Autor principal: Mario Martínez Toribio
Vol. XXI; nº 06; 77
CASO CLÍNICO
Espondilodiscitis como diagnóstico diferencial del dolor lumbar en el paciente geriátrico: a propósito de un caso
Spondylodiscitis as a differential diagnosis of low back pain in geriatric patients: a case report
Mario Martínez Toribio, Josefa Pérez Martínez, Meritxell Bravo Maria, Beatriz Cortina Cabrerizo
Incluido en Revista Electrónica de PortalesMedicos.com, Volumen XXI. Número 06 – Segunda quincena de Marzo de 2026 – Página inicial: Vol. XXI; nº 06; 77 – DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0077 – Cómo citar este artículo
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Resumen
La espondilodiscitis es una infección poco frecuente de la columna vertebral cuya incidencia está aumentando debido al envejecimiento poblacional y al incremento de comorbilidades y procedimientos invasivos. En el paciente geriátrico, su diagnóstico representa un desafío por la presentación clínica inespecífica y el frecuente retraso diagnóstico. Se presenta el caso de un varón de 86 años, con antecedentes de cirugía lumbar reciente y múltiples comorbilidades, que consultó por dolor lumbar persistente de meses de evolución y deterioro funcional progresivo. Ante la escasa respuesta al tratamiento analgésico y los antecedentes quirúrgicos, se amplió el estudio mediante resonancia magnética y gammagrafía ósea, que confirmaron una espondilodiscitis lumbar. Tras estudio microbiológico y valoración por la unidad especializada, se instauró tratamiento antibiótico dirigido durante seis semanas, con evolución favorable y recuperación del estado funcional previo. El artículo destaca la importancia de mantener un alto índice de sospecha ante lumbalgia persistente en el anciano, realizar un diagnóstico precoz apoyado en pruebas de imagen —especialmente resonancia magnética— y adaptar el tratamiento a las características del paciente geriátrico para evitar complicaciones graves y deterioro funcional.
Palabras clave
Espondilodiscitis; osteomielitis vertebral; lumbalgia; anciano; infecciones de la columna vertebral
Abstract
Spondylodiscitis is a rare spinal infection whose incidence is increasing due to population aging, greater prevalence of comorbidities, and the widespread use of invasive procedures. In geriatric patients, diagnosis is particularly challenging because of nonspecific symptoms and frequent diagnostic delay. This article presents the case of an 86-year-old man with multiple comorbidities and recent lumbar surgery who developed persistent low back pain and progressive functional decline. Due to poor response to analgesic treatment and his surgical history, further evaluation with magnetic resonance imaging and bone scintigraphy was performed, confirming lumbar spondylodiscitis. After microbiological assessment and specialist consultation, targeted antibiotic therapy was administered for six weeks, leading to clinical improvement and recovery of baseline functional status. The report emphasizes the need for a high index of suspicion in elderly patients with persistent low back pain, early diagnosis supported by imaging—particularly MRI—and individualized management to prevent severe complications and functional deterioration.
Keywords
Spondylodiscitis; osteomyelitis; low back pain; aged; spinal infections
Introducción
La columna vertebral, por su amplia vascularización, es asiento frecuente de focos secundarios de sepsis, siendo la localización del 2-7% de todas las osteomielitis. La espondilodiscitis u osteomielitis vertebral es una infección de la columna vertebral. Si el disco intervertebral está infectado, se denomina discitis; si es el platillo epifisario, osteomielitis o espondilitis, aunque lo habitual es que, en el momento del diagnóstico, ambos estén infectados, por lo que se emplea el término de espondilodiscitis. Además, pueden desarrollar abscesos epidurales y prevertebrales. En el 95% de los casos, la espondilodiscitis afecta al cuerpo vertebral.
Es una infección poco frecuente que afecta a las vértebras y los espacios intervertebrales. La incidencia anual en los países desarrollados es de 0,5-2,5 casos/100.000 habitantes, aunque está aumentando su prevalencia por la mayor esperanza de vida de la población, el aumento de enfermedades inmunosupresoras, y el uso de técnicas invasivas que pueden generar bacteriemia. La mortalidad estimada en los países desarrollados es del 2-4%. La distribución por edad es bimodal, siendo el primer pico en menores de 20 años, sobre todo en infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana e inmigrantes, sin diferencias según sexo. Y el segundo pico, a los 50-70 años, representando el 3-5% de los casos de todas las osteomielitis.
Es más frecuente en varones debido al aumento de las enfermedades crónicas. Los factores predisponentes suelen asociarse con la existencia de un foco infeccioso o una bacteriemia previa, diabetes mellitus, insuficiencia renal crónica, hemodiálisis, trasplante renal, inmunodepresión, antecedentes de cirugía vertebral o de neoplasias, consumo de drogas por vía parenteral, portadores de catéteres epidurales o vasculares, infección por VIH/sida, edad avanzada, tratamiento crónico con esteroides, alcoholismo, cirrosis hepática, fibrosis pulmonar, enfermedades reumatológicas, obesidad con un índice de masa corporal mayor de 30, infección tuberculosa en otro órgano o reactivación de un foco latente, entre otras.
Clásicamente, se han descrito tres formas clínicas: 1) Hematógena, secundaria a infecciones de origen extraespinal; 2) Posquirúrgica o postraumática, por inoculación directa de bacterias tras cirugía o traumatismo vertebral; 3) Por contigüidad, por extensión a la columna vertebral de procesos infecciosos de vecindad.
Aunque el espectro microbiológico es muy amplio, predominan las infecciones piógenas producidas por Staphylococcus aureus, y son menos frecuentes formas específicas como la tuberculosa o la brucelar, que continúan siendo una etiología común en nuestro país. Desde el tejido vertebral la infección puede extenderse y producir graves complicaciones, como absceso epidural o compresión medular.
En el caso de los pacientes geriátricos, esta condición presenta desafíos adicionales debido a su sistema inmunológico debilitado y la presencia de comorbilidades.
Características clínicas
Las manifestaciones clínicas son muy inespecíficas. Suele cursar con un inicio insidioso, de modo que el diagnóstico suele retrasarse, sobre todo en la espondilodiscitis tuberculosa, lo que empeora el pronóstico. Este retraso diagnóstico favorece la progresión de la infección, con destrucción de la vértebra y del disco, pudiendo ocasionar el colapso vertebral, cifosis, inestabilidad espinal y compresión de la médula espinal. También puede organizarse un absceso epidural (que comprime el cordón medular) o en el psoas (ocasionando dolor y contractura de la pierna y la cadera). En estadios avanzados, puede haber complicaciones neurológicas por compresión medular (por restos óseos, tejido de granulación o abscesos epidurales) o por isquemia espinal (por trombosis séptica de venas epidurales o infiltración inflamatoria). El síntoma más común es el dolor espinal (presente en el 85-90% de los casos), con el que a menudo debuta el cuadro clínico. El dolor suele ser insidioso, crónico, de carácter inflamatorio, que aumenta con el movimiento y no se alivia con el reposo. La fiebre (>38°C) está presente en menos del 20% de los pacientes y es más frecuente en la espondilodiscitis piógena (48% de los casos).
En pacientes geriátricos la inespecificidad de los síntomas aún es más marcada. Los signos comunes incluyen dolor de espalda persistente, debilidad muscular, pérdida de peso inexplicada y fiebre de origen desconocido. Estos síntomas pueden ser atribuidos a otras afecciones relacionadas con la edad, lo que lleva a retrasos en el diagnóstico.
Diagnóstico
El diagnóstico se basa en criterios clínicos, de laboratorio, microbiológicos, histopatológicos y radiológicos. Los parámetros de laboratorio más útiles para el diagnóstico y el seguimiento de la respuesta al tratamiento son la velocidad de sedimentación globular (VSG) y la proteína C reactiva (PCR). La PCR está elevada en más del 90% de las espondilodiscitis y es más específica que la VSG; se considera el mejor marcador de respuesta al tratamiento y su descenso es más rápido que el de la VSG.
Antes del inicio del tratamiento antibiótico deben obtenerse muestras para urocultivo y hemocultivo, puesto que el 60% de los hemocultivos identifican al patógeno. Sin embargo, si son negativos, hay que realizar biopsia para obtener material para su estudio microbiológico. La biopsia percutánea guiada con tomografía computarizada o con fluoroscopia es superior a los hemocultivos en la detección del microorganismo. Es la técnica de elección en el diagnóstico de las lesiones espinales de origen dudoso, con resultados positivos en más del 90% de los casos.
En cuanto a las pruebas de imagen, debe solicitarse radiografía simple a todo paciente con sospecha de infección espinal. Se han descrito retrasos de entre 2 y 8 semanas desde el inicio de la infección y los hallazgos en radiología simple, por lo que ante un dolor persistente (aun sin desencadenante) y con radiología normal deberían solicitarse pruebas más específicas. La RMN es la prueba más sensible y específica en la detección temprana, considerándose el gold standard en la detección de infecciones espinales.
Diagnóstico diferencial en la lumbalgia en el paciente geriátrico
La lumbalgia es una queja común en la población geriátrica, y el diagnóstico diferencial de esta condición puede ser especialmente desafiante debido a la presencia de múltiples factores que contribuyen al dolor de espalda en los pacientes de edad avanzada. Entre las causas subyacentes menos frecuentes pero significativas de lumbalgia en este grupo de pacientes se encuentra la espondilodiscitis, una infección de la columna vertebral.
El diagnóstico diferencial de lumbalgia en pacientes geriátricos debe abordar diversas causas, como enfermedades degenerativas de la columna vertebral, fracturas vertebrales osteoporóticas, enfermedad neoplásica y procesos infecciosos, incluyendo la espondilodiscitis. Para distinguir la espondilodiscitis de otras condiciones, se requiere una evaluación exhaustiva que incluya historia clínica detallada, examen físico, pruebas de laboratorio y pruebas de diagnóstico por imágenes. Las pruebas de laboratorio, como los análisis de sangre y los marcadores inflamatorios, pueden ayudar a identificar signos de infección sistémica. Además, las imágenes de la columna vertebral, como la resonancia magnética, son esenciales para detectar cambios inflamatorios en los cuerpos vertebrales y los discos intervertebrales, así como para descartar otras patologías.
Por lo tanto, los médicos deben tener un alto índice de sospecha y considerar la realización de pruebas de diagnóstico adecuadas en pacientes geriátricos con lumbalgia persistente o síntomas sistémicos.
Tratamiento
Los objetivos del tratamiento de la osteomielitis vertebral son controlar el dolor, mantener la estabilidad raquídea, impedir o revertir el déficit neurológico, corregir la deformidad sintomática, erradicar la infección y evitar la recidiva.
En general, el tratamiento es conservador (antibioterapia e inmovilización), si las manifestaciones clínicas son escasas, la destrucción vertebral es mínima o los riesgos de la intervención quirúrgica son demasiado elevados. El tratamiento quirúrgico está reservado a los casos de secuestros, colecciones supuradas, compresión de estructuras neurológicas que no ceden con el tratamiento médico o para estabilizar la columna.
La antibioterapia empírica inicial se selecciona de acuerdo a la sospecha etiológica existente, debiendo adaptarse posteriormente al microorganismo aislado.
El reposo absoluto en cama se mantendrá hasta que el enfermo esté asintomático y se normalicen los parámetros de actividad inflamatoria. Para control del dolor se puede utilizar corsés termoplásticos. Una vez estabilizado, la movilización de los miembros se efectuará primero en forma pasiva y luego activa.
Tratamiento antimicrobiano empírico
Consideraciones generales:
A. El tratamiento empírico inmediato de la osteomielitis vertebral solo está indicado en las siguientes circunstancias: 1) déficit neurológico; 2) inestabilidad hemodinámica; 3) colección/absceso o fenómenos vasculares o embólicos. En el resto de situaciones se intentará esperar a disponer de resultados.
B. Antes de administrar la primera dosis de antimicrobiano realizar siempre una tanda de hemocultivos, dado que la causa más frecuente de osteomielitis vertebral con hemocultivos negativos es la administración previa de antimicrobianos.
C. Se debe recordar ajustar los antibióticos al peso, función renal o hepática, forma de eliminación e interacciones con tratamientos crónicos de base.
D. Pautas antimicrobianas según perfil de paciente:
- Inmunocompetente sin antecedentes: Cefazolina + rifampicina. Alternativa: ciprofloxacino + rifampicina.
- Inmunodeprimido, UDVP, portador de catéteres vasculares, prótesis o material de osteosíntesis, herida punzante planta de pie: Vancomicina + ceftazidima +/- rifampicina. Alternativa: daptomicina + ciprofloxacino. En sospecha de Enterobacterias BLEE o uso de fluorquinolonas en los 3 últimos meses se puede cambiar por meropenem.
- Úlcera de decúbito, isquemia, mordedura u odontógena: Ceftriaxona + clindamicina. Alternativa: ciprofloxacino + clindamicina.
Dosificación: cefazolina 2 g/iv/8 h; ceftriaxona 1 g/iv/12 h; ceftazidima 1 g/iv/8 h; vancomicina 15-20 mg/kg/8-12 h/iv tras primer bolo de 20 mg/kg; daptomicina 10 mg/kg/d iv; ciprofloxacino 400 mg/iv/12 h; meropenem 1 g/iv/8 h; clindamicina 600 mg/iv/8 h; rifampicina 600 mg/iv/24 h.
Tratamiento antimicrobiano dirigido
En el caso de disponer del germen responsable, el tratamiento médico debe basarse en los resultados microbiológicos y consiste en la administración de antibiótico intravenoso entre 4-6 semanas, seguida de administración oral durante un tiempo variable (habitualmente otras 4-6 semanas) en función de la respuesta clínica, la susceptibilidad del germen, el estado inmunológico del paciente, los estudios de imagen y los cambios en la PCR.
El pronóstico ha mejorado mucho en las últimas décadas, siendo la mortalidad por infección vertebral en los países desarrollados menor del 5%. Sin embargo, las secuelas neurológicas permanentes, que son infrecuentes, resultan devastadoras. Determinadas situaciones empeoran el pronóstico, como la edad avanzada, la infección cervical o dorsal, la diabetes y las cardiopatías crónicas.
Consideraciones especiales en pacientes geriátricos
La edad avanzada conlleva factores adicionales a tener en cuenta en el manejo de la espondilodiscitis. Los cambios fisiológicos relacionados con la edad, la fragilidad, la polifarmacia y las comorbilidades pueden afectar la elección del tratamiento y la respuesta a la terapia. Además, los pacientes geriátricos son más propensos a sufrir complicaciones, como insuficiencia renal, tromboembolismo venoso y deterioro funcional, lo que requiere una atención especializada y un seguimiento cercano.
Presentación del caso
Paciente de 86 años, varón, derivado al servicio de PADES por dolor lumbar de meses de evolución, que aparece tras intervención quirúrgica a nivel lumbar.
Antecedentes personales: no presenta alergias medicamentosas. Dislipemia, osteoporosis, HBP, gonartrosis bilateral, TVP (actualmente anticoagulado), y hernias discales (con reciente intervención quirúrgica en clínica privada).
En tratamiento con: acenocumarol según pauta, atarax 25 mg, teriparatida, simvastatina 10 mg, tamsulosina 0,4 mg y omeprazol 20 mg. Recientemente inicia fentanil transcutáneo.
A nuestra primera valoración el paciente presenta un estado general conservado, consciente y orientado. Verbaliza que lo que más le molesta es el dolor a nivel lumbar, con irradiación en cinturón hacia zona anterior del abdomen. Se valora la cicatriz lumbar de la intervención previa, sin signos de infección. No presenta clínica neurológica. El paciente es capaz de deambular, a pesar del dolor, con ayuda de un caminador. Alto componente emocional, con cuadros de angustia. El paciente vive con una cuidadora 24 h al día, con supervisión por parte de la hija.
Inicialmente, se modifica medicación, dada la mala tolerancia al fentanilo en parches, iniciando tapentadol oral, a dosis de 25 mg/12 h.
En reposo la clínica mejoró, pero el dolor ante cualquier movilización empeoraba. Progresiva pérdida de funcionalidad, debido al control parcial del dolor. Dados los antecedentes quirúrgicos, y la poca mejoría, se sospechó en otras causas menos frecuentes, como pudiera ser una espondilodiscitis. Se solicitó ingreso en la unidad de subagudos del Servicio de Geriatría del H. U. Santa Maria de Lleida para finalizar el estudio. Se solicitó:
a) RMN lumbar (Imágenes 1, 2 y 3) que informa de: presencia de colección intracorporal en L2 con irregularidad de plataformas vertebral en margen anterior, hiperseñal del disco en secuencia T2 de los discos L1-L2-L3; se identifican pequeñas colecciones en psoas derecho a nivel de L2-L3; los hallazgos RM son compatibles con osteonecrosis vertebral con probable espondilodiscitis, aconsejando completar estudio con gammagrafía ósea para confirmar diagnóstico; cambios osteodegenerativos en articulaciones interapofisarias lumbares; estenosis de los diámetros del canal óseo lumbar con probable compromiso de las raíces especialmente en L4-L5; deformación de forámenes de conjunción.
b) Una gammagrafía ósea (Imagen 4), informada como: espondilodiscitis L1-L2; espondiloartrosis severa cervical y región lumbar; signos de artropatía degenerativa en las localizaciones descritas.
c) Estudio de punción: cultivo bacteriológico donde se aíslan escasas colonias de flora mixta gram positivo; cultivo bacteriológico anaerobio negativo.
Tras consulta con UFIN (Unidad Funcional de Infección Nosocomial), se recomienda iniciar tratamiento con levofloxacino 500 mg al día y rifampicina 600 mg al día, durante 6 semanas, vía oral. Fue dado de alta a domicilio.
Tras varias visitas a domicilio y ajustar a la baja la dosis de fentanilo transcutáneo, el paciente mejoró, recuperando su estado funcional previo.
Discusión
La espondilodiscitis es una infección poco frecuente de la columna vertebral cuyo diagnóstico continúa siendo un reto clínico, especialmente en pacientes de edad avanzada. La presentación clínica suele ser insidiosa e inespecífica, lo que favorece retrasos diagnósticos y puede conducir a complicaciones graves como abscesos epidurales, inestabilidad vertebral o déficit neurológico. En la literatura se describe que el síntoma predominante es el dolor vertebral persistente, presente en hasta el 85-90% de los casos, mientras que la fiebre aparece en menos del 50% de los pacientes, lo que dificulta su identificación en fases iniciales (3, 6).
En el paciente geriátrico, este retraso diagnóstico puede ser aún mayor debido a la presencia de múltiples comorbilidades, polifarmacia y patologías degenerativas de la columna que pueden enmascarar la sintomatología. En este contexto, la lumbalgia crónica suele atribuirse inicialmente a causas degenerativas u osteoarticulares, lo que retrasa la realización de pruebas de imagen avanzadas. Diversos estudios han señalado que la espondilodiscitis debe considerarse dentro del diagnóstico diferencial de la lumbalgia persistente en pacientes mayores, especialmente cuando existe antecedente de cirugía vertebral, infección previa o falta de respuesta al tratamiento analgésico convencional (7, 8).
El caso presentado ilustra varios de estos aspectos. El paciente presentaba factores predisponentes descritos en la literatura, como edad avanzada y antecedente reciente de cirugía lumbar, circunstancia que puede favorecer la inoculación directa de microorganismos o bacteriemias secundarias (6, 7). La aparición de dolor lumbar persistente tras la intervención, con deterioro progresivo de la funcionalidad, motivó la ampliación del estudio diagnóstico.
Desde el punto de vista diagnóstico, la resonancia magnética constituye la prueba de imagen de elección para la detección de espondilodiscitis, permitiendo identificar de forma precoz cambios inflamatorios en los cuerpos vertebrales y en los discos intervertebrales, así como posibles complicaciones como abscesos paravertebrales o epidurales (3, 6). En nuestro caso, la resonancia magnética mostró alteraciones compatibles con infección vertebral y pequeñas colecciones en el músculo psoas, hallazgos posteriormente confirmados mediante gammagrafía ósea.
En relación con el diagnóstico microbiológico, la identificación del microorganismo responsable no siempre es posible. Aunque los hemocultivos permiten detectar el patógeno en aproximadamente el 50-60% de los casos, en ocasiones los cultivos pueden resultar negativos o mostrar flora mixta, especialmente si el paciente ha recibido antibióticos previamente. En estos casos, la correlación clínica y radiológica adquiere especial relevancia para orientar el tratamiento (3).
Respecto al tratamiento, la antibioterapia prolongada constituye el pilar fundamental del manejo, habitualmente durante un periodo de entre 6 y 12 semanas, ajustándose posteriormente al microorganismo aislado y a la evolución clínica del paciente. El tratamiento quirúrgico queda reservado para situaciones específicas, como déficit neurológico, inestabilidad vertebral, fracaso del tratamiento conservador o presencia de abscesos extensos (6, 9).
En el caso descrito, el manejo conservador con antibioterapia dirigida durante seis semanas, junto con el control del dolor y seguimiento clínico estrecho, permitió una evolución favorable y la recuperación del estado funcional previo del paciente. Este resultado coincide con lo descrito en otras series clínicas, donde el tratamiento conservador es eficaz en la mayoría de los pacientes sin complicaciones neurológicas (6, 7).
En conclusión, este caso subraya la importancia de mantener un alto índice de sospecha de espondilodiscitis ante la presencia de lumbalgia persistente en pacientes geriátricos, especialmente cuando existen factores predisponentes como cirugía vertebral reciente. La realización precoz de pruebas de imagen, particularmente resonancia magnética, y el inicio temprano de tratamiento antibiótico dirigido son fundamentales para mejorar el pronóstico y prevenir secuelas funcionales (3, 6).
Conclusiones
La espondilodiscitis en pacientes geriátricos es una condición clínica que merece una atención especial debido a las características propias de esta población. El diagnóstico temprano y el manejo adecuado son fundamentales para mejorar los resultados en estos pacientes. La colaboración entre diferentes especialidades médicas y un enfoque individualizado son esenciales para brindar un cuidado integral a los pacientes geriátricos con espondilodiscitis y mejorar su calidad de vida.
Anexos
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Sobre los autores
Mario Martínez Toribio. PADES – Servicio de Geriatría, Hospital Universitario Santa Maria de Lleida, España. ORCID: 0009-0009-8243-1309
Josefa Pérez Martínez. PADES – Servicio de Geriatría, Hospital Universitario Santa Maria de Lleida, España.
Meritxell Bravo Maria. PADES – Servicio de Geriatría, Hospital Universitario Santa Maria de Lleida, España.
Beatriz Cortina Cabrerizo. PADES – Servicio de Geriatría, Hospital Universitario Santa Maria de Lleida, España.
Autor de correspondencia:
Mario Martínez Toribio @
Sobre el artículo
Fecha de recepción: 25 de febrero de 2026
Fecha de aceptación: 10 de marzo de 2026
Fecha de publicación: 19 de marzo de 2026
DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0077
Conflictos de interés: ninguno
Consentimiento informado: Caso clínico elaborado exclusivamente con datos clínicos anonimizados, sin incluir información identificativa del paciente ni imágenes que permitan su reconocimiento. El estudio se realizó respetando los principios éticos de confidencialidad, de acuerdo con la normativa vigente en protección de datos y con los principios de la Declaración de Helsinki.
Financiación: ninguna
Declaración ética: Los autores declaran que este trabajo se ha realizado de acuerdo con los principios éticos y las normas internacionales de investigación biomédica, respetando los criterios de confidencialidad, integridad científica y buenas prácticas editoriales.
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