Leishmaniasis cutánea: revisión bibliográfica y reporte de un caso

Leishmaniasis cutánea: revisión bibliográfica y reporte de un caso

La leishmaniasis cutánea es una enfermedad de distribución mundial, encontrándose principalmente en las regiones tropical y subtropical. Es endémica en el Ecuador y tiene una mayor prevalencia en las regiones pacífica y amazónica. Está producida por el parásito flagelado Leishmania y se transmite a través de la picadura de un vector Phlebotomus o Lutzomyia.

Leishmaniasis cutánea: revisión bibliográfica y reporte de un caso

Autores: Dra. Torres Negrao Cinthya Tamara 1, Dr. Molina Galarza Juan Fernando 2.

  1. Médico General, Servicio de Medicina General, Subcentro de Salud Estero de Plátano, Esmeraldas – Ecuador (Periodo Enero 2015- Diciembre 2015).
  2. Médico General, Servicio de Medicina General, Subcentro de Salud San Joaquín, Cuenca – Ecuador (Periodo Enero 2015- Diciembre 2015).

Resumen:

La leishmaniasis cutánea se caracteriza por presentar lesiones en zonas expuestas de la piel como rostro y extremidades, que generalmente evolucionan hacia úlceras indoloras con base granulomatosa. Existen varias pruebas diagnósticas, pero la más utilizada en el Ecuador es el frotis de las lesiones para visualización microscópica del parásito. El tratamiento recomendando en nuestro país es el antimoniato de meglumina intramuscular por 20 días. Si se realiza un diagnóstico y tratamiento oportuno se logra la curación de las lesiones y la disminución de complicaciones. El método más eficaz de prevención en las zonas endémicas es la protección personal.

En este artículo presentamos el caso de una paciente de sexo femenino, de 12 años de edad procedente de la comunidad Caimito, cantón Muisne, que acude por presentar lesiones ulceradas e indoloras en el dorso de la mano derecha de 1 mes de evolución. Es diagnosticada de Leishmaniasis con confirmación microscópica y se instaura tratamiento con antimoniato de meglumina por 20 días con curación de las lesiones sin presencia de complicaciones.

Palabras clave: antimoniato de meglumina, leishmaniasis cutánea, prevención, pruebas diagnósticas.

INTRODUCCIÓN

La leishmaniasis es una zoonosis que es consecuencia del parasitismo a los macrófagos del hospedero vertebrado por un protozoario flagelado del género Leishmania, el cual es introducido al organismo por la picadura de un insecto perteneciente al género Phlebotomus o Lutzomyia (1,2). Esta enfermedad es endémica en zonas tropicales y subtropicales lo que genera una gran repercusión en salud pública. El ciclo de vida consiste en la inyección del parásito por parte del vector en forma de promastigote, el cual penetra en las células del sistema retículo-endotelial, donde se convierten en amastigotes, se dividen y finalmente se rompe la célula liberando numerosos amastigotes. Los amastigotes son ingeridos por el vector a través de las picaduras; los amastigotes se multiplican en el intestino del insecto y son inoculados como promastigotes al picar (2). Existen 2 variantes de la enfermedad, la leishmaniasis cutánea o mucocutánea y la visceral. En la forma localizada el parásito se confina a la piel y después de un periodo de incubación de 1 a 12 semanas, aparece una pápula en el lugar de picadura del insecto (3).

Es endémica en más de 80 países y se estima que tiene una prevalencia a nivel mundial de 12 millones de casos, con una incidencia aproximada de 2 millones de casos al año (4,5). En el Ecuador se han reportado casos en 23 de las 24 provincias, desde zonas a nivel del mar hasta altitudes de 2700 m, con una mayor incidencia en la región del Pacífico y Amazonía. Durante la década de los 90 hubo una disminución del número de casos, pero rápidamente al inicio del año 2000 se produjo un incremento, probablemente debido al cambio climático experimentado por el país durante el fenómeno del niño. Según los datos epidemiológicos del Ministerio de Salud Pública (MSP) la incidencia de la enfermedad ha disminuido en la última década llegando a un total de 989 casos en el año 2014. Se espera que la misma se mantenga estable o incremente debido a la aparición de nuevos fenómenos naturales y afectación de grupos de riesgo como niños y personas que se trasladan desde zonas no endémicas (6,7).

El agente causal de la leishmaniasis cutánea difiere entre las regiones del Ecuador, siendo L. panamensis y L. guyanensis predominantes en la región pacifica; L. mexicana en la región andina; y L. braziliensis en la región amazónica. El vector transmisor de la enfermedad predominante en el país es la mosca perteneciente al género Lutzomyia (6).

La presentación clínica más común se caracteriza por la presencia de lesiones simples o múltiples en la piel del rostro, espalda y extremidades. La lesión empieza como una pequeña pápula que puede o no ulcerarse. Si evoluciona hacia úlcera, ésta es redonda u ovalada, no dolorosa, con fondo granulomatoso limpio e infiltrado rodeado de bordes eritematosos; además es común que algunas especies de Leishmania infesten el sistema linfático produciendo linfoadenopatias. Si se produce sobreinfección de la úlcera esta puede ser dolorosa. Las lesiones pueden curar espontáneamente, sin embargo el tiempo de resolución es mayor que con tratamiento, incluso meses o años. Las recidivas aparecen en el 5% de los pacientes con infección por L. tropica y se caracterizan por la presencia de lesiones pequeñas y confluyentes que se ulceran en el borde de antiguas cicatrices (3).

El diagnóstico de la leishmaniasis cutánea es clínico, a través de una anamnesis detallada que incluya factores de riesgo personales, epidemiológicos e historia de viajes a zonas endémicas. En el Ecuador el método diagnóstico recomendado por el MSP es la visualización microscópica del parásito con tinción Giemsa, ya que éste es un método fácil, rápido y económico que se encuentra disponible en la mayoría de zonas rurales donde la enfermedad es más prevalente. Tiene una sensibilidad del 40% al 80% que varía de acuerdo con el tiempo de evolución de la lesión, técnica de toma de muestra, tinción y capacitación del personal que lee las láminas. Otras pruebas diagnósticas incluyen el cultivo; el diagnóstico inmunológico a través de la prueba de Montenegro, serología e inmunocromatografía; el diagnóstico histopatológico y el diagnóstico molecular por PCR; sin embargo éstas se reservan para fines investigativos (1,8).

El diagnóstico diferencial se lo realiza con úlceras cutáneas traumáticas, vasculares, piógenas, tuberculosis cutánea, lesiones papulosas o nodulares como picaduras de