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Bienestar en los profesionales de la salud

Autora principal: Ana Patricia Angulo Vega

Vol. XXI; nº 7; 109

REVISIÓN

Bienestar en los profesionales de la salud

Well-being in Healthcare Professionals

Ana Patricia Angulo Vega, Greta Fernanda Gaxiola Colado, Valentín Trujillo Rentería

Incluido en Revista Electrónica de PortalesMedicos.com, Volumen XXI. Número 07 – Primera quincena de Abril de 2026 – Página inicial: Vol. XXI; nº 7; 109 – DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0109Cómo citar este artículo

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Resumen

El bienestar de los profesionales de la salud es un tema de creciente importancia a nivel global, especialmente tras la pandemia por COVID-19, debido a su impacto en la calidad de vida del personal sanitario y en la atención al paciente. El objetivo de este estudio fue analizar los factores que afectan la salud mental, sus manifestaciones clínicas y estrategias de intervención. Se realizó una revisión bibliográfica en bases de datos como SciELO y BVSALUD, incluyendo literatura publicada entre 2018 y 2025. Se identificaron como principales causas las presiones cotidianas, pérdidas, traumas, problemas físicos y cambios sociales. Entre los síntomas destacan ansiedad, depresión, insomnio y enojo. Asimismo, se abordó el síndrome de burnout, caracterizado por agotamiento emocional, despersonalización y bajo desempeño laboral. Finalmente, se revisaron estrategias como políticas de salud ocupacional y programas de autocuidado. Se concluye que es necesario un enfoque integral para preservar la salud mental del personal sanitario.

Palabras clave

Bienestar; profesionales de la salud; salud mental; burnout; estrés laboral; ansiedad; depresión.

Abstract

The well-being of healthcare professionals has become a global concern, especially after the COVID-19 pandemic, due to its impact on both quality of life and patient care. This study aimed to analyze factors affecting mental health, clinical manifestations, and intervention strategies. A bibliographic review was conducted using databases such as SciELO and BVSALUD, including literature published between 2018 and 2025. Main causes identified included daily stressors, loss, trauma, physical conditions, and social changes. Common symptoms were anxiety, depression, insomnia, and anger. Burnout syndrome was also addressed, characterized by emotional exhaustion, depersonalization, and reduced job performance. Additionally, strategies such as occupational health policies and self-care programs were reviewed. It is concluded that a comprehensive approach is necessary to protect the mental health of healthcare professionals and ensure quality care.

Keywords

Well-being; healthcare professionals; mental health; burnout; occupational stress; anxiety; depression.

1. Introducción

El bienestar de los profesionales de la salud se ha convertido en una preocupación creciente a nivel global, especialmente tras el impacto de la pandemia por COVID-19. Esta problemática afecta no solo la calidad de vida del personal sanitario, sino también la eficiencia y seguridad de los servicios que prestan. Estudios recientes señalan un aumento significativo en trastornos como el estrés, la ansiedad, el agotamiento emocional y el síndrome de burnout entre médicos, enfermeras y otros trabajadores del ámbito clínico. Estos factores no solo deterioran la salud mental y física del personal, sino que también influyen directamente en la calidad del cuidado brindado a los pacientes.

2. Metodología

Se llevó a cabo una revisión bibliográfica con enfoque de análisis documental centrada en el estudio del bienestar en los profesionales de la salud. La búsqueda se realizó en bases académicas como SciELO y BVSALUD, y se complementó con literatura científica disponible en plataformas digitales. También se consideraron documentos de organismos especializados como la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Fundación Galatea y el Instituto Valenciano de Seguridad y Salud en el Trabajo (INVASSAT), así como publicaciones en revistas reconocidas como Revista Brasileira de Enfermagem, Enfermería Clínica, Gaceta Sanitaria y Enfermería Global.

Se incluyeron artículos en español e inglés publicados entre enero de 2018 y febrero de 2025, con información relevante sobre salud mental, estrés laboral, burnout, factores psicosociales y condiciones laborales del personal sanitario. Se priorizaron estudios que ofrecieran enfoques desde la epidemiología, diagnóstico, intervención y prevención del desgaste profesional. Como criterios de exclusión se encuentran revisiones sistemáticas, metaanálisis, cartas al editor, documentos anteriores a 2018 y publicaciones sin rigurosidad científica reconocida.

3. Desarrollo

3.1. Causas de los problemas de salud mental

3.1.1. Presiones de la vida diaria

Las actividades y los eventos de la vida diaria generalmente nos ponen bajo presiones que nos causan tensión física y mental. La tensión puede deberse a problemas físicos, como enfermedades o exceso de trabajo. También puede deberse a lo que nos sucede emocionalmente, como el tener conflictos familiares. Aún los eventos que generalmente causan alegría (como el nacimiento de un nuevo bebé o el conseguir un trabajo) pueden producir tensión, puesto que nos cambian la vida.

3.1.2. Las pérdidas y la muerte

Cuando perdemos algo o a alguien que valoramos (a un ser querido, nuestro trabajo, nuestro hogar, o a una amistad muy cercana) es posible que nos sintamos abrumados por la aflicción. Eso también puede suceder si nos enfermamos o desarrollamos alguna discapacidad física. La aflicción es una reacción natural que nos ayuda a adaptarnos a las pérdidas y a la muerte. Sin embargo, si sufrimos de varias pérdidas a la vez, o si sufrimos de mucha presión en nuestra vida diaria, es posible que comencemos a desarrollar problemas de salud mental.

3.1.3. Traumas

Cuando algo terrible nos sucede o le sucede a alguno de nuestros seres queridos, podemos sufrir un trauma. Algunas de las causas más comunes de los traumas son la violencia en el hogar, la violación, la guerra, la tortura y los desastres naturales. Un trauma amenaza nuestro bienestar físico o mental. Como resultado de esto, nos sentimos en peligro, inseguros, impotentes e incapaces de confiar en el mundo o en la gente a nuestro alrededor. Generalmente se requiere mucho tiempo para recuperarse de un trauma, sobre todo si éste fue causado por otra persona, no por la naturaleza. Los traumas que pudimos haber sufrido cuando éramos niños, antes de poder comprender lo que nos estaba sucediendo o de poder hablar de ello, pueden afectarnos durante muchos años sin que nosotros mismos lo sepamos.

3.1.4. Problemas físicos

Algunos problemas de salud mental se deben a problemas físicos, tales como: hormonas y otros cambios en el cuerpo; desnutrición; infecciones, como las de VIH; plaguicidas, herbicidas y químicos industriales; enfermedades del hígado o de los riñones; exceso de medicamentos, o los efectos secundarios de algunos medicamentos; abuso de las drogas y del alcohol; derrames cerebrales, la demencia y las lesiones de la cabeza. Siempre hay que considerar la posibilidad de una causa física cuando tratemos los problemas de salud mental. Recordemos también que los problemas físicos pueden ser una señal de un problema de salud mental.

3.1.5. Cambios en la vida y en la comunidad

En muchas partes del mundo se está forzando a las comunidades a cambiar con demasiada rapidez, ya sea debido a razones económicas o a conflictos políticos. Muchos de esos cambios requieren que las familias y las comunidades alteren por completo su forma de vivir. Por ejemplo, cuando las familias y las comunidades se desbaratan, o cuando la vida cambia tanto que las formas acostumbradas de lidiar con los problemas ya no dan resultado, las personas pueden comenzar a padecer de problemas mentales.

3.2. Síntomas de salud mental

3.2.1. Ansiedad

Es la más común y universal de las emociones, es una reacción de tensión sin causa aparente, más difusa y menos focalizada que los miedos. Clínicamente se define a la ansiedad como el miedo sin saber a qué. El miedo normal es una reacción con componentes psicológicos y corporales. Ambos forman parte de la respuesta normal del individuo, con reacciones necesarias para la supervivencia.

Trastorno de ansiedad generalizada: es aquel tipo de ansiedad en el que el detonante no es un factor tan claro; estas personas que sufren estos ataques de ansiedad no saben exactamente por qué suceden. No son síntomas agudos ni demasiado graves, sino una sensación constante de malestar, y trae como consecuencia principal que la persona viva con miedo.

Trastorno obsesivo-compulsivo: conocido popularmente como TOC, es una forma de ansiedad que se manifiesta con pensamientos ansiosos que influencian nuestro comportamiento. La ansiedad que genera este malestar lleva a la persona a adquirir rituales o realizar acciones compulsivas que, para ella, funcionan para silenciar el estrés.

Ansiedad por separación: abarca todas las sensaciones desagradables que experimentamos a nivel psicológico cuando nos separamos —o imaginamos que lo hacemos— de alguien con quien tenemos una relación muy estrecha. Antes se diagnosticaba solo en niños, aunque ahora se ha demostrado que puede sufrirse a lo largo de toda la vida.

Trastorno de pánico: es aquel tipo de ansiedad en el que la sintomatología no se da de forma constante sino que destaca por presentar episodios muy agudos de malestar emocional y físico, conocidos como ataques de pánico.

Estrés postraumático: esta forma de ansiedad se desarrolla después de que la persona haya experimentado una vivencia emocionalmente estresante. Se manifiesta con pesadillas, irritabilidad, ira y cansancio.

Fobias: son un tipo de ansiedad en el que la exposición —o imaginar esa exposición— a un estímulo genera una fuerte ansiedad cuya principal manifestación es el miedo. Las más típicas son la fobia social y la agorafobia.

Trastorno de angustia: se manifiesta con crisis agudas de angustia que aparecen de forma repentina, a medio camino entre la ansiedad generalizada y el trastorno de pánico.

Ansiedad inducida por sustancias: hay sustancias que, como efecto secundario, inducen fenómenos de ansiedad; ya sea como efecto adverso de su administración o por el síndrome de abstinencia.

Ansiedad por enfermedad: muchas enfermedades físicas, especialmente las de carácter grave y/o crónico, tienen manifestaciones psicológicas, siendo la ansiedad una de las consecuencias más comunes.

Trastorno ansioso-depresivo: mezcla síntomas propios tanto de la ansiedad como de la depresión, aunque sin ser extremos en un sentido ni en el otro, comprometiendo la calidad de vida de la persona.

Trastorno hipocondríaco: la hipocondría es un tipo de ansiedad en el que el malestar emocional deriva de imaginar y llegar a convencernos de que sufrimos una enfermedad, con sugestión tan fuerte que la persona puede sentir manifestaciones físicas sin ninguna patología real.

3.2.2. Depresión

Es un cuadro heterogéneo que se caracteriza por presentar una vulnerabilidad neurobiológica particular y sensibilidad incrementada al ambiente, teniendo el estrés un rol patogénico fundamental. Dentro de sus manifestaciones clínicas, aparece como síntoma principal el profundo estado de malestar experimentado por quien la padece, que de acuerdo con Beck podría entenderse como un sentimiento de desesperanza frente al mundo, hacia el futuro y hacia sí mismo.

Depresión mayor: es el tipo de trastorno depresivo más grave; los episodios depresivos van apareciendo periódicamente en el tiempo y mientras duran, la persona expresa una inmensa apatía.

Distimia: similar a la depresión mayor, aunque la sintomatología es menos grave pero más prolongada en el tiempo, pudiendo prolongarse hasta más de 2 años.

Depresión postparto: hasta el 15% de las mujeres que dan a luz sufren este trastorno durante el primer año después del parto, generalmente con síntomas que desaparecen en unos meses.

Trastorno bipolar: engloba tanto trastornos depresivos como maníacos; además de contar con episodios de depresión mayor, incluye fases de manía caracterizadas por euforia abrupta e hiperactividad.

Depresión estacional: aparece de forma cíclica siempre en una época concreta del año, habitualmente el invierno, con síntomas que se intensifican con la llegada del frío.

Depresión psicótica: además de incluir los síntomas típicos de la depresión, también se manifiesta con signos psicóticos —alucinaciones y delirios— que afectan a la forma de percibir la realidad.

Ciclotimia: la persona pasa por ciclos en cuanto a su estado de ánimo, con posibles síntomas de depresión, ansiedad o manías que tienden a desaparecer a las pocas semanas.

Depresión atípica: se encuentra en la frontera entre la depresión y simples fases de cambio en el estado de ánimo; su principal característica es que los episodios depresivos pueden desaparecer ante la vivencia de sucesos positivos.

3.2.3. Insomnio

Se define como un trastorno del sueño consistente en la imposibilidad para iniciar o mantener el sueño, o de conseguir una duración y calidad de sueño adecuada para restaurar la energía y el estado de vigilia normal. El problema del insomnio se ha asociado a una disminución del rendimiento laboral y un incremento de la tasa de accidentes de automóvil. La CIE-10 requiere para su diagnóstico que la dificultad para iniciar o mantener el sueño dure al menos un mes y que se acompañe de fatiga diurna y deterioro social, laboral o de otras áreas importantes. Se estima que de un 10% a un 15% de la población adulta padece insomnio crónico.

Insomnio crónico: persiste por más de tres meses, ocurriendo mínimamente tres días de la semana, con cansancio, falta de concentración e irritabilidad como consecuencias principales.

Insomnio agudo: ocurre con una duración inferior a tres meses, generalmente causado por síntomas de ansiedad o por el consumo de alguna sustancia.

Insomnio de conciliación: aparece la dificultad en el inicio del sueño, considerándose normal tardar hasta treinta minutos en quedarse dormido.

Insomnio de mantenimiento: surge la dificultad para mantener el sueño a lo largo de la noche, por el despertar frecuente o la imposibilidad de volver a dormir tras un despertar.

Insomnio de despertar precoz: el individuo se despierta antes de la hora que debe, sin poder retomar el sueño.

Insomnio mixto: combinación de los tipos anteriores, por ejemplo, insomnio de conciliación e insomnio de despertar precoz.

Insomnio global: ocurren los tres tipos de insomnio simultáneamente —conciliación, mantenimiento y despertar precoz—, siendo el más grave ya que las horas dormidas son insuficientes.

3.2.4. Enojo

Según la RAE se define como el movimiento del ánimo que suscita ira contra alguien. Según la psicología, es una emoción básica presente en la vida del ser humano y parte de la naturaleza humana. El enojo surge como autodefensa porque en ocasiones es menos amenazante que expresar la tristeza, que resulta más vulnerable ante la sociedad.

Enojo justificable: es tener un sentido de indignación moral ante las injusticias del mundo. Puede tener beneficios a corto plazo, ya que su intensidad puede transformarse en pasión y acciones de cambio, aunque con el tiempo se vuelve inherentemente malsano.

Enojo por molestia: para la mayoría de las personas es el tipo de enojo más común, surgiendo de las frustraciones de la vida diaria. Cuando nos enfocamos en lo negativo y personalizamos las palabras y acciones de otras personas, es fácil experimentarlo regularmente.

Enojo agresivo: suele usarse en situaciones en las que un individuo intenta ejercer dominio, intimidación, manipulación o control sobre otro. Expresado repetidamente, se convierte en bullying, violencia psicológica y abuso emocional.

Berrinches: explosiones desproporcionadas de enojo cuando los deseos y necesidades egoístas de un individuo no se satisfacen, sin importar que tan irracionales e inapropiadas sean. Suelen estar dirigidos hacia aquellos cuyas palabras o acciones no merecen tal furia emocional.

3.3. Síndrome de burnout

El síndrome de burnout (SB) o síndrome de desgaste profesional fue declarado, en el año 2000, por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un factor de riesgo laboral, debido a su capacidad para afectar la calidad de vida, salud mental e incluso poner en riesgo la vida del individuo que lo sufre. Un individuo con SB posiblemente dará un servicio deficiente a los clientes, será inoperante en sus funciones o tendrá un promedio mayor a lo normal de ausentismo, exponiendo a la organización a pérdidas económicas y fallos en la consecución de metas.

La definición más aceptada es la de C. Maslach, que lo describe como una forma inadecuada de afrontar el estrés crónico, cuyos rasgos principales son el agotamiento emocional, la despersonalización y la disminución del desempeño personal. P. Gil-Monte lo define como «una respuesta al estrés laboral crónico integrado por actitudes y sentimientos negativos hacia las personas con las que se trabaja y hacia el propio rol profesional, así como por la vivencia de encontrarse agotado».

3.3.1. Presentación clínica

Se identifican 3 componentes del SB: cansancio o agotamiento emocional (pérdida progresiva de energía, desgaste, fatiga); despersonalización (construcción de una defensa para protegerse de los sentimientos de impotencia, indefinición y frustración); y abandono de la realización personal (el trabajo pierde el valor que tenía para el sujeto).

Dichos componentes se presentan de forma insidiosa, paulatina y cíclica; puede repetirse a lo largo del tiempo, de modo que una persona puede experimentarlos varias veces en diferentes épocas de su vida. Existen varios tipos de manifestaciones como signos de alarma: negación, aislamiento, ansiedad, miedo o temor, depresión (uno de los síntomas más peligrosos ya que puede llevar al suicidio), ira, adicciones, cambios de personalidad, culpabilidad, cargas excesivas de trabajo, cambios en los hábitos de higiene y arreglo personal, cambios en el patrón de alimentación, pérdida de la memoria y desorganización, dificultad para concentrarse y trastornos del sueño.

La clínica del síndrome se esquematiza en cuatro niveles: leve (quejas vagas, cansancio, dificultad para levantarse por la mañana); moderado (cinismo, aislamiento, suspicacia, negativismo); grave (enlentecimiento, automedicación con psicofármacos, ausentismo, abuso de alcohol o drogas); y extremo (aislamiento muy marcado, colapso, cuadros psiquiátricos, suicidios).

3.3.2. Factores de riesgo

  • Componentes personales: la edad (relacionada con la experiencia), el género (las mujeres pueden sobrellevar mejor las situaciones conflictivas en el trabajo), variables familiares (la armonía y estabilidad familiar conservan el equilibrio necesario), personalidad (por ejemplo las personalidades extremadamente competitivas, impatientes, hiperexigentes y perfeccionistas).
  • Inadecuada formación profesional: excesivos conocimientos teóricos, escaso entrenamiento en actividades prácticas y falta de aprendizaje de técnicas de autocontrol emocional.
  • Factores laborales o profesionales: condiciones deficitarias en cuanto al medio físico, entorno humano, organización laboral, bajos salarios, sobrecarga de trabajo, escaso trabajo real de equipo.
  • Factores sociales: como la necesidad de ser un profesional de prestigio a toda costa, para tener una alta consideración social y familiar y así un alto estatus económico.
  • Factores ambientales: cambios significativos de la vida como muerte de familiares, matrimonios, divorcio, nacimiento de hijos.

3.4. Estrategias y propuestas para mejorar el bienestar

3.4.1. Políticas de salud ocupacional y reducción de riesgos

Las políticas de salud ocupacional orientadas a los profesionales de la salud deben centrarse en la identificación, evaluación y mitigación de riesgos psicosociales, físicos y organizacionales en el entorno laboral. Estas políticas incluyen protocolos para la prevención del agotamiento profesional, programas de vigilancia epidemiológica, y medidas para mejorar la ergonomía, seguridad e higiene en el lugar de trabajo. Instituciones como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiendan integrar la salud mental en los sistemas de salud ocupacional. Además, es fundamental establecer normativas que limiten la carga horaria excesiva, garanticen el descanso adecuado y promuevan condiciones contractuales justas, con especial atención al personal en áreas de alta demanda asistencial.

Programas de autocuidado y apoyo psicosocial

El autocuidado y el apoyo psicosocial son elementos clave en las estrategias de promoción del bienestar integral del personal sanitario. Los programas de autocuidado deben fomentar prácticas saludables tanto físicas como emocionales, incluyendo técnicas de manejo del estrés, alimentación balanceada, actividad física regular y fortalecimiento del equilibrio vida-trabajo. Asimismo, el acceso a intervenciones de salud mental —como espacios de escucha activa, psicoterapia individual o grupal, y líneas de atención emocional— resulta fundamental para prevenir trastornos como la ansiedad, depresión o el síndrome de desgaste profesional. La implementación de talleres, pausas activas, y recursos digitales de mindfulness y regulación emocional ha mostrado resultados positivos en múltiples estudios.

Modelos exitosos de bienestar en hospitales

Algunos hospitales e instituciones de salud han desarrollado modelos innovadores de bienestar institucional que pueden servir como referencia para su aplicación en contextos similares. Por ejemplo, el sistema de «Hospitales Saludables» promovido por la OMS fomenta ambientes laborales seguros, inclusivos y sostenibles, integrando políticas de promoción de la salud para los trabajadores. En países como Canadá, Reino Unido y Suecia, existen programas integrales que incluyen comités de bienestar, evaluaciones periódicas del clima organizacional, y formación continua en resiliencia y liderazgo emocional. Además, hospitales universitarios han adoptado unidades de bienestar específicas para el personal médico y de enfermería, con resultados favorables en indicadores como retención laboral, satisfacción profesional y disminución de licencias médicas por agotamiento o enfermedad mental. La evidencia sugiere que estos modelos son más eficaces cuando cuentan con el compromiso explícito de la alta dirección y una cultura organizacional que valora el bienestar como un componente estratégico.

4. Discusión

Los hallazgos de esta revisión confirman que el bienestar de los profesionales de la salud está influenciado por múltiples factores de tipo personal, laboral y social. La evidencia analizada muestra que las condiciones de trabajo, la sobrecarga laboral y la exposición constante a situaciones emocionalmente demandantes constituyen elementos clave en el desarrollo de trastornos como ansiedad, depresión e insomnio. Estos resultados coinciden con lo reportado en la literatura reciente, donde se destaca el impacto significativo del estrés crónico en el desempeño y la salud mental del personal sanitario.

El síndrome de burnout emerge como una de las principales problemáticas, debido a su alta prevalencia y a sus consecuencias tanto individuales como institucionales. Su carácter progresivo y multifactorial dificulta su detección temprana, lo que resalta la importancia de implementar estrategias preventivas.

Asimismo, se observa que las intervenciones centradas únicamente en el individuo son insuficientes si no se acompañan de cambios estructurales en el entorno laboral. En este sentido, las políticas de salud ocupacional, los programas de autocuidado y el apoyo psicosocial resultan fundamentales para mejorar el bienestar integral del personal de salud.

5. Conclusión

El bienestar de los profesionales de la salud es un componente esencial para el funcionamiento adecuado de los sistemas sanitarios y la calidad de la atención brindada a los pacientes. A partir de la revisión realizada, se identificó que los problemas de salud mental en este grupo son frecuentes y están asociados a múltiples factores, entre los que destacan el estrés laboral, la sobrecarga de trabajo y las condiciones organizacionales deficientes.

El síndrome de burnout representa una de las principales consecuencias del estrés crónico, afectando tanto el desempeño profesional como la calidad de vida del personal sanitario. Por ello, resulta indispensable adoptar un enfoque integral que incluya tanto estrategias individuales, como el autocuidado y la regulación emocional, como intervenciones institucionales orientadas a mejorar las condiciones laborales.

Finalmente, es necesario fortalecer las políticas de salud ocupacional y promover una cultura organizacional que priorice la salud mental, con el objetivo de prevenir el desgaste profesional y garantizar servicios de salud seguros y de calidad.

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Sobre los autores

Ana Patricia Angulo Vega. Facultad de Medicina, Universidad Xochicalco Campus Mexicali, Baja California, México. ORCID: 0009-0009-5344-9374

Greta Fernanda Gaxiola Colado. Facultad de Medicina, Universidad Xochicalco Campus Mexicali, Baja California, México. ORCID: 0009-0002-6750-7693

Valentín Trujillo Rentería. Facultad de Medicina, Universidad Xochicalco Campus Mexicali, Baja California, México. ORCID: 0009-0009-3592-1006

Autora de correspondencia: Ana Patricia Angulo Vega @

Sobre el artículo

Fecha de recepción: 8 de marzo de 2026

Fecha de aceptación: 6 de abril de 2026

Fecha de publicación: 13 de abril de 2026

DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0109

Conflictos de interés: ninguno

Consentimiento informado: No aplicable

Financiación: ninguna

Declaración ética: Los autores declaran que este trabajo se ha realizado de acuerdo con los principios éticos y las normas internacionales de investigación biomédica, respetando los criterios de confidencialidad, integridad científica y buenas prácticas editoriales.

Autoría y responsabilidad: Todos los autores declaran haber participado activamente en el desarrollo del trabajo, haber revisado y aprobado la versión final del manuscrito y asumir responsabilidad pública por su contenido, conforme a los criterios internacionales de autoría.

Citación (Vancouver):
Angulo Vega AP, Gaxiola Colado GF, Trujillo Rentería. Bienestar en los profesionales de la salud. Revista Electrónica de PortalesMedicos.com [Internet]. 2026 [citado 13 Abr 2026]; XXI(7):109. Disponible en: https://doi.org/10.64396/v21-0109