Autora principal: Beatriz Carballo Rodríguez
Vol. XXI; nº 2; 19
CASO CLÍNICO
Bloqueo auriculo-ventricular resuelto tras antibioterapia
Atrioventricular block resolved after antibiotic therapy
Beatriz Carballo Rodríguez, Juan Sánchez Ceña, Victoria Ruiz Cuevas, Indira Cabrera Rubio
Incluido en Revista Electrónica de PortalesMedicos.com, Volumen XXI. Número 02 – Segunda quincena de Enero de 2026 – Página inicial: Vol. XXI; nº 2; 19 – DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0019 – Cómo citar este artículo
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Resumen
La enfermedad de Lyme es una infección multisistémica causada por la espiroqueta Borrelia burgdorferi, transmitida por garrapatas. La carditis por Lyme es una manifestación poco frecuente que puede producir bloqueo auriculoventricular (AV) de diverso grado, con riesgo de bradicardia significativa. Se presenta el caso de un varón de 45 años que, tras una excursión en zona rural, desarrolló una lesión cutánea transitoria compatible con eritema migrans, seguida semanas después de astenia y mareo. El electrocardiograma mostró bloqueo AV de segundo grado tipo Wenckebach con episodios intermitentes de conducción 2:1. La serología confirmó infección por Borrelia burgdorferi. Se inició tratamiento antibiótico intravenoso con ceftriaxona, logrando resolución completa del bloqueo AV sin necesidad de marcapasos. Este caso destaca la importancia de considerar la carditis por Lyme en pacientes jóvenes con bloqueo AV, la utilidad del diagnóstico precoz y la eficacia del tratamiento antibiótico para evitar procedimientos invasivos.
Palabras clave
Enfermedad de Lyme; Carditis; Bloqueo auriculoventricular
Abstract
Lyme disease is a multisystem infection caused by the spirochete Borrelia burgdorferi, transmitted by ticks. Lyme carditis is an uncommon manifestation that can cause atrioventricular (AV) block of varying degrees, sometimes leading to significant bradycardia. We report the case of a 45-year-old man who, after a rural hiking trip, developed a transient skin lesion compatible with erythema migrans, followed weeks later by fatigue and dizziness. Electrocardiogram revealed second-degree AV block Mobitz I (Wenckebach) with intermittent 2:1 conduction. Serology confirmed Borrelia burgdorferi infection. Intravenous ceftriaxone therapy led to complete resolution of the AV block without requiring a pacemaker. This case highlights the importance of considering Lyme carditis in young patients with AV block, the value of early diagnosis, and the effectiveness of antibiotic therapy in avoiding invasive procedures.
Keywords
Lyme Disease; Carditis; Atrioventricular Block
Exposición del caso clínico
Antecedentes personales del paciente
Se presenta el caso de un varón de 45 años, sin antecedentes médicos de interés. No presenta historia previa de cardiopatía, hipertensión arterial, diabetes mellitus ni dislipemia. No toma medicación de forma habitual y no refiere alergias conocidas a fármacos. Niega hábitos tóxicos como consumo de tabaco, alcohol o drogas recreativas. No presenta antecedentes familiares conocidos de cardiopatía ni de muerte súbita prematura. Mantiene una vida activa y es aficcionado a los deportes relacionados con la montaña y el senderismo, manteniendo contacto estrecho con la naturaleza y los animales.
Historia clínica actual del paciente
Acude al servicio de Urgencias de su centro hospitalario de referencia por un cuadro de astenia intensa junto con mareo de varios días de evolución (aproximadamente dos). Refiere asimismo disminución de la tolerancia al esfuerzo físico, sin síncope ni dolor torácico asociado. Niega sensación de palpitaciones.
Como antecedente relevante, comenta que hace aproximadamente tres meses estuvo realizando una ruta larga por zona rural y boscosa, vestido con pantalones cortos. A los pocos días del regreso, apreció la aparición de una lesión cutánea eritematosa en la extremidad inferior izquierda, que no asociaba prurito ni dolor, y que en un inicio presentó cierto crecimiento progresivo pero que desapareció de forma espontánea a los pocos días. El paciente no le dio mayor importancia y no consultó por dicho motivo. Tampoco recuerda picadura evidente de insecto.
Niega fiebre, artralgias, disnea, clínica neurológica focal o síntomas digestivos o urinarios.
Exploración física en servicio de Urgencias hospitalarias
Presenta buen estado general, se encuentra consciente, orientado y colaborador. Está bien hidratado y perfundido.
Constantes vitales: Tensión arterial de 110/65 mmHg, frecuencia cardíaca de 42 lpm, saturación de oxígeno del 98% (aire ambiente). Afebril, con temperatura de 36 ºC.
Auscultación cardíaca: Bradicárdica, rítmica, no se escuchan soplos ni extratonos.
Auscultación pulmonar: Murmullo vesicular conservado, sin crepitantes ni sibilancias.
Abdomen: Blando, depresible, no doloroso, no masas ni megalias, ruidos hidroaéreos dentro de la normalidad.
Extremidades inferiores: No existen edemas ni datos de trombosis venosa. No aparente trastorno trófico. No se identifican lesiones cutáneas en el momento actual.
Exploración neurológica: Sin focalidad. Dentro de la normalidad.
Pruebas complementarias realizadas
Hemograma: Fórmula leucocitaria normal, no anemia, recuento plaquetario correcto.
Bioquímica: Función renal e iones dentro de la normalidad. Proteína C reactiva discretamente elevada. Troponina I negativa.
Coagulación: Sin alteraciones significativas.
Radiografía de tórax (proyección anteroposterior y lateral): Silueta cardíaca normal. No condensaciones pulmonares. Estudio sin hallazgos de significación patológica.
Electrocardiograma de 12 derivaciones: Ritmo sinusal a 45 lpm, el intervalo PR es de 220 milisegundos, el QRS es estrecho y la repolarización es normal. Se registran rachas de bloqueo auriculoventricular de tipo I (también llamado Wenckebach) y puntualmente bloqueo 2:1, en todo momento sin ensanchamiento de QRS.
Ecocardiograma: Aurícula izquierda de tamaño normal. Ventrículo izquierdo no dilatado ni hipertrófico. Función sistólica normal, sin alteraciones segmentarias de la contractilidad. Función diastólica normal. Válvula aórtica trivalva, sin disfunción. Válvula mitral anatómicamente normal, con jet de insuficiencia mitral ligera fisiológica. Válvula tricuspídea normal, con rastros de insuficiencia tricuspídea que no permiten estimar la presión pulmonar sistólica. Válvula pulmonar normal, competente. Doppler pulmonar de tipo I. Vena cava inferior no dilatada. Aorta ascendente proximal de tamaño normal.
Serología para Borrelia burgdorferi: Positiva (Ig M positiva), confirmándose así el diagnóstico de enfermedad de Lyme.
Juicio clínico
Bloqueo aurículo-ventricular secundario a carditis por enfermedad de Lyme en paciente con antecedente clínico compatible con eritema migrans tras exposición en área endémica.
Evolución del caso y actitud terapéutica adoptada
Ante el diagnóstico compatible con carditis de Lyme, se inicia tratamiento antibiótico específico con ceftriaxona endovenosa con buena tolerancia clínica. Durante el ingreso hospitalario se lleva a cabo monitorización cardíaca continua del paciente, observándose mejoría progresiva del trastorno eléctrico, con recuperación de la conducción aurículo-ventricular normal en los días posteriores.
Dado que el bloqueo AV no alcanzó grados avanzados y que mostró reversibilidad clara con el tratamiento antibiótico administrado, no fue necesario plantear implante de marcapasos temporal ni tampoco definitivo. El paciente permaneció hemodinámicamente estable en todo momento.
Tras completar la antibioterapia, fue dado de alta encontrándose asintomático y en su situación basal, con electrocardiograma normal y recomendándose seguimiento ambulatorio en la consulta de Cardiología y en Enfermedades Infecciosas.
Discusión
La enfermedad de Lyme es una zoonosis multistémica causada por la espiroqueta Borrelia burgdorferi, que se transmite al ser humano a través de la picadura de garrapatas del género Ixodes. Se trata de la enfermedad transmitida por vectores más frecuente en Europa y Norteamérica, con una incidencia creciente en los últimos años, en parte relacionada con cambios climáticos y un mayor contacto humano con áreas rurales y boscosas.
Clínicamente, la enfermedad de Lyme se caracteriza por una evolución en varias fases. La fase precoz localizada suele manifestarse con el característico eritema migrans, que consiste en una lesión cutánea expansiva, generalmente indolora y no pruriginosa, que puede pasar desapercibida o resolverse espontáneamente, como ocurrió en el caso presentado. En fases posteriores, la diseminación hematógena del microorganismo puede producir afectación neurológica, articular y también cardíaca.
La carditis por Lyme es una manifestación relativamente infrecuente, descrita en aproximadamente el 1–10 % de los pacientes con enfermedad de Lyme no tratada, aunque su incidencia real podría estar infraestimada. Suele aparecer varias semanas después de la infección inicial y afecta preferentemente a varones jóvenes o de mediana edad, previamente sanos, como en el caso descrito.
Desde el punto de vista fisiopatológico, la carditis por Lyme se debe a la infiltración inflamatoria del tejido de conducción cardíaco por la espiroqueta, lo que condiciona alteraciones transitorias en la conducción auriculoventricular. El bloqueo AV es, con diferencia, la manifestación más frecuente, pudiendo variar desde un bloqueo de primer grado hasta bloqueos AV completos, con una evolución fluctuante y potencialmente rápida.
Una característica distintiva de la carditis por Lyme es precisamente la variabilidad del grado de bloqueo AV, que puede cambiar en cuestión de horas o días, lo que obliga a una vigilancia estrecha. En muchos casos, el trastorno de la conducción es suprahisiano, manifestándose con QRS estrecho y patrones como el fenómeno de Wenckebach, hallazgos que apoyan el origen inflamatorio y reversible del proceso.
El caso presentado muestra un patrón electrocardiográfico típico, con bloqueo AV de segundo grado tipo Mobitz I (Wenckebach) y rachas intermitentes de conducción 2:1, sin ensanchamiento del QRS ni datos de afectación infranodal. Este patrón es altamente sugestivo de carditis por Lyme y ayuda a diferenciarla de otras causas de bloqueo AV en adultos, como la cardiopatía isquémica, la degeneración idiopática del sistema de conducción o la toxicidad farmacológica.
El diagnóstico de la carditis por Lyme es fundamentalmente clínico, apoyado por antecedentes epidemiológicos compatibles (exposición en zonas endémicas), hallazgos clínicos sugestivos (eritema migrans previo) y confirmación serológica. En fases tempranas, la serología puede ser negativa, pero en el contexto de afectación cardíaca suele resultar positiva, como ocurrió en este paciente.
En cuanto al tratamiento, las guías clínicas recomiendan el uso de antibioterapia intravenosa, habitualmente ceftriaxona, en pacientes con afectación cardíaca significativa, especialmente en presencia de bloqueo AV de segundo o tercer grado. El tratamiento antibiótico precoz se asocia a una rápida mejoría clínica y electrocardiográfica, con resolución completa del bloqueo AV en la mayoría de los casos en un plazo de días a semanas.
Uno de los aspectos más relevantes de la carditis por Lyme es la controversia en torno a la indicación de marcapasos. Dado que el bloqueo AV puede alcanzar grados avanzados e incluso provocar síncope o inestabilidad hemodinámica, algunos pacientes requieren marcapasos temporal. Sin embargo, la implantación de un marcapasos definitivo debe evitarse siempre que sea posible, ya que el trastorno de la conducción es generalmente reversible tras el tratamiento antibiótico adecuado.
Diversos estudios y series de casos han demostrado que incluso bloqueos AV completos pueden resolverse completamente con antibioterapia, sin necesidad de estimulación permanente. Por ello, las recomendaciones actuales insisten en la importancia de una monitorización estrecha y un manejo conservador, reservando el marcapasos definitivo para aquellos casos en los que el bloqueo persiste tras la resolución del proceso infeccioso.
En el paciente del caso que nos ocupa, el bloqueo AV no alcanzó grados avanzados, el QRS se mantuvo estrecho y el paciente permaneció hemodinámicamente estable en todo momento. La mejoría progresiva del trastorno de la conducción tras el inicio del tratamiento antibiótico permitió evitar tanto el marcapasos temporal como el definitivo, lo que concuerda con la evolución descrita en la literatura.
Desde el punto de vista pronóstico, la carditis por Lyme tratada adecuadamente suele tener un pronóstico excelente, con recuperación completa de la función del sistema de conducción y sin secuelas a largo plazo. No obstante, el retraso diagnóstico puede conllevar complicaciones graves, lo que subraya la importancia de mantener un alto índice de sospecha ante pacientes jóvenes con bloqueo AV y antecedentes epidemiológicos compatibles.
Este caso pone de manifiesto varios aspectos clave de interés clínico. En primer lugar, la importancia de interrogar de forma dirigida sobre actividades al aire libre y lesiones cutáneas previas en pacientes con trastornos de la conducción cardíaca de causa no filiada. En segundo lugar, resalta el valor del electrocardiograma no solo como herramienta diagnóstica, sino también como elemento para orientar la localización del bloqueo y su posible reversibilidad. Finalmente, subraya la relevancia de un manejo adecuado y prudente del marcapasos en este contexto clínico.
Conclusión
A modo de resumen, la carditis por Lyme debe tenerse en consideración de forma sistemática en el diagnóstico diferencial del bloqueo auriculoventricular en pacientes jóvenes o de mediana edad que no asocien cardiopatía estructural conocida, especialmente cuando existe un antecedente epidemiológico compatible, como la exposición a zonas rurales o boscosas, o la presencia previa de lesiones cutáneas sugestivas de eritema migrans, aunque estas hayan sido transitorias o hayan pasado prácticamente inadvertidas. La variabilidad y el carácter fluctuante de los trastornos de la conducción auriculoventricular, junto con la ausencia de alteraciones estructurales cardíacas, constituyen hallazgos clínicos que deben alertar al profesional sanitario sobre esta entidad.
El reconocimiento precoz de la carditis por Lyme resulta fundamental, ya que permite instaurar de manera temprana un tratamiento antibiótico adecuado, lo que se asocia a una rápida mejoría clínica y electrocardiográfica en la mayoría de los casos. Esta evolución favorable pone de manifiesto el carácter habitualmente reversible de los trastornos de la conducción en este contexto, incluso cuando se presentan en formas avanzadas, siempre que el mencionado tratamiento se inicie de forma oportuna.
Asimismo, un diagnóstico correcto tiene implicaciones directas en la toma de decisiones terapéuticas, especialmente en relación con la indicación de dispositivos de estimulación cardíaca. Una actitud conservadora, basada en la monitorización estrecha del paciente y de su respuesta al tratamiento antibiótico, permite evitar en muchos casos la implantación innecesaria de marcapasos temporales o definitivos, con la consiguiente reducción de los riesgos y costes asociados. Por todo ello, la carditis por Lyme debe ser reconocida como una causa potencialmente reversible de bloqueo AV, cuyo adecuado abordaje contribuye de forma decisiva a mejorar el pronóstico y la calidad de vida de los pacientes.
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Sobre los autores
Beatriz Carballo Rodríguez
Hospital Sierrallana, Torrelavega, España.
Juan Sánchez Ceña
Hospital Universitari Mútua Terrassa, Barcelona, España.
Victoria Ruiz Cuevas
Centro de Salud Campoo Los Valles, Reinosa, España.
Indira Cabrera Rubio
Hospital Universitario Doctor José Molina Orosa, Lanzarote, España.
Autor de correspondencia:
Beatriz Carballo Rodríguez
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Sobre el artículo
Fecha de recepción: 14 de diciembre de 2025
Fecha de aceptación: 15 de enero de 2026
Fecha de publicación: 20 de enero de 2026
DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0019
Conflictos de interés: ninguno
Consentimiento informado: Se obtuvo el consentimiento informado de todos los participantes incluidos en el estudio.
Financiación: ninguna
Declaración ética: Los autores declaran que este trabajo se ha realizado de acuerdo con los principios éticos y las normas internacionales de investigación biomédica, respetando los criterios de confidencialidad, integridad científica y buenas prácticas editoriales.
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