Autora principal: Eva González Blanco
Vol. XXI; nº 17; 195
REVISIÓN
Fisioterapia en rizartrosis trapeciometacarpiana
Physiotherapy for trapeziometacarpal osteoarthritis
Eva González Blanco, Raquel Ramos Lobo, Ana Pena López
Incluido en Revista Electrónica de PortalesMedicos.com, Volumen XXI. Número 17 – Primera quincena de Septiembre de 2026 – Página inicial: Vol. XXI; nº 17; 195 – DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0195 – Cómo citar este artículo
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Resumen
La rizartrosis es una de las formas más frecuentes de artrosis de la mano y constituye una importante causa de dolor, limitación funcional y pérdida de calidad de vida, especialmente en personas de edad avanzada. La fisioterapia representa el tratamiento conservador de primera elección en las fases iniciales de la enfermedad, ya que contribuye a aliviar el dolor, mejorar la función manual y preservar la autonomía del paciente.
Palabras clave
Rizartrosis; rehabilitación; fisioterapia.
Abstract:
Thumb carpometacarpal osteoarthritis is one of the most common forms of hand osteoarthritis and represents a major cause of pain, functional limitation, and reduced quality of life, particularly in older adults. Physiotherapy is considered the first-line conservative treatment in the early stages of the disease, as it helps relieve pain, improve hand function, and preserve patient independence.
Keywords:
Osteoarthritis; rehabilitation; physiotherapy.
Introducción
La rizartrosis es una enfermedad degenerativa que afecta a la articulación trapeciometacarpiana (TMC) del pulgar, también denominada articulación carpometacarpiana del primer dedo. Constituye una de las formas más frecuentes de artrosis de la mano y representa una causa importante de dolor, limitación funcional y pérdida de calidad de vida, especialmente en personas de edad avanzada 1-3. Debido a la relevancia biomecánica del pulgar en las actividades de prensión, pinza y manipulación fina, el deterioro de esta articulación repercute significativamente en la autonomía del paciente para realizar actividades básicas e instrumentales de la vida diaria2,4.
La etiología de la rizartrosis es multifactorial. El envejecimiento constituye el principal factor de riesgo, ya que el cartílago articular experimenta cambios degenerativos progresivos con el paso del tiempo1,2. Asimismo, existe una mayor prevalencia en mujeres, especialmente tras la menopausia, lo que sugiere la influencia de factores hormonales en el desarrollo de la enfermedad3,5. Otros factores predisponentes incluyen la hiperlaxitud ligamentosa, alteraciones anatómicas de la articulación TMC, antecedentes traumáticos, fracturas o luxaciones previas, enfermedades inflamatorias y la realización repetitiva de actividades que impliquen sobrecarga mecánica del pulgar2,6.
En España, la artrosis constituye una de las enfermedades musculoesqueléticas más prevalentes. Según el estudio EPISER de la Sociedad Española de Reumatología, la prevalencia de artrosis sintomática de la mano en la población adulta española es aproximadamente del 7,7 %, incrementándose de forma significativa con la edad y siendo más frecuente en mujeres7. La rizartrosis representa una de las localizaciones más habituales de esta enfermedad y diversos estudios epidemiológicos muestran que los cambios degenerativos radiológicos pueden observarse hasta en un tercio de las mujeres mayores de 55 años, aunque no todos los pacientes presentan síntomas clínicos2,3.
El cuadro clínico se caracteriza principalmente por dolor localizado en la base del pulgar, que suele aumentar durante las actividades de pinza, agarre o fuerza manual, como abrir frascos, girar llaves, escribir o sujetar objetos pesados2,4. Con la progresión de la enfermedad aparece rigidez articular, disminución del rango de movimiento y pérdida de fuerza de prensión y pinza. En estadios avanzados pueden observarse deformidades, subluxación de la articulación TMC e hiperextensión compensatoria de la articulación metacarpofalángica, dando lugar a una alteración funcional importante de la mano2,5. Durante la exploración física son frecuentes el dolor a la palpación de la base del primer metacarpiano y la positividad de la prueba de compresión y rotación axial del pulgar (Grind test), que reproduce el dolor característico de esta patología2,6.
El diagnóstico de la rizartrosis es fundamentalmente clínico, apoyándose en una adecuada anamnesis y exploración física2. No obstante, las pruebas de imagen permiten confirmar el diagnóstico y valorar el grado de afectación estructural. La radiografía simple continúa siendo la técnica de elección, realizándose habitualmente proyecciones anteroposterior, lateral y oblicua específicas de la articulación trapeciometacarpiana2,8. Entre los principales hallazgos radiológicos destacan el estrechamiento del espacio articular, la esclerosis subcondral, la formación de osteofitos marginales, la presencia de quistes subcondrales y, en fases más evolucionadas, la subluxación del primer metacarpiano respecto al trapecio8. La clasificación de Eaton y Littler continúa siendo la más utilizada para clasificar la gravedad radiológica y orientar la elección del tratamiento9.
El tratamiento de la rizartrosis debe individualizarse en función de la intensidad de los síntomas, el grado de deterioro funcional, las necesidades del paciente y el estadio evolutivo de la enfermedad1,2. En las fases iniciales, el tratamiento conservador constituye la primera línea terapéutica e incluye educación del paciente, modificación de actividades, fisioterapia, terapia ocupacional, ejercicios terapéuticos, uso de órtesis y tratamiento farmacológico con analgésicos o antiinflamatorios no esteroideos10. En determinados casos pueden emplearse infiltraciones intraarticulares de corticoides para aliviar el dolor a corto plazo, mientras que la evidencia sobre el uso de ácido hialurónico o plasma rico en plaquetas continúa siendo limitada10,11.
Cuando el tratamiento conservador fracasa o existe una limitación funcional importante, puede indicarse el tratamiento quirúrgico. Actualmente existen diversas opciones, entre ellas la trapeciectomía simple, la trapeciectomía con reconstrucción ligamentosa e interposición tendinosa, la artrodesis TMC y la artroplastia protésica2,12. Aunque ninguna técnica ha demostrado una superioridad absoluta, la trapeciectomía con o sin ligamentoplastia continúa siendo el procedimiento de referencia por sus buenos resultados en cuanto al alivio del dolor, la recuperación funcional y la satisfacción del paciente12,13.
El objetivo de este trabajo es revisar, según la evidencia científica actual, la diversidad de tratamientos fisioterápicos que se realizan actualmente para el abordaje conservador de la rizartrosis.
Metodología
Se realizó una revisión bibliográfica en julio de 2026 de artículos publicados en los últimos 10 años (2016-2026) en las siguientes bases de datos: Scielo, PubMed, PEDro y Dialnet.
Los descriptores han sido: «osteoarthritis», «physiotherapy», «rehabilitation» unidos por el operador AND; así como en español con las palabras clave «rizartrosis», «fisioterapia» y «rehabilitación». Además, se aplicaron los criterios de inclusión y exclusión con el objetivo de enmarcar mejor la búsqueda:
Criterios de inclusión:
- Artículos publicados en los últimos 10 años.
- Artículos que analicen la rizartrosis desde la fisioterapia.
- Artículos en castellano o inglés.
Criterios de exclusión:
- Artículos sobre tratamientos quirúrgicos como abordaje terapéutico.
- Artículos sobre tratamiento postquirúrgico o farmacológico.
- Artículos repetidos.
Resultados
Seleccionamos aquellos artículos que hablan sobre técnicas rehabilitadoras en el tratamiento conservador de la rizartrosis TMC, y pasamos a resumir las técnicas de tratamiento encontradas.
1. Educación al paciente
Es crucial en la gestión de la rizartrosis. Proporcionar conocimiento a los pacientes su patología, la importancia de la ergonomía y las adaptaciones en las actividades diarias puede ayudar a prevenir el aumento de los síntomas. Además, el conocimiento también favorece la adherencia al tratamiento y el autocuidado14.
2. Control del dolor
El dolor es el principal determinante de la discapacidad funcional en la artrosis TMC, incluso más que la fuerza. Por lo que si un paciente tiene mucho dolor, fortalecer la mano sin controlar antes ese dolor puede aportar beneficios limitados. Una estrategia que combine control del dolor (férulas, terapia manual, educación, medicación cuando esté indicada, etc.) con ejercicios de fuerza progresivos probablemente mejore más la función que trabajar únicamente la fuerza15.
3. Uso de órtesis
Su función es la protección de la articulación, inmovilización o restricción del movimiento y prevención de la deformidad. Su uso puede ser diurno o nocturno. Pueden ser blandas de poliamida/elastano con un refuerzo de silicona a nivel del dedo pulgar que se pueden usar para realizar actividades diarias y absorben los micromovimientos que generan dolor. Hay otras férulas más rígidas que impiden aún más estos micromovimientos, e incluso las hay hechas a medida de material termoplástico16. Los distintos estudios encuentran beneficios en su uso y no concluyen que haya un tipo mejor que otro. Ambas son a largo plazo igual de eficaces en la reducción del dolor16,18.
4. Cinesiterapia
No existe un programa de ejercicios establecido y protocolizado, si bien la cinesiterapia y el ejercicio terapéutico disminuyen el dolor, aumentan la fuerza general de agarre y de pinza y mejoran la capacidad funcional19.
Las movilizaciones suaves y tracciones ayudan a disminuir el dolor y mejorar la función, mientras que los ejercicios de fuerza, con un trabajo centrado en la eminencia tenar, mejoran la fuerza de agarre, pinza y de oposición del pulgar19.
La incorporación de ejercicios de movilidad es esencial para mantener o mejorar la amplitud de movimiento y prevenir la rigidez articular. Estos ejercicios suelen incluir estiramientos suaves y movimientos articulares que ayudan a mantener la flexibilidad en la articulación afectada14,19.
Tiene especial importancia conservar o ampliar el primer espacio interdigital: por un lado elongar la musculatura que presente tensión (aductor, extensor largo del pulgar) y por otra parte se potenciará la musculatura del primer espacio interdigital (flexor profundo, extensor corto y el abductor del pulgar)18.
Otras técnicas manuales, como la facilitación neuromuscular propioceptiva (FNP), pueden ayudar a mejorar la estabilidad de la articulación, mejorando los síntomas y reduciendo el estrés a que se ve sometida la articulación19.
También tiene cabida la neurodinámica del nervio radial y mediano. La integración de todos los sistemas osteomusculares, así como todos los elementos anatómicos del miembro superior (mano, antebrazo, brazo, hombro, cintura escapular y columna cervical) supondrían mejorías en la sintomatología20.
5. Agentes físicos
Los agentes físicos más utilizados son la parafina, el ultrasonido, la termoterapia, el calor superficial y la magnetoterapia21. Estas técnicas complementan el tratamiento físico y ayudan a preparar los tejidos para los ejercicios terapéuticos14.
El uso de agentes físicos son una disyuntiva terapéutica para pacientes con rizartrosis, pues esta patología no es reversible, por ello, mediante un correcto diagnóstico, aplicación y evaluación se puede optimizar el desempeño funcional, reducir el dolor y mejorar la calidad de vida21.
Discusión
La evidencia revisada indica que el tratamiento conservador de la rizartrosis debe basarse en un enfoque multidisciplinar e individualizado, en el que la educación del paciente, el control del dolor, el uso de órtesis y el ejercicio terapéutico constituyen los pilares fundamentales de la intervención fisioterápica. La educación favorece la adherencia al tratamiento y el autocuidado, mientras que el empleo de órtesis, tanto blandas como rígidas, ha demostrado ser eficaz para reducir el dolor y mejorar la función, sin que exista evidencia concluyente de la superioridad de un tipo sobre otro. Asimismo, la cinesiterapia, especialmente mediante ejercicios de fortalecimiento, movilidad y estabilidad del pulgar, contribuye a mejorar la fuerza de prensión y pinza, así como la funcionalidad de la mano. Las técnicas de terapia manual y los agentes físicos pueden utilizarse como complemento del tratamiento, aunque la evidencia que respalda su eficacia es más limitada.
No obstante, esta revisión pone de manifiesto la existencia de una considerable heterogeneidad en los protocolos de tratamiento y en las metodologías empleadas por los estudios analizados, lo que dificulta establecer recomendaciones clínicas estandarizadas. Además, el reducido número de investigaciones específicas sobre rizartrosis y la ausencia de programas de ejercicio consensuados limitan la fortaleza de las conclusiones. En conjunto, los resultados apoyan el papel de la fisioterapia como tratamiento de primera elección en las fases iniciales de la enfermedad y evidencian la necesidad de desarrollar estudios de mayor calidad metodológica que permitan definir protocolos terapéuticos más homogéneos y evaluar su eficacia a largo plazo.
Conclusiones
El tratamiento de la rizartrosis debe ser individualizado, combinando las diferentes opciones terapéuticas según las características y necesidades de cada paciente para obtener los mejores resultados funcionales.
Asimismo, la evidencia científica destaca la necesidad de seguir investigando la eficacia de los tratamientos actuales y el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas.
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Sobre los autores
Eva González Blanco. Servicio de Rehabilitación del Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA). Lugo. España. ORCID: 0009-0008-1133-8265.
Raquel Ramos Lobo. Servicio de Rehabilitación del Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA). Lugo. España. ORCID: 0009-0005-8137-2758.
Ana Pena López. Servicio de Rehabilitación del Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA). Lugo. España. ORCID: 0009-0003-4055-6767.
Autor de correspondencia: Eva González Blanco @
Sobre el artículo
Fecha de recepción: 31 de julio de 2026
Fecha de aceptación: 31 de agosto de 2026
Fecha de publicación: 9 de septiembre de 2026
DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0195
Conflictos de interés: ninguno
Consentimiento informado: No aplicable
Financiación: ninguna
Declaración ética: Los autores declaran que este trabajo se ha realizado de acuerdo con los principios éticos y las normas internacionales de investigación biomédica, respetando los criterios de confidencialidad, integridad científica y buenas prácticas editoriales.
Autoría y responsabilidad: Todos los autores declaran haber participado activamente en el desarrollo del trabajo, haber revisado y aprobado la versión final del manuscrito y asumir responsabilidad pública por su contenido, conforme a los criterios internacionales de autoría.