Autora principal: Araceli Sara Temprano Andrés
Vol. XXI; nº 7; 108
REVISIÓN
Abordaje enfermero de la dishidrosis: una revisión bibliográfica
Nursing Management of Dyshidrosis: A Literature Review
Araceli Sara Temprano Andrés
Incluido en Revista Electrónica de PortalesMedicos.com, Volumen XXI. Número 07 – Primera quincena de Abril de 2026 – Página inicial: Vol. XXI; nº 7; 108 – DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0108 – Cómo citar este artículo
Sobre los autores | Sobre el artículo | Referencias | Anexos
Resumen
La dishidrosis, también denominada eccema dishidrótico o pómfolix, es una dermatosis inflamatoria crónica y recidivante que afecta primordialmente a las palmas, plantas y bordes laterales de los dedos. Se manifiesta mediante vesículas profundas y pruriginosas que evolucionan hacia la descamación, fisuración y liquenificación. Esta revisión bibliográfica sintetiza la evidencia actual sobre su etiopatogenia, clínica y tratamiento, obtenida a través de bases de datos especializadas.
La etiología de la enfermedad es multifactorial, destacando el estrés, la hiperhidrosis, la atopia y la exposición a metales (níquel y cobalto) como principales desencadenantes. Dado que el diagnóstico es fundamentalmente clínico, el manejo terapéutico debe ser individualizado: los corticoides tópicos representan la primera línea, mientras que los inhibidores de la calcineurina y la fototerapia se reservan para el mantenimiento o casos refractarios.
Esta patología tiene un impacto significativo en la calidad de vida, afectando a todas las esferas de la vida de quien la padece. En este escenario, el rol de enfermería es determinante. A través de una valoración integral y de la educación sanitaria, el profesional de enfermería fomenta el autocuidado, identifica factores precipitantes y asegura la adherencia al tratamiento. Este enfoque no solo busca la remisión de los síntomas físicos, sino también el apoyo emocional y la mejora del bienestar psicosocial del individuo, siendo una pieza clave para optimizar los resultados clínicos a largo plazo.
Palabras clave
Dishidrosis; pómfolix; cuidados de enfermería.
Abstract
Dyshidrosis, also known as dyshidrotic eczema or pompholyx, is a chronic, recurrent inflammatory dermatosis that primarily affects the palms, soles, and lateral aspects of the fingers. It is characterized by the appearance of deep, pruritic vesicles that evolve into scaling, fissuring, and lichenification. This literature review synthesizes current evidence on its etiopathogenesis, clinical features, and treatment, obtained through specialized databases.
The etiology of the disease is multifactorial, with stress, hyperhidrosis, atopy, and exposure to metals (nickel and cobalt) identified as the main triggering factors. As diagnosis is primarily clinical, therapeutic management must be individualized: topical corticosteroids represent the first-line treatment, while calcineurin inhibitors and phototherapy are reserved for maintenance therapy or refractory cases.
This condition has a significant impact on quality of life, affecting all aspects of the patient’s daily living. In this context, the role of nursing is crucial. Through comprehensive assessment and health education, nursing professionals promote self-care, identify precipitating factors, and ensure treatment adherence. This multidisciplinary approach not only aims at the remission of physical symptoms but also provides emotional support and improves psychosocial well-being, making it a key component in optimizing long-term clinical outcomes.
Keywords
Dyshidrosis; pompholyx; nursing care.
Introducción
Para la realización de esta revisión bibliográfica se han consultado protocolos, guías de actuación, monografías y otras revisiones bibliográficas, así como estudios epidemiológicos, observacionales y de casos y controles obtenidos a través de bases de datos relacionadas con el área de la salud.
Se ha recurrido a las siguientes bases de datos: Dialnet, Elsevier, Cuiden, PubMed, Scielo, Scopus, y el motor de búsqueda Google Académico.
Además, se han consultado las páginas web de diversas organizaciones relacionadas con los términos previstos en esta revisión.
La búsqueda bibliográfica se ha llevado a cabo combinando los Descriptores de Ciencias de la Salud (DeCS) y los Medical Subject Headings (MeSH) a través de los operadores booleanos AND, OR y NOT.
Las palabras utilizadas para la búsqueda empleando la terminología DeCS fueron: Dishidrosis, Pómfolix, Cuidados de Enfermería. Los términos MeSH utilizados fueron: Dyshidrosis, Pompholyx, Nursing Care.
Los criterios de inclusión empleados han sido los siguientes: documentos con acceso a texto completo en español e inglés, con una antigüedad máxima de 15 años. Este último requisito ha sido eliminado en aquellos documentos que contenían información relevante para la realización de este trabajo, siempre que dicha información no se hubiese quedado obsoleta.
Tras la lectura de los resúmenes o los textos completos que cumplían los criterios de inclusión fueron descartados aquellos documentos que se encontraban duplicados o no se ajustaban a los objetivos de la revisión.
La búsqueda bibliográfica anteriormente descrita permite afirmar que la dishidrosis es una dermatosis vesicular que tiene un curso crónico, manifestándose en forma de brotes y remisiones, que aparece en las palmas de las manos, las plantas de los pies y los laterales de los dedos. Esta patología es una de las afecciones dermatológicas más complejas dentro del espectro de las enfermedades inflamatorias de la piel. (1)
Se caracteriza por la aparición repentina de vesículas profundas y pruriginosas que, tras resolverse, tienden a dar paso a una fase descamativa y, en ocasiones, a una dermatitis crónica y dolorosa que limita de forma considerable la funcionalidad y la calidad de vida del paciente.
Recibe también el nombre de eccema dishidrótico o pómfolix, eczema palmoplantar agudo, eczema vesicular endógeno, queiropomfólix (que afecta a las manos), podopomfólix o pedopomfólix (que afecta a los pies) y queiropodopomfólix (2).
Cabe resaltar que, aunque los términos se usan a menudo como sinónimos, existe distinción entre la dishidrosis y el pómfolix en función del cuadro clínico y la escala de las lesiones.
Así, la dishidrosis o eccema dishidrótico se refiere generalmente a la forma leve o moderada, y se caracteriza por microvesículas profundamente asentadas en la piel. Suele cursar con prurito intenso, pero las vesículas pueden pasar desapercibidas hasta que la piel se descama.
La acepción «pómfolix» se emplea para la forma más grave. En este caso, las vesículas convergen formando bullas de más de 5 mm. El término viene del griego pompholyx, que significa burbuja. Es mucho más incapacitante, ya que debido al tamaño de las ampollas suele haber dolor, sensación de extrema tensión en la piel y un mayor riesgo de sobreinfección de las lesiones (3).
A pesar de que el término dishidrosis deriva etimológicamente de una supuesta disfunción de las glándulas sudoríparas, la bibliografía actual demuestra que la patología no tiene una relación causal directa con la sudoración anormal, si bien es cierto que la hiperhidrosis actúa como un factor agravante en la severidad de los brotes (4).
La prevalencia de esta enfermedad es elevada, representando una proporción significativa en los casos de eccema en las manos. (5)
Generalmente la edad de inicio se sitúa entre los 20 y los 40 años, aunque puede manifestarse en cualquier etapa vital.
En relación a la distribución por sexos, la incidencia es mayor en mujeres que en hombres. Esto podría estar vinculado a una mayor exposición a irritantes domésticos o industriales, además de una mayor sensibilidad al níquel en el sexo femenino. (5)
La etiología de esta enfermedad es multifactorial e incluye factores atópicos, estrés, exposición a metales (especialmente cobalto y níquel), hiperhidrosis y contacto con agentes irritantes.
Típicamente, la dishidrosis presenta una evolución clínica que incluye un estadío agudo con vesículas, seguida de inflamación y posterior descamación, pudiendo evolucionar hacia formas crónicas en las que todas estas fases se solapan en casos recurrentes (5).
Esta patología ejerce un importante impacto en la calidad de vida, ya que afecta significativamente a las dimensiones física, psicológica y social de quienes la padecen.
El prurito intenso, el dolor y la descamación son limitantes en actividades básicas como la higiene, el descanso o el ámbito laboral, disminuyendo el rendimiento y llegando a ocasionar absentismo o incapacidad.
Por otra parte, la visibilidad de las lesiones en las manos puede generar vergüenza, estigma y alteraciones de la imagen corporal. Dado que es una enfermedad con carácter recidivante, son comunes los sentimientos de frustración, ansiedad, impotencia y la baja adherencia terapéutica. Instrumentos como el Dermatology Life Quality Index (DLQI) han evidenciado puntuaciones moderadas a severas en pacientes con eccema crónico de manos, incluyendo la dishidrosis. (6)
De todo lo anterior cabe concluir que la dishidrosis trasciende la esfera dermatológica y se erige como un problema biopsicosocial que precisa un abordaje integral.
El personal de enfermería ostenta un papel fundamental en la atención integral al paciente con eccema dishidrótico, ya sea mediante la realización de una valoración integral que permita identificar factores desencadenantes, hábitos laborales y de autocuidado, dolor o evaluación del prurito y del estado emocional, a través de una adecuada educación sanitaria que aborde tanto medidas preventivas como un uso adecuado de los tratamientos, promoviendo la adherencia terapéutica o prestando apoyo emocional.
Por tanto, resulta pertinente realizar una revisión bibliográfica que englobe el abordaje enfermero de esta patología, permitiendo así optimizar resultados y mejorar la calidad de vida de los pacientes afectados.
Desarrollo
El brote suele iniciarse con un período prodrómico con picazón intensa o ardor en las palmas o los dedos que deriva en la aparición repentina de pequeñas vesículas de aproximadamente 1 mm de diámetro que se agrupan en racimos. (3) En casos severos, estas vesículas pueden formar ampollas que ocasionan dolor significativo y limitaciones al movimiento.
Imagen 1. Vesículas dishidróticas en la planta del pie. Fuente: R.P.N. Varón de 33 años. Elaboración propia. [Añadir manualmente en WordPress]
A medida que la enfermedad va progresando, la piel circundante a las lesiones puede inflamarse, apareciendo eritema (7). Si las vesículas se rompen por excoriación o por presión mecánica se produce una fase exudativa que incrementa el riesgo de sobreinfección bacteriana. La presencia de pus o costras melicéricas (color miel) es indicativa de una infección secundaria, generalmente por Staphylococcus aureus (5).
Tras unas semanas, generalmente entre dos y tres, el líquido de las vesículas es reabsorbido y las lesiones se secan. La piel comienza un proceso descamativo que da lugar a zonas de piel nueva que suelen ser sensibles, delgadas y con apariencia rojiza.
Imagen 2. Proceso descamativo en pulgar. Fuente: R.P.N. Varón de 33 años. Elaboración propia. [Añadir manualmente en WordPress]
Imagen 3. Proceso descamativo en zona palmar. Fuente: R.P.N. Varón de 33 años. Elaboración propia. [Añadir manualmente en WordPress]
En pacientes con dishidrosis recurrente puede desarrollarse una dermatitis crónica con liquenificación, grietas dolorosas y cambios en el color de las uñas si la matriz de las mismas llega a verse afectada. (7)
Actualmente, para explicar el mecanismo fisiopatológico que da lugar a esta alteración dermatológica se recurre a un modelo de inflamación neuromediada con disfunción de la barrera cutánea. Así, el proceso se inicia en la epidermis, donde un conjunto de eventos a nivel molecular da lugar a la formación de las vesículas que caracterizan esta enfermedad.
Histológicamente, aparece espongiosis (edema intercelular en la epidermis). Cuando el fluido se acumula en exceso se rompen las conexiones entre los queratinocitos, dando lugar a espacios que se llenan de líquido seroso. Estas vesículas se localizan de manera profunda debido al grosor del estrato córneo de las plantas de los pies y las palmas de las manos, lo que explica por qué a menudo dichas vesículas no se rompen fácilmente. (5)
Las células inflamatorias del sistema inmunitario invaden la epidermis, liberando citoquinas que irritan y destruyen los tejidos circundantes. Este ataque inmunológico suele verse facilitado por un daño preexistente en el estrato córneo.
Una barrera cutánea alterada ostenta una menor capacidad para retener la humedad y bloquear la entrada de agentes externos. Esta vulnerabilidad crea un ciclo de retroalimentación en el que la penetración de irritantes exacerba la respuesta inflamatoria, lo que a su vez daña aún más la integridad de la barrera.
Dado que no es frecuente que la dishidrosis aparezca sin desencadenante, es fundamental identificar aquellos factores precipitantes.
Así, la literatura señala que existe una correlación directa entre los períodos de estrés y los brotes dishidróticos (8). Dado que el estrés altera la función inmunitaria y ocasiona un debilitamiento de la barrera cutánea, la terapia psicológica o las técnicas de relajación se erigen como un factor fundamental para un tratamiento eficaz.
Además, se ha demostrado que esta enfermedad presenta una marcada estacionalidad, siendo los climas húmedos y cálidos los más proclives al desarrollo de vesículas, posiblemente por el aumento de sudoración ya que, aunque el sudor no es la causa, sí ejerce como un irritante químico sobre una barrera cutánea ya comprometida. Sin embargo, algunos pacientes experimentan también exacerbaciones durante el invierno, cuando el aire seco y frío incrementa la sequedad y causa grietas, lo que facilita la entrada de alérgenos. (7)
Uno de los avances más significativos en la etiopatogenia de la dishidrosis es el reconocimiento de la dermatitis de contacto causada por metales. Así, destacan el níquel y el cobalto, que pueden desencadenar reacciones tanto por contacto directo como a través de la ingesta. (5)
En individuos alérgicos al níquel, el contacto con objetos metálicos (joyas, cremalleras, monedas) provoca una respuesta local, pero el consumo de alimentos ricos en dicho metal puede causar un brote dishidrótico (9). Los estudios de provocación oral han demostrado que una dosis única de sulfato de níquel puede inducir exacerbaciones del eccema de manos en pacientes sensibilizados en un plazo de 24 a 48 horas. (5).
Así pues, en pacientes con eccema dishidrótico y sensibilidad al níquel ha de recomendarse una dieta pobre en níquel (10), metal que se encuentra presente en alimentos como el cacao, la avena, las lentejas o las espinacas.
Además, la literatura científica indica que la alergia al cobalto rara vez se presenta de forma aislada, siendo frecuente su presentación de manera concomitante con la sensibilidad al níquel (11). Los pacientes con ambas sensibilidades presentan cuadros clínicos más recalcitrantes y con brotes más frecuentes debido a la ubicuidad de estos metales en la dieta y el entorno. (11). El cobalto se encuentra en una variedad de materiales industriales, pero también en alimentos como la remolacha, carnes rojas, frutos secos, ciertos mariscos, etc., lo que complica el manejo dietético.
El diagnóstico de esta patología se basa fundamentalmente en la clínica, basándose en la morfología de las lesiones y en su característica distribución.
De esta manera, el profesional sanitario debe realizar una anamnesis sobre la ocupación del paciente (para detectar contacto con químicos o metales), los niveles de estrés, los antecedentes de atopía o exposiciones a nuevos productos de higiene (jabones, detergentes, etc.). Es fundamental documentar la periodicidad de los brotes y su relación con los cambios de estación.
El diagnóstico puede apoyarse también en el empleo de pruebas complementarias, así (5):
- Prueba del parche: crucial para identificar reacciones de hipersensibilidad a metales, conservantes o fragancias que puedan estar perpetuando el cuadro clínico.
- Raspado cutáneo y examen con KOH: empleado para descartar infecciones fúngicas. Una infección por hongos en los pies puede, en ocasiones, desencadenar una reacción dishidrótica en las manos como respuesta inmunológica («reacción ide», autoeczematización o dermatofitide).
- Biopsia cutánea: se reserva para casos resistentes al tratamiento donde se requiere confirmación histológica de espongiosis y exclusión de enfermedades ampollares autoinmunes.
- Hisopado bacteriano: si se sospecha infección secundaria, se debe realizar un cultivo para determinar la sensibilidad antibiótica del patógeno.
En relación al tratamiento farmacológico, este ha de ajustarse a la gravedad del brote.
En el caso de brotes activos, los corticoides tópicos son el tratamiento de elección. En situaciones muy severas puede recurrirse a un ciclo corto de corticoides orales, aunque ha de evitarse su uso prolongado debido a sus efectos secundarios sistémicos.
Para el «mantenimiento» entre brotes se eligen los inhibidores de la calcineurina y los agentes ahorradores de esteroides, que modulan la respuesta de los linfocitos T. (7)
En aquellos casos en los que la farmacología es insuficiente, se pueden emplear también tratamientos que actúen sobre la fisiología cutánea y el sistema inmunitario. Se emplea la fototerapia ya que está demostrado que la exposición controlada a la radiación ultravioleta es muy efectiva para estabilizar casos crónicos de eccema dishidrótico. Puede emplearse también la fotoquimioterapia (PUVA), en la cual se emplea un psoraleno como agente sensibilizante seguido de radiación UVA, lo que permite una mayor penetración en la dermis y una supresión más profunda de las células inflamatorias. Este tratamiento requiere varias sesiones semanales y debe ser supervisado por un dermatólogo para monitorizar la dosis acumulada de radiación. (12)
Ya que la sudoración intensa actúa como un factor irritante en esta enfermedad, las inyecciones de toxina botulínica en las zonas afectadas han demostrado ser útiles, ya que se bloquea de manera temporal las señales nerviosas hacia las glándulas sudoríparas reduciendo la humedad local, lo que ayuda a mantener la integridad de la barrera cutánea y disminuye la frecuencia de los brotes. (13)
Más allá de la medicación prescrita, ciertas medidas pueden proporcionar alivio sintomático y prevenir infecciones.
En relación al manejo nutricional, la implementación de una dieta con bajo contenido en níquel y cobalto puede ser un factor determinante para el control de los brotes. Dado que el níquel se encuentra de manera natural en muchos alimentos de origen vegetal, la dieta requiere una cuidadosa selección de ingredientes y métodos de preparación, ya que este metal puede migrar desde los utensilios empleados para el cocinado o almacenamiento hasta los alimentos. Así, es recomendable el empleo de utensilios libres de aluminio y acero inoxidable ya que estos metales liberan níquel, especialmente durante el cocinado de alimentos ácidos. (14)
Por otro lado, ha de evitarse el consumo de conservas en lata, ya que el metal del envase constituye una fuente directa de exposición.
En cuanto al autocuidado, es crucial evitar el rascado, ya que éste perpetúa la inflamación y aumenta el riesgo de sobreinfección de las lesiones. Mantener las uñas cortas y el uso de guantes de algodón puede ayudar a prevenir el daño involuntario durante el sueño.
El uso frecuente de agentes humectantes es crucial para fortalecer la barrera cutánea. Pueden emplearse también soluciones astringentes aplicadas en compresa para favorecer el secado de las vesículas exudativas. Algunos autores defienden también el empleo de baños de avena coloidal o bicarbonato para calmar el prurito y restaurar el pH cutáneo. (15)
Todos estos datos respaldan que el abordaje enfermero de esta patología ha de ser integral, individualizado y centrado en las particularidades del paciente, considerando tanto la afectación cutánea como el impacto funcional y psicosocial. La literatura señala que la educación terapéutica y un adecuado seguimiento reducen la frecuencia de recaídas y mejoran la adherencia al tratamiento.
Un enfoque enfermero estructurado no solo mejora el estado cutáneo, sino que contribuye significativamente al bienestar global del paciente, posicionando a la enfermería como pieza clave en el manejo integral de la dishidrosis.
La base del plan de cuidados enfermero es una valoración integral, que ha de incluir datos sobre la localización, extensión y características de las lesiones (vesículas, eritema, fisuración, descamación), la intensidad del prurito, la presencia de signos de sobreinfección (calor local, exudado purulento, dolor incrementado) y la frecuencia y duración de los brotes.
Ha de realizarse también una entrevista dirigida a la identificación de factores desencadenantes: estrés, exposición a irritantes o metales, sudoración excesiva, etc., así como a la evaluación del tratamiento, indagando en la adherencia terapéutica, el uso adecuado de los corticoides tópicos, los efectos secundarios percibidos o la frecuencia en la aplicación de agentes hidratantes.
Es imprescindible, además, realizar una exhaustiva valoración psicosocial, que aborde las alteraciones del sueño ocasionadas por el prurito, el impacto en la calidad de vida o la ansiedad y frustración que suelen asociarse a las enfermedades recurrentes.
Según la taxonomía de NANDA International, los diagnósticos más frecuentes en pacientes con dishidrosis incluyen (16, 17):
- Deterioro de la integridad cutánea relacionado con proceso inflamatorio.
- Riesgo de infección relacionado con solución de continuidad de la piel.
- Deterioro del confort relacionado con prurito intenso.
- Ansiedad relacionada con recurrencia de la enfermedad.
- Conocimientos deficientes sobre autocuidado y prevención de recaídas.
Estos diagnósticos permiten estructurar intervenciones basadas en evidencia y adaptadas a cada paciente.
Con base en la clasificación de Nursing Interventions Classification, las intervenciones fundamentales incluyen: (18)
a) Cuidados de la piel
- Educación sobre aplicación correcta de corticoides tópicos (cantidad adecuada, duración limitada).
- Fomento del uso frecuente de emolientes sin perfume.
- Recomendación de jabones syndet o limpiadores suaves.
- Protección con guantes de algodón bajo guantes de vinilo en tareas domésticas.
b) Control del prurito
- Aplicación de compresas frías en fase aguda.
- Mantener uñas cortas para evitar excoriaciones.
- Educación sobre evitar el rascado.
c) Prevención de recaídas
- Identificación y eliminación de desencadenantes.
- Orientación sobre protección laboral.
- Promoción de técnicas básicas de manejo del estrés.
d) Educación terapéutica
- Explicar el carácter crónico-recidivante de la patología.
- Reforzar la importancia de la adherencia.
- Desmitificar el uso adecuado de corticoides tópicos.
- Entregar pautas escritas de autocuidado.
e) Apoyo emocional
- Escucha activa.
- Validación de la experiencia del paciente.
- Derivación si se detectan síntomas ansioso-depresivos significativos.
De acuerdo con la Nursing Outcomes Classification, los principales resultados esperados incluyen (19):
- Integridad tisular: piel y membranas mucosas.
- Control del prurito.
- Conocimiento: manejo de la enfermedad crónica.
- Adherencia al tratamiento.
- Mejoría en la calidad de vida relacionada con la salud.
La evaluación debe realizarse en consultas sucesivas, valorando la evolución de las lesiones, la reducción del número o la intensidad de los brotes y el grado de autonomía en el autocuidado.
Discusión
La presente revisión pone de manifiesto que la dishidrosis constituye una entidad clínica compleja cuya comprensión ha evolucionado significativamente en los últimos años. Tradicionalmente vinculada a una alteración de las glándulas sudoríparas, la evidencia actual respalda un modelo multifactorial en el que confluyen la disfunción de la barrera cutánea, la respuesta inmunológica y la influencia de factores ambientales y psicosociales.
Esta modificación de paradigma resulta clave, orientando el abordaje terapéutico hacia estrategias integrales y abandonando el tratamiento limitado a la sintomatología.
La identificación de los factores desencadenantes de los brotes no solo permite comprender mejor la variabilidad clínica de la enfermedad, sino que también justifica la necesidad de intervenciones individualizadas. En este sentido, la relevancia de la educación sanitaria cobra especial importancia, ya que muchos de estos desencadenantes pueden ser modificables mediante cambios en el estilo de vida o en el entorno del paciente.
En relación con la fisiopatología, el modelo de inflamación neuromediada asociado a la alteración de la barrera cutánea explica la cronicidad y recurrencia de la enfermedad. La espongiosis epidérmica y la formación de vesículas profundas explican tanto la clínica característica como la dificultad en el manejo de la enfermedad, especialmente en fases avanzadas donde se establece un círculo vicioso entre inflamación, daño cutáneo y penetración de irritantes. Este aspecto refuerza la importancia de intervenciones dirigidas a la restauración de la barrera cutánea como pilar fundamental del tratamiento.
Desde el punto de vista terapéutico, los resultados sitúan a los corticoides tópicos como tratamiento de primera línea en fases agudas, reservando otras opciones como los inhibidores de la calcineurina o la fototerapia para casos persistentes o de mantenimiento. No obstante, la recurrencia de los brotes y la variabilidad en la respuesta terapéutica evidencian la necesidad de continuar investigando nuevas alternativas, especialmente en pacientes refractarios. En este contexto, terapias emergentes como el uso de toxina botulínica en pacientes con hiperhidrosis asociada abren nuevas líneas de abordaje que requieren mayor respaldo científico.
Un aspecto relevante que emerge de esta revisión es el significativo impacto que tiene la dishidrosis en la calidad de vida. La sintomatología física, caracterizada por prurito intenso, dolor y limitación funcional, se combina con repercusiones psicológicas como ansiedad, frustración o alteraciones de la imagen corporal. Estos hallazgos coinciden con estudios que sitúan al eccema crónico de manos entre las dermatosis con mayor carga psicosocial. Por tanto, el abordaje de la enfermedad debe trascender la dimensión exclusivamente clínica e incorporar la esfera emocional y social del paciente.
En este contexto, el papel de enfermería adquiere una relevancia fundamental. La evidencia revisada respalda que una intervención enfermera estructurada, basada en la valoración integral, la educación terapéutica y el seguimiento continuado, mejora la adherencia al tratamiento y contribuye a la reducción de recaídas. La capacidad del profesional de enfermería para identificar factores desencadenantes, reforzar conductas de autocuidado y proporcionar apoyo emocional posiciona a este colectivo como un elemento clave en el abordaje de esta patología.
No obstante, esta revisión presenta algunas limitaciones que deben ser consideradas. La heterogeneidad de los estudios incluidos, así como la predominancia de diseños observacionales, dificulta la extrapolación de resultados y la obtención de conclusiones generalizables. Además, la ausencia de protocolos estandarizados en el abordaje enfermero de la dishidrosis pone de manifiesto la necesidad de desarrollar guías clínicas específicas basadas en evidencia.
Conclusiones
La dishidrosis o eccema dishidrótico se configura como una dermatosis inflamatoria crónica, recidivante y multifactorial que, pese a su localización aparentemente limitada a palmas, plantas y bordes laterales de los dedos, genera una repercusión clínica y funcional significativa y que requiere una estrategia terapéutica compleja.
No ha de considerarse una simple alteración estética, ya que afecta a todas las esferas de la vida del individuo. Las manos constituyen nuestra principal herramienta de interacción y trabajo. El dolor si existen llagas y el prurito pueden dificultar la realización de tareas básicas como vestirse, conducir o escribir. A nivel psicológico, la visibilidad de las lesiones puede generar sentimientos de vergüenza o aislamiento. Muchos pacientes llegan incluso a evitar el contacto físico, lo que impacta de manera negativa en su vida personal y profesional.
El manejo de esta enfermedad requiere, por tanto, un enfoque integral que aborde también la salud mental. El abordaje terapéutico debe individualizarse según la fase y gravedad del brote, combinando tratamiento farmacológico, medidas de cuidado de la barrera cutánea, identificación y control de factores desencadenantes, y estrategias educativas orientadas a la prevención de recaídas. En este contexto, la enfermería desempeña un papel clave mediante una valoración integral, la formulación de diagnósticos enfermeros estructurados y la implementación de intervenciones basadas en la evidencia que promuevan el autocuidado, la adherencia y el control sintomático.
Anexos
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Sobre los autores
Araceli Sara Temprano Andrés. Enfermera en Hospital de Día Quirúrgico del Hospital Sierrallana, Cantabria, España. ORCID: 0000-0003-4150-1883
Autora de correspondencia: Araceli Sara Temprano Andrés @
Sobre el artículo
Fecha de recepción: 13 de marzo de 2026
Fecha de aceptación: 1 de abril de 2026
Fecha de publicación: 13 de abril de 2026
DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0108
Conflictos de interés: ninguno
Consentimiento informado: No aplicable
Financiación: ninguna
Declaración ética: Los autores declaran que este trabajo se ha realizado de acuerdo con los principios éticos y las normas internacionales de investigación biomédica, respetando los criterios de confidencialidad, integridad científica y buenas prácticas editoriales.
Autoría y responsabilidad: Todos los autores declaran haber participado activamente en el desarrollo del trabajo, haber revisado y aprobado la versión final del manuscrito y asumir responsabilidad pública por su contenido, conforme a los criterios internacionales de autoría.