 100%, con un tiempo promedio de curaci\u00f3n de aproximadamente 9.8 semanas. El procedimiento consiste en la fijaci\u00f3n interna mediante tornillos, lo cual permite lograr una compresi\u00f3n adecuada en el sitio de la fractura. Es el m\u00e9todo preferido en fracturas completas localizadas en el polo proximal o en la cintura<sup>11<\/sup>.<\/p>\n<p>Se considera que existe una no uni\u00f3n cuando, transcurridos seis meses desde el trauma, a\u00fan se observa una separaci\u00f3n clara entre los fragmentos \u00f3seos o se detecta movilidad anormal en el foco de fractura. El retraso en el diagn\u00f3stico o tratamiento m\u00e1s all\u00e1 de las primeras cuatro semanas incrementa significativamente el riesgo de no uni\u00f3n hasta un 40%. En cambio, si el manejo se inicia dentro de ese intervalo, dicho riesgo disminuye notablemente a solo un 3%<sup>13<\/sup>.<\/p>\n<h2>Cabeza del radio<\/h2>\n<p>Los traumatismos del codo son frecuentes tanto en el \u00e1mbito laboral como en accidentes de tr\u00e1nsito, y pueden producirse por ca\u00eddas, precipitaciones, colisiones, entre otros mecanismos<sup>14<\/sup>.<\/p>\n<p>La naturaleza y la gravedad de las lesiones dependen de diversos factores, como el grado de flexi\u00f3n del codo al momento del impacto, el nivel de pronosupinaci\u00f3n del antebrazo y la energ\u00eda involucrada. Las fracturas de la cabeza del radio son comunes y representan aproximadamente el 20% de todas las lesiones traum\u00e1ticas del codo<sup>15<\/sup>.<\/p>\n<h3>Anatom\u00eda<\/h3>\n<p>El codo est\u00e1 compuesto por tres articulaciones: la radiohumeral, la humerocubital y la radiocubital proximal. La cabeza del radio tiene forma de disco c\u00f3ncavo y se articula con el c\u00f3ndilo del h\u00famero. En la articulaci\u00f3n radiocubital proximal, el radio se une con la cavidad sigmoidea menor del c\u00fabito, lo que permite los movimientos de pronaci\u00f3n y supinaci\u00f3n del antebrazo<sup>14<\/sup>.<\/p>\n<h3>Mecanismo de trauma<\/h3>\n<p>El mecanismo m\u00e1s frecuente es una ca\u00edda con la mano extendida y el codo en ligera flexi\u00f3n. Esta posici\u00f3n favorece el impacto directo de la cabeza radial contra el capitellum humeral, lo que puede provocar una fractura. Las fuerzas involucradas pueden ser axiales rotacionales, en valgo o posterolaterales. La severidad de la lesi\u00f3n var\u00eda en funci\u00f3n de la energ\u00eda del trauma y su complejidad<sup>16<\/sup>.<\/p>\n<h3>Cl\u00ednica<\/h3>\n<p>Los s\u00edntomas m\u00e1s comunes incluyen dolor, edema, equimosis, crepitaci\u00f3n y, en casos de traumatismos de alta energ\u00eda, derrame articular, el cual puede producir un bloqueo secundario. La limitaci\u00f3n funcional se correlaciona con el grado de afectaci\u00f3n \u00f3sea. En las fracturas aisladas de la cabeza radial, la mayor limitaci\u00f3n suele presentarse en los movimientos de pronosupinaci\u00f3n con el codo a 90\u00b0<sup>14<\/sup>.<\/p>\n<p>La exploraci\u00f3n f\u00edsica debe ser minuciosa e incluir la palpaci\u00f3n de la cabeza radial, el c\u00fabito proximal, el h\u00famero distal y las estructuras ligamentarias: ligamento colateral medial (LCM), ligamento colateral lateral (LCL), la membrana inter\u00f3sea y la articulaci\u00f3n radiocubital distal. La presencia de un hematoma medial en el codo sugiere una posible lesi\u00f3n del LCM<sup>16<\/sup>.<\/p>\n<p>En casos de bloqueo articular, se puede emplear infiltraci\u00f3n con anest\u00e9sico local para diferenciar si el origen es mec\u00e1nico o funcional. Asimismo, si el dolor se irradia al antebrazo o la mu\u00f1eca, se debe evaluar la integridad de la articulaci\u00f3n radiocubital distal y la membrana inter\u00f3sea. Es indispensable considerar posibles lesiones vasculares, como compromiso de la arteria braquial, as\u00ed como lesiones neurol\u00f3gicas que afecten al nervio cubital, mediano o inter\u00f3seo posterior<sup>14<\/sup>. Ante la presencia de derrame articular, bloqueo y restricci\u00f3n en la pronosupinaci\u00f3n, debe asumirse la existencia de una fractura de la cabeza del radio hasta demostrar lo contrario<sup>14,15,16<\/sup>.<\/p>\n<h3>Im\u00e1genes<\/h3>\n<p>El estudio inicial debe incluir, como m\u00ednimo, radiograf\u00edas en proyecciones anteroposterior (AP) y lateral. En fracturas simples y no desplazadas, puede observarse en la proyecci\u00f3n lateral el signo de la vela: distensi\u00f3n de las almohadillas grasas anterior y posterior como manifestaci\u00f3n indirecta de hemartros<sup>14<\/sup>. Es importante se\u00f1alar que la visualizaci\u00f3n de la almohadilla grasa posterior es altamente sugestiva de fractura en adultos. En cambio, una almohadilla grasa anterior aislada puede aparecer incluso en codos sin fractura, por lo que debe interpretarse en conjunto con la cl\u00ednica<sup>16<\/sup>.<\/p>\n<p>Si se sospecha lesi\u00f3n de la membrana inter\u00f3sea, deben solicitarse radiograf\u00edas posteroanteriores (PA) de ambas mu\u00f1ecas en posici\u00f3n neutral, lo que puede revelar alteraciones del c\u00fabito distal<sup>14<\/sup>. A la hora de poseer las radiograf\u00edas, las lesiones se pueden clasificar con base en los tipos de Mason (a la cual Johnson a\u00f1adi\u00f3 un tipo IV):<\/p>\n<p>Tipo I: fracturas no desplazadas o con desplazamiento menor a 2 mm; generalmente permiten una pronosupinaci\u00f3n normal o con leve dolor<sup>14<\/sup>.<\/p>\n<p>Tipo II: fracturas con desplazamiento mayor a 2 mm, que pueden generar bloqueo o incongruencia articular<sup>14<\/sup>. Adem\u00e1s, pueden involucrar fracturas marginales con desplazamiento, que incluyen componentes de impactaci\u00f3n, depresi\u00f3n y angulaci\u00f3n<sup>15<\/sup>.<\/p>\n<p>Tipo III: Fracturas conminutas o con p\u00e9rdida completa del contacto cortical<sup>14<\/sup>.<\/p>\n<p>Tipo IV: Fracturas asociadas a luxaci\u00f3n del codo<sup>14<\/sup>.<\/p>\n<h3>Tratamiento<\/h3>\n<p>El abordaje terap\u00e9utico de las fracturas de la cabeza radial var\u00eda desde el tratamiento conservador hasta el reemplazo prot\u00e9sico, dependiendo del tipo de fractura y la estabilidad articular. El pron\u00f3stico no solo depende del tratamiento elegido, sino tambi\u00e9n de la presencia de lesiones asociadas (\u00f3seas o ligamentosas) y de factores individuales del paciente<sup>15<\/sup>. A continuaci\u00f3n, se resume propuesta de abordaje terap\u00e9utico seg\u00fan la clasificaci\u00f3n de Mason:<\/p>\n<p>Tipo I: manejo conservador con inmovilizaci\u00f3n en f\u00e9rula posterior en flexi\u00f3n de 90\u00b0 durante 1\u20132 semanas, seguido de movilizaci\u00f3n temprana<sup>15<\/sup>.<\/p>\n<p>Tipo II: si el compromiso afecta menos de un tercio de la cabeza radial y no hay bloqueo articular, puede optarse por tratamiento conservador. En caso de inestabilidad o afectaci\u00f3n significativa, se indica tratamiento quir\u00fargico<sup>15<\/sup>.<\/p>\n<p>Tipo III: requiere intervenci\u00f3n quir\u00fargica, como reducci\u00f3n abierta y fijaci\u00f3n interna (RAFI), dependiendo de la viabilidad de los fragmentos<sup>14<\/sup>. Si la conminuci\u00f3n impide la reconstrucci\u00f3n anat\u00f3mica, puede considerarse la resecci\u00f3n (ex\u00e9resis) de la cabeza radial, siempre que no existan lesiones ligamentarias ni antecedentes de inestabilidad. En presencia de estas condiciones, el reemplazo prot\u00e9sico es la opci\u00f3n m\u00e1s adecuada<sup>15<\/sup>.<\/p>\n<p>Tipo IV: Adem\u00e1s del tratamiento quir\u00fargico, se debe abordar el compromiso ligamentario asociado<sup>14<\/sup>.<\/p>\n<h2>Ganchoso<\/h2>\n<p>Las fracturas que afectan exclusivamente al hueso ganchoso son poco frecuentes. Seg\u00fan diferentes autores, representan entre el 2% y el 4% del total de fracturas del carpo. Estas lesiones pueden localizarse tanto en el cuerpo del hueso como en su gancho, siendo este \u00faltimo el sitio m\u00e1s com\u00fan de afectaci\u00f3n<sup>17<\/sup>.<\/p>\n<p>Las fracturas del gancho del hueso ganchoso fueron descritas por primera vez por Deimel en 1932. Posteriormente, en 1934, Milch propuso una clasificaci\u00f3n basada en la ubicaci\u00f3n de la lesi\u00f3n, dividi\u00e9ndolas en tres tipos, clasificaci\u00f3n que fue modificada m\u00e1s adelante por Hirano<sup>17,18<\/sup>.<\/p>\n<p>Tipo 1: Fractura del gancho.<br \/>\nTipo 2a: Fractura oblicua dorsal (base).<br \/>\nTipo 2a: Fractura longitudinal (base).<br \/>\nTipo 2b: Fractura transversal (base).<br \/>\nTipo 3: atraviesan la cintura del gancho.<\/p>\n<h3>Anatom\u00eda<\/h3>\n<p>El hueso ganchoso se localiza en la fila distal del carpo, espec\u00edficamente en la regi\u00f3n dorsoulnar, donde se articula con las bases del cuarto y quinto metacarpiano. Su proyecci\u00f3n hacia la cara palmar, denominada gancho, funciona como punto de inserci\u00f3n para el ligamento transverso del carpo y es el origen de los m\u00fasculos intr\u00ednsecos flexor digiti minimi y opponens digiti minimi. Adem\u00e1s, el ligamento pisoganchoso contribuye a la formaci\u00f3n del suelo del canal de Guyon, por donde pasan la arteria y el nervio cubital. La irrigaci\u00f3n sangu\u00ednea del hueso est\u00e1 garantizada por tres arterias principales, lo que asegura una adecuada vascularizaci\u00f3n<sup>18<\/sup>.<\/p>\n<h3>Mecanismo de Trauma<\/h3>\n<p>Las fracturas que afectan el cuerpo del hueso ganchoso suelen ser el resultado de traumatismos de alta energ\u00eda. Este tipo de impacto suele estar asociado a otras fracturas de la mu\u00f1eca o lesiones \u00f3seas en el carpo. El trauma produce un desplazamiento dorsal y proximal, ocasionando que la base del metacarpiano choque contra el borde distal y dorsal del hueso ganchoso, lo que genera la separaci\u00f3n de un fragmento \u00f3seo en esa zona<sup>17<\/sup>.<\/p>\n<p>En cuanto a las fracturas del gancho del hueso ganchoso, estas pueden originarse por mecanismos directos o indirectos. El trauma directo ocurre com\u00fanmente durante ca\u00eddas con la mu\u00f1eca en extensi\u00f3n o debido a impactos en la regi\u00f3n hipotenar, situaciones frecuentes en deportistas como tenistas o jugadores de b\u00e9isbol. Por otro lado, el mecanismo indirecto implica una contracci\u00f3n s\u00fabita del m\u00fasculo flexor cubital del carpo, lo que puede causar la avulsi\u00f3n del gancho<sup>17,18<\/sup>.<\/p>\n<h3>Cl\u00ednica<\/h3>\n<p>El s\u00edntoma principal es el dolor localizado en la regi\u00f3n hipotenar, especialmente al sujetar objetos o al flexionar el cuarto y quinto dedos. En fases avanzadas, puede ocurrir la ruptura del tend\u00f3n flexor del quinto dedo. El \u00e1rea de mayor sensibilidad generalmente se encuentra a una distancia de entre 1.5 y 2 cm desde el hueso pisiforme, siguiendo una l\u00ednea imaginaria hacia el segundo dedo<sup>17,18<\/sup>.<\/p>\n<p>Una prueba diagn\u00f3stica eficaz es el \u00abhook of hamate pull test\u00bb, que consiste en aplicar una fuerza de contraflexi\u00f3n sobre los dedos cuarto y quinto, mientras la mu\u00f1eca se mantiene en desviaci\u00f3n cubital. Este test se considera positivo cuando reproduce el dolor en el sitio de la fractura, se\u00f1alando inestabilidad en dicha zona<sup>18<\/sup>.<\/p>\n<h3>Im\u00e1genes<\/h3>\n<p>La detecci\u00f3n de fracturas del hueso ganchoso mediante radiograf\u00edas convencionales puede ser desafiante, ya que las proyecciones anteroposterior (AP) y lateral frecuentemente no ofrecen una visualizaci\u00f3n adecuada. Por ello, si los s\u00edntomas cl\u00ednicos persisten, es recomendable complementar con estudios adicionales, como la tomograf\u00eda computarizada (TAC). Tambi\u00e9n se sugieren proyecciones oblicuas en pronaci\u00f3n a 45\u00b0 o 15\u00b0, o bien una proyecci\u00f3n en supinaci\u00f3n con la mu\u00f1eca en dorsiflexi\u00f3n<sup>17<\/sup>.<\/p>\n<p>Debido a la dificultad para visualizar el gancho del ganchoso con radiograf\u00edas tradicionales, se recomienda utilizar proyecciones espec\u00edficas. Entre las m\u00e1s \u00fatiles se encuentran la vista del t\u00fanel carpiano, la proyecci\u00f3n lateral a trav\u00e9s del primer espacio interdigital y las vistas oblicuas en supinaci\u00f3n con la mu\u00f1eca en dorsiflexi\u00f3n<sup>18<\/sup>.<\/p>\n<h3>Tratamiento<\/h3>\n<p>Cuando la fractura involucra el cuerpo del hueso ganchoso y est\u00e1 acompa\u00f1ada de fracturas o luxaciones carpometacarpianas, generalmente se considera inestable, requiriendo en la mayor\u00eda de los casos una intervenci\u00f3n quir\u00fargica<sup>17<\/sup>.<\/p>\n<p>En cuanto al tratamiento de las fracturas del gancho del ganchoso, la literatura evidencia una elevada tasa de fracaso con el manejo conservador basado en inmovilizaci\u00f3n. En situaciones donde el diagn\u00f3stico es tard\u00edo o existe un desplazamiento claro, la resecci\u00f3n quir\u00fargica del fragmento \u00f3seo es la opci\u00f3n terap\u00e9utica preferida. Esta recomendaci\u00f3n se mantiene incluso en pacientes asintom\u00e1ticos, debido al riesgo de desarrollar pseudoartrosis o rupturas en los tendones flexores de los dedos cuarto y quinto<sup>18<\/sup>.<\/p>\n<p>Se ha documentado que hasta un 83% de los pacientes inicialmente tratados con inmovilizaci\u00f3n terminan requiriendo cirug\u00eda. En contraste, aquellos que reciben intervenci\u00f3n quir\u00fargica desde un inicio suelen presentar mejores resultados funcionales a largo plazo<sup>17<\/sup>.<\/p>\n<h2>Conclusiones<\/h2>\n<p>La detecci\u00f3n precoz de fracturas en las extremidades resulta fundamental para prevenir complicaciones severas y garantizar una recuperaci\u00f3n funcional \u00f3ptima. No obstante, existen fracturas que con alta frecuencia pueden pasar desapercibidas en las radiograf\u00edas convencionales iniciales, lo que conlleva un retraso en el diagn\u00f3stico y en la implementaci\u00f3n del tratamiento adecuado. Por esta raz\u00f3n, es crucial que el personal cl\u00ednico mantenga un elevado grado de sospecha ante la presencia de s\u00edntomas sugestivos y recurra a t\u00e9cnicas de imagen complementarias cuando sea pertinente. Un conocimiento exhaustivo de las caracter\u00edsticas cl\u00ednicas y radiol\u00f3gicas espec\u00edficas de las fracturas que habitualmente no se visualizan en las primeras im\u00e1genes contribuye a mejorar la precisi\u00f3n diagn\u00f3stica y a optimizar los resultados terap\u00e9uticos. Las fracturas de Lisfranc, quinto metatarsiano, cabeza del radio, calc\u00e1neo, escafoides, navicular y ganchoso, son tan solo ejemplos de las fracturas que pueden no ser vistas ante una exploraci\u00f3n no orientada y teniendo \u00fanicamente radiograf\u00edas simples a mano. En conclusi\u00f3n, un enfoque integral y multidisciplinario es indispensable para reducir las secuelas y favorecer la calidad de vida de los pacientes afectados. Por lo tanto, como se mencion\u00f3; la valoraci\u00f3n cl\u00ednica siempre debe tomar prioridad y la sospecha diagn\u00f3stica debe persistir hasta completar los estudios con la sensibilidad adecuada, el personal m\u00e9dico debe siempre tomar en consideraci\u00f3n que las radiograf\u00edas simples no tienen una sensibilidad fija para todas las fracturas.<\/p>\n<h2><strong><a href=\"https:\/\/www.revista-portalesmedicos.com\/revista-medica\/?attachment_id=81878\" rel=\"attachment wp-att-81878\">ANEXO<\/a><\/strong><\/h2>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p>1. Lata OJY, Haro JES, Mora DAV, Fonseca FJB. Medidas radiol\u00f3gicas en fracturas de lisfranc. Revista cient\u00edfica mundo de la Investigaci\u00f3n y el Conocimiento. 2022;6(3): 1\u20139.<\/p>\n<p>2. Alvaro Vera-Alarc\u00f3n, F\u00e9lix Montesinos-Zavaleta, Ricardo Cerna-Horna, Samuel Orozco-De-Iraola. Luxofractura de Lisfranc compleja: Reporte de dos casos y revisi\u00f3n. Rev Chil Ortop Traumatol. 2024;65(2): 1\u20138.<\/p>\n<p>3. Marcos Fern\u00e1ndez, Ignacio Pagano , Mar\u00eda Elena P\u00e9rez. Fractura de astr\u00e1galo asociado a fractura del cuboides en un ni\u00f1o de 9 a\u00f1os: reporte de caso. ANFAMED ISNN-e: 2301-1254. 2023;10(2): 1\u20136.<\/p>\n<p>4. Alejandro Azziz, Paola Filomeno. Fracturas de astr\u00e1galo y cuello de pie, una asociaci\u00f3n lesional poco frecuente. Revisi\u00f3n sistematica bibliogr\u00e1fica a prop\u00f3sito de un caso. Revista tobillo. 2018;10(2): 1\u201310.<\/p>\n<p>5. Alberto Macklin Vadell, Enzo Sperone, Andr\u00e9s Bigatti, Mat\u00edas Iglesias, Yanser Atilmis, Mart\u00edn Rofrano, Iv\u00e1n Torterola, Jos\u00e9 Ortega Galvis. Fracturas graves del cuello del astr\u00e1galo. An\u00e1lisis del tratamiento en 20 casos. Asoc Argent Ort. 2022;87(1): 1\u20138.<\/p>\n<p>6. Alfredo Mart\u00edn Acosta Inguanzo, L\u00e1zaro Gonz\u00e1lez Robaina, Manuel Gonz\u00e1lez Reina, H\u00e9ctor Blanco Placencia. FRACTURA-LUXACI\u00d3N DE ASTR\u00c1GALO. A PROP\u00d3SITO DE UN CASO. Revista electr\u00f3nica biom. 2007;1: 1\u20137.<\/p>\n<p>7. Edgar Fabricio Rosales Soto, Byron Fabi\u00e1n Pinos Reyes, F\u00e9lix Marcelo Uyaguari Guerra, Reyna Rebeca Choez Chilan, Walter Javier D\u00edaz Rogel, Karen Selena S\u00e1nchez Valladolid. MANEJO QUIR\u00daRGICO DE FRACTURAS DEL METATARSO, A PROP\u00d3SITO DE UN CASO. Revista Cient\u00edfica Multidiciplinar ISSN 2707-2207\/ ISSN 2707-2215. 2024;8(3): 1\u201310.<\/p>\n<p>8. Gil Monz\u00f3 ER, Coll AD, Baile A. Fracturas del 5to Metatarsiano. Sociedad Espa\u00f1ola de Medicina y Cirug\u00eda del pie y tobillo. 2020;1(1): 1\u201320.<\/p>\n<p>9. Lucas y Hernandez M. Helix-Giordanino O. Laffen\u00eatre J. Fracturas del calc\u00e1neo. EMC apa. 2021;54(1): 1\u201312.<\/p>\n<p>10. GONZ\u00c1LEZ ANDREU S, SOLAZ ESTEVAN J, FAYOS JORD\u00c1N JL, NAVARRO GIMENO JR, CARRATAL\u00c1 P\u00c9REZ C. Evaluaci\u00f3n, tratamiento, complicaciones y controversias de las fracturas de calc\u00e1neo. Revisi\u00f3n de la literatura. Revista Espa\u00f1ola de cirugia Osteoarticular. 2022;57(1): 1\u20139.<\/p>\n<p>11. Lauryn Bonbodet, Gladys Faure, Yanis Morvan. Valoraci\u00f3n y abordaje terap\u00e9utico postquir\u00fargico de las fracturas del escafoides en deportistas. [Espa\u00f1a]: Escuela Universitaria Gimbernat y Tom\u00e0s Cerd\u00e0; 2024: 1-52.<\/p>\n<p>12. Abril BM, Abril \u00c1M, Sevilla SMM, Gil MA, Hern\u00e1ndez SB, Fuertes JA. Fractura de escafoides art\u00edculo monogr\u00e1fico. Revista Sanitaria de Investigaci\u00f3n. 2024;5(9):1\u201312.<\/p>\n<p>13. Paula Andrea Vindas Hern\u00e1ndez, Diego Eduardo Gonz\u00e1lez Arrieta, Lorna San Lee Ruiz. Generalidades de las fracturas de escafoides: Reporte de un caso. revista m\u00e9dica sinergia. 2020;5(11): 1\u201317.<\/p>\n<p>14. N. Denia Alarc\u00f3n, C. Medrano N\u00e1jera, J. Cebolla Tos\u00e1n. Fracturas del extremo proximal de c\u00fabito y radio. Revista espa\u00f1ola tra. 2021;4(2): 1\u201313.<\/p>\n<p>15. Santiago Vinicio Calva Valverde, Kevin Stalin Guerrero Nejer, Dennys Fernando Mendez Rivera, Michelle Alexander Calder\u00f3n Soto, Jhandry Cabrera Ch\u00e1vez. CLASIFICACI\u00d3N Y MANEJO DE LAS FRACTURAS DE C\u00daPULA RADIAL, A PROP\u00d3SITO DE UN CASO. Revista cient\u00edfica multidisciplinar- ISSN 2707-2207\/ ISSN 2707-2215. 2024;8(1): 1\u201311.<\/p>\n<p>16. Fragua CS. Valoraci\u00f3n cl\u00ednico-radiol\u00f3gica y complicaciones de las pr\u00f3tesis de cabeza radial. [Santander, Espa\u00f1a ]: FACULTAD DE MEDICINA UNIVERSIDAD DE CANTABRIA; 2023: 1-46.<\/p>\n<p>17. J.M. Sarabia Cond\u00e9s, L. Iba\u00f1ez Mart\u00ednez, M.A. S\u00e1nchez Carrasco, F.J. Carrillo Julia, E.L. Salmer\u00f3n Mart\u00ednez. Fracturas del ganchoso. Revista espa\u00f1ola orto. 2015;59(5): 1\u20138.<\/p>\n<p>18. Elkin Lozano, Luis Carlos D\u00edaz, Gabriel Fletscher Covaleda. Fractura del gancho del ganchoso: Reporte de casos. rev col or tra. 2012;27(1): 1\u20135.<\/p>\n<p><strong>Declaraci\u00f3n de buenas pr\u00e1cticas:<\/strong><br \/>\nLos autores de este manuscrito declaran que:<br \/>\nTodos ellos han participado en su elaboraci\u00f3n y no tienen conflictos de intereses<br \/>\nLa investigaci\u00f3n se ha realizado siguiendo las Pautas \u00e9ticas internacionales para la investigaci\u00f3n relacionada con la salud con seres humanos elaboradas por el Consejo de Organizaciones Internacionales de las Ciencias M\u00e9dicas (CIOMS) en colaboraci\u00f3n con la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud (OMS).<br \/>\nEl manuscrito es original y no contiene plagio.<br \/>\nEl manuscrito no ha sido publicado en ning\u00fan medio y no est\u00e1 en proceso de revisi\u00f3n en otra revista.<br \/>\nHan obtenido los permisos necesarios para las im\u00e1genes y gr\u00e1ficos utilizados.<br \/>\nHan preservado las identidades de los pacientes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lesiones en Extremidades: Una Serie de Fracturas que pueden Pasarse por Alto en Radiograf\u00edas Simples Autor principal: Kevin Naranjo Chaves Vol. XX; 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