Autora principal: Amaia Arrizabalaga Solano
Vol. XXI; nº 05; 68
REVISIÓN
Hipospadias en la infancia: revisión integral de diagnóstico, manejo quirúrgico y seguimiento a largo plazo
Hypospadias in childhood: comprehensive review of diagnosis, surgical management, and long-term follow-up
Amaia Arrizabalaga Solano, Clara Camprubí Polo, Enrique Ramos Laguna, Jaime Monllau Espuis, Elena Garciandía Sola, Elena Cirac Amorós
Incluido en Revista Electrónica de PortalesMedicos.com, Volumen XXI. Número 05 – Primera quincena de Marzo de 2026 – Página inicial: Vol. XXI; nº 05; 68 – DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0068 – Cómo citar este artículo
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Resumen
Introducción: El hipospadias es una anomalía congénita frecuente de los genitales masculinos, caracterizada por la localización ventral ectópica del meato uretral, frecuentemente asociada a incurvación peneana ventral y desarrollo prepucial incompleto.
Objetivos: Analizar epidemiología, etiología, clasificación, diagnóstico, tratamiento quirúrgico, complicaciones y seguimiento del hipospadias, incorporando evidencia reciente y recomendaciones de guías europeas y americanas.
Métodos: Revisión narrativa de literatura publicada hasta 2025, incluyendo estudios de cohortes, revisiones sistemáticas y guías clínicas.
Resultados: La incidencia es de 15-20 casos por 10.000 nacidos vivos, con factores de riesgo genéticos, hormonales y ambientales. La clasificación más utilizada combina localización del meato y características anatómicas (sistema GMS). El diagnóstico es clínico, complementado con estudios genéticos en formas severas. La cirugía, idealmente entre 6 y 18 meses, busca corrección de la curvatura, reconstrucción uretral y resultado estético/funcional. Técnicas distales incluyen TIP; técnicas proximales a menudo requieren abordaje en dos tiempos. Las complicaciones más frecuentes son fístula, estenosis y recurvación, más prevalentes en hipospadias proximales. El seguimiento prolongado es esencial para detectar secuelas funcionales y psicológicas.
Conclusión: El manejo exitoso requiere diagnóstico preciso, selección quirúrgica individualizada y seguimiento a largo plazo. La investigación futura debe centrarse en predictores de complicaciones y resultados reportados por pacientes.
Palabras clave
hipospadias; procedimientos quirúrgicos urológicos; anomalías urogenitales; cirugía reconstructiva; resultado del tratamiento
Abstract
Introduction: Hypospadias is a common congenital anomaly of the male external genitalia, characterized by ventral ectopic placement of the urethral meatus, often associated with ventral penile curvature and incomplete preputial development.
Objectives: To analyze the epidemiology, etiology, classification, diagnosis, surgical management, complications, and follow-up of hypospadias, incorporating recent evidence and recommendations from European and American guidelines.
Methods: Narrative review of literature published up to 2025, including cohort studies, systematic reviews, and clinical guidelines.
Results: The incidence is 15-20 cases per 10,000 live births, with genetic, hormonal, and environmental risk factors. The most commonly used classification combines meatus location and anatomical features (GMS system). Diagnosis is clinical, supplemented with genetic studies in severe cases. Surgery, ideally performed between 6 and 18 months, aims to correct curvature, reconstruct the urethra, and achieve satisfactory functional and aesthetic outcomes. Distal hypospadias is typically treated with TIP, while proximal forms often require staged procedures. Most frequent complications are fistula, meatal stenosis, and recurvature, more common in proximal cases. Long-term follow-up is essential to detect functional and psychological sequelae.
Conclusion: Successful management requires precise diagnosis, individualized surgical approach, and prolonged follow-up. Future research should focus on predictors of complications and patient-reported outcomes.
Keywords
hypospadias; urologic surgical procedures; urogenital abnormalities; reconstructive surgical procedures; treatment outcome
Introducción
El hipospadias es una de las anomalías congénitas más frecuentes de los genitales externos masculinos, caracterizada por la localización ectópica ventral del meato uretral, asociada de forma variable a incurvación peneana ventral y a un desarrollo incompleto del prepucio en su cara ventral. Su relevancia clínica radica no solo en la elevada incidencia, estimada en torno a 18 casos por cada 10.000 varones nacidos vivos en Europa, sino también en la complejidad de su manejo quirúrgico y en el impacto funcional, estético y psicológico que puede tener a lo largo de la vida del paciente [1,2].
Desde el punto de vista embriológico, el desarrollo de los genitales externos masculinos ocurre en dos fases bien diferenciadas: una fase inicial independiente de la acción hormonal y una fase posterior dependiente de andrógenos, que comienza alrededor de la octava semana de gestación. Durante este periodo, la correcta fusión de los pliegues uretrales y el desarrollo del prepucio están estrechamente relacionados. La interrupción de estos procesos, ya sea por alteraciones hormonales, genéticas o ambientales, puede dar lugar a un desarrollo incompleto de la uretra peneana y a la aparición de hipospadias [3]. La dihidrotestosterona desempeña un papel clave en esta etapa crítica del desarrollo, y la alteración de su síntesis o de la sensibilidad de los receptores androgénicos se ha relacionado con formas más graves de la enfermedad.
El hipospadias presenta una incidencia variable según la región geográfica y los criterios diagnósticos empleados. En Europa y Norteamérica se sitúa entre 15 y 20 casos por cada 10.000 nacidos vivos, con una tendencia al aumento en las últimas décadas, probablemente relacionada con una mayor detección y con la exposición a factores ambientales [1,4]. Se ha descrito una asociación con más de 200 síndromes genéticos y malformaciones congénitas, lo que apoya su origen multifactorial. La etiología del hipospadias es compleja y multifactorial, incluyendo factores genéticos, placentarios, hormonales y ambientales.
Entre los factores de riesgo más relevantes se encuentran la disfunción placentaria precoz, el bajo peso al nacer, el parto prematuro, la diabetes e hipertensión maternas, la edad materna extrema y los embarazos múltiples [5]. Asimismo, la reproducción asistida se ha asociado a un mayor riesgo, posiblemente en relación con la subfertilidad parental, la manipulación hormonal y la mayor tasa de gestaciones gemelares [6].
Clasificación
La clasificación del hipospadias se basa tradicionalmente en la localización del meato uretral, distinguiéndose formas distales o anteriores (80-85%), mediales (10-15%) y proximales o posteriores (5-10%) [2]. No obstante, esta clasificación resulta insuficiente para describir la complejidad real de la patología, ya que no tiene en cuenta otros factores determinantes como el grado de incurvación peneana, la calidad de la placa uretral o la presencia de anomalías asociadas.
La localización del meato no siempre es suficiente para explicar la complejidad de esta patología, por lo que hay que tener en cuenta otros factores como la curvatura asociada o la presencia de otras alteraciones. También se pueden clasificar en leves (glandular o peneano sin incurvación asociada ni otras anomalías del pene y el escroto) o severo (peneo-escrotal, perineal, asociado a incurvación o anomalías escrotales).
La ubicación del meato uretral ha sido utilizada clásicamente para definir la gravedad del hipospadias. La mayoría de los niños (70-85%) tienen una variante de meato distal leve. La hipospadias proximal ocurre en el 10% al 25% de los pacientes y presenta varios desafíos únicos de manejo para el cirujano. Una clasificación basada únicamente en la ubicación del meato uretral simplifica en exceso el fenotipo de la hipospadias y puede incluso ser engañosa. Los niños que tienen lo que parece ser un meato uretral distal pueden tener curvatura ventral grave, tejido hipoplásico que cubre un meato uretral más proximal y falta de piel del eje del pene ventral, lo que aumenta la complejidad de la reparación y el riesgo de complicaciones. Por lo tanto, definir la complejidad de la hipospadias simplemente basada en la ubicación del meato uretral subestima la gravedad en algunos niños. Un sistema de clasificación que incluya la ubicación del meato uretral, así como el grado de curvatura del pene después del desplazamiento, conduce a un diagnóstico más definitivo y relevante.
En este contexto, han surgido sistemas de clasificación más completos, como el sistema GMS (Glans-Meatus-Shaft), que evalúa de forma objetiva la calidad del glande y la placa uretral, la localización del meato y el grado de curvatura del pene tras el degloving intraoperatorio. Este sistema ha demostrado una buena correlación con la gravedad del hipospadias y con el riesgo de complicaciones postoperatorias [7].
Diagnóstico
El diagnóstico del hipospadias es fundamentalmente clínico y suele realizarse al nacimiento mediante una exploración física detallada. La tríada clásica incluye un meato uretral ectópico ventral, incurvación peneana ventral y un prepucio incompleto con capucha dorsal, aunque estos dos últimos no siempre están presentes. Hasta un 5% de los niños con hipospadias tienen un prepucio intacto y no se diagnostican hasta que el prepucio se vuelve retráctil o se reduce en el momento de la circuncisión. Dado que el prepucio intacto puede ocultar la presencia de un desarrollo uretral incompleto en un recién nacido, es fundamental retraer el prepucio antes de la circuncisión para evitar pasar por alto esta anomalía y potencialmente lesionar la uretra incompleta o eliminar el prepucio que podría ser incorporado en una reconstrucción uretral posterior [8].
Es esencial evaluar la localización y morfología del meato, el tamaño del glande, la presencia y grado de incurvación peneana, así como descartar estenosis meatal y/o artesia uretral. Además, deben buscarse activamente anomalías asociadas, siendo las más frecuentes la hernia inguinal o hidrocele (9-16%) y la criptorquidia (7-10%), especialmente en los hipospadias proximales [9]. En los casos de hipospadias severo asociado a testes no palpables o genitales ambiguos, las guías europeas y americanas recomiendan la realización de un estudio genético y endocrinológico completo para descartar trastornos del desarrollo sexual.
Un sistema de clasificación que incluya la localización del meato uretral, así como el grado de curvatura del pene tras el degloving, conduce a un diagnóstico más definitivo y pertinente. El sistema de puntuación GMS (meato del glande y eje del pene [curvatura]) incorpora hallazgos del examen físico en el quirófano, evaluando la calidad del glande y la placa uretral, la ubicación del meato uretral y el grado de curvatura del pene, para asignar objetivamente puntajes y estratificar la gravedad. De hecho, puntajes GMS más altos se correlacionan con un mayor riesgo de desarrollar una complicación. La evaluación del puntaje GMS se desarrolló para su uso en el quirófano porque las mediciones en la consulta han demostrado ser menos precisas para evaluar la gravedad, particularmente el grado de curvatura del pene ventral.
La evaluación inicial de los niños con hipospadias requiere una historia y un examen físico cuidadosos. Además de la tríada de hipospadias, los niños pueden tener anomalías asociadas, incluida torsión del pene, formación de membranas penoescrotales y transposición penoescrotal, que deben considerarse al planificar la reparación [10].
Indicaciones y manejo quirúrgico
Los objetivos del tratamiento quirúrgico del hipospadias incluyen la corrección de la incurvación peneana, la creación de una neouretra de calibre adecuado, el posicionamiento del neomeato lo más cercano posible al vértice del glande y la obtención de un pene con un resultado funcional satisfactorio desde el punto de vista urinario y sexual, así como un aspecto estético general aceptable en el contexto de la patología, que en algunos casos resultará más complejo [2]. La edad óptima para la reparación quirúrgica se sitúa entre los 6 y 18 meses de vida, periodo en el que se minimiza el impacto psicológico y se aprovecha una mayor elasticidad tisular [10]. El uso de terapia androgénica preoperatoria continúa siendo controvertido, aunque puede aumentar la longitud del pene y el diámetro del glande y así facilitar la reconstrucción en casos seleccionados. Las preocupaciones por la estimulación androgénica en estos niños incluyen comportamiento agresivo, erecciones aumentadas, decoloración de la piel y características masculinas secundarias, todas las cuales son transitorias y se resuelven espontáneamente dentro de los 6 meses posteriores a la última dosis. Algunos cirujanos prefieren evitar la testosterona preoperatoria debido a un mayor riesgo percibido de sangrado como resultado de una angiogénesis aumentada. Otros creen que la exposición a los andrógenos puede resultar en una mala cicatrización de la herida [11].
Indicaciones quirúrgicas
- Meato situado proximalmente (ectópico) que provoca un chorro urinario desviado ventralmente o en spray.
- Estenosis de meato.
- Incurvación anterior.
- Glande hendido.
- Pene rotado con rafe anormal.
- Prepucio «encapuchado»: circunferencia incompleta con ausencia de prepucio en la parte ventral.
- Transposición peno-escrotal.
- Escroto dividido.
Corrección de la incurvación
Se debe evaluar el grado de incurvación intraoperatoriamente antes de iniciar la intervención mediante una erección artificial tras realizar degloving. El grado de curvatura del pene determina la decisión entre una reparación en una o dos etapas. La curvatura puede resultar de la piel ventral acortada, una uretra corta o de la curvatura intrínseca de los cuerpos cavernosos. La decisión de tratar la curvatura se centra en las posibles preocupaciones funcionales y cosméticas que los hombres pueden tener a medida que maduran hasta la edad adulta.
Si la incurvación está presente tras el degloving, hay que corregirla. 30 grados es la medida definitoria para realizar una plicatura dorsal o un procedimiento de alargamiento corporal. Si el cirujano está preocupado por la calidad de la piel del cuerpo ventral a pesar de una curvatura inferior a 30 grados, se puede considerar un procedimiento de alargamiento corporal.
Plicatura: en la técnica de plicatura de Nesbit se realiza una biopsia por escisión de la túnica albugínea dorsal frente al punto de máxima curvatura. De forma similar, otros han descrito la realización de una plicatura sin incisión de la túnica albugínea. La técnica de Heineke-Mikulitz implica una incisión vertical en la túnica albugínea y el cierre horizontal del defecto para acortar el dorso del pene. Para cada una de estas técnicas, las incisiones y/o las plicaturas se realizan en paralelo a ambos lados del haz neurovascular.
Alargamiento corporal ventral: existen varias opciones para procedimientos de alargamiento corporal ventral. La base de estos procedimientos involucra incisiones únicas o múltiples en la parte ventral opuesta al punto de curvatura máxima, liberando la tensión ventral en la túnica albugínea para enderezar el pene. Se puede colocar un injerto autólogo (piel o túnica vaginal) o no autólogo. La elección del enfoque de alargamiento corporal queda a discreción del cirujano. Los beneficios incluyen un aumento en la longitud del pene y resultados mejorados para la curvatura grave. Las preocupaciones incluyen un procedimiento más largo y complicado en comparación con la plicatura, una limitación en las opciones de cobertura de la piel ventral y un riesgo potencialmente mayor de disfunción eréctil.
La literatura sobre reparaciones de hipospadias puede resultar abrumadora, ya que se han descrito más de 200 técnicas, aunque la mayoría son una variación de un enfoque establecido. Los principios básicos de la reparación incluyen la identificación y corrección de la curvatura del pene, el avance uretral ya sea con o sin uretroplastia, y la reconstrucción del glande. Las técnicas de uretroplastia pueden categorizarse ampliamente en aquellas que utilizan colgajos de piel genital local, aquellas que utilizan colgajos o injertos de tejido prepucial o extragenital, y la tubularización uretral [1,2].
Técnicas de corrección del hipospadias distal
Técnicas de avance: típicamente se reservan únicamente para el meato más distal, glanular, con una mínima o nula curvatura del pene.
MAGPI (Glanuloplastia de avance meatal): el objetivo principal de este procedimiento es avanzar el meato distalmente sin tubularizar formalmente la uretra. Los mejores candidatos son aquellos que tienen un meato localizado en el glande. La aplicación de esta técnica en ubicaciones más proximales somete la reparación a una tensión indebida, aumentando así el riesgo de desarrollar un meato retráctil y/o un glande distal anormalmente aplanado.
MIV (glanuloplastia en V invertida): reparación para el meato glanular proximal o coronal sin tubularización uretral, diseñada para prevenir la retracción del meato y la forma anormal del glande a veces observada en el procedimiento MAGPI. Esta técnica se utiliza cuando la piel parameatal es lo suficientemente complaciente como para permitir una movilización distal del meato sin tensión y el glande debe ser lo suficientemente grande para la glanuloplastia.
Avance uretral: incorpora la movilización de la uretra distal mediante la incisión del meato hipospádico en el glande. Cuando se realiza en un paciente seleccionado adecuadamente, la movilización proporciona mayor longitud para avanzar la uretra de manera libre de tensión en el glande distal. El riesgo de esta técnica es la falta de vascularización con la consecuente estenosis y retracción [2,12].
Técnicas de tubulización: se utilizan en el caso de un meato más proximal que no es susceptible de avance, especialmente en el contexto de una curvatura leve o que se resuelve después del degloving del pene.
GAP (aproximación del glande): diseñada específicamente para pacientes con hipospadias glandulares/coronales proximales que tienen un surco glandular ancho y profundo y un meato no complaciente o «boca de pez».
Técnica de la pirámide: es esencialmente el GAP con un prepucio intacto. El surco glandular suele ser lo suficientemente profundo y ancho como para que, si se pellizcan las alas del glande juntas, se logre una apariencia cosmética normal.
Thiersch-Duplay: tubularización simple de la uretra de tejido local distal al meato ectópico. Indicada en placas anchas y sin fibrosis; requiere experiencia para minimizar fístulas.
Mathieu: se desarrolla un colgajo basado en el parameato proximal al meato, se avanza (se voltea) sobre la placa uretral deficiente para aumentarla y luego se cierra distalmente.
SLAM: Mathieu modificada en hendidura. Mejores resultados y meato más estético.
TIP (TUBULARIZED INCISED PLATE de Snodgrass-Orkiszewski): modificación de la técnica de Thiersch-Duplay al incorporar la incisión profunda de la placa uretral posterior para evitar que el meato quede en forma de pez. Si la placa es demasiado estrecha para ser simplemente tubularizada, se recomienda relajar la placa mediante una incisión en la línea media y su posterior tubularización. Esta técnica es la más utilizada y se ha convertido en el tratamiento de elección en las hipospadias distales y de pene medio.
OIF: es especialmente útil en el caso de una placa uretral estrecha. Para aumentar la placa, se extrae un colgajo en isla de piel prepucial dorsal interna, se transpone ventralmente y se sutura sobre la placa para cerrar el defecto uretral. Desbancada por TIP [2,8].
Técnicas de corrección del hipospadias proximal
La preocupación por la recurrencia de la curvatura del pene en hipospadias graves cuando se trata únicamente con plicatura dorsal ha hecho que la tendencia se incline hacia procedimientos de alargamiento corporal más agresivos y, por lo tanto, en manos de la mayoría de los cirujanos, hacia una reparación en varias fases.
Corrección en 1 tiempo: en general, la reparación de hipospadias proximal en una fase implica la plicatura dorsal para corregir la curvatura ventral del pene junto con varias técnicas diferentes de uretroplastia. Éstas pueden estratificarse según el tejido utilizado en la reparación, concretamente piel prepucial frente a piel local frente a injerto bucal.
El colgajo pediculado prepucial transversal (TPIF) o tubo de Duckett fue descrito en 1980: se cosecha un colgajo de isla prepucial, se tubulariza en una uretroplastia de sustitución. En lugar de tubularizar el colgajo antes de fijarlo al cuerpo del pene, actualmente se ancla el lado izquierdo del colgajo a la superficie ventral del cuerpo del pene, justo a la izquierda de la línea media. El colgajo se cierra entonces en la línea media, con suturas de Lembert interrumpidas para reducir el riesgo de exponer el epitelio bajo la reparación [2,13].
La técnica OIF evolucionó a partir de la experiencia de Duckett con el TPIF. Es una técnica versátil que puede utilizarse para variantes más proximales. Las indicaciones incluyen niños cuya curvatura se ha corregido tras el degloving peneano y no requiere la división de una placa uretral relativamente fina que de otro modo no podría tubularizarse [2].
La técnica TIP ahora también se usa en hipospadias proximal, sobre todo en curvaturas que se corrigen tras el degloving o con plicatura, con una placa uretral adecuada. No es recomendable realizarla con transposición de la placa uretral [2].
Corrección en 2 tiempos: dado que el tratamiento de la curvatura ventral grave del pene ha migrado hacia los procedimientos de alargamiento corporal, la reparación en dos tiempos se ha convertido en el abordaje de elección para la mayoría de los cirujanos en el tratamiento del hipospadias proximal. Los abordajes modernos en dos tiempos pueden dividirse en tres categorías principales.
Bracka: utiliza un injerto libre, obtenido de la piel prepucial interna o de la mucosa bucal, como plantilla para la uretroplastia. En la primera fase, se corrige la curvatura del pene y se divide la placa uretral. La segunda etapa se realiza al menos 6 meses después, en la que se practica una incisión en forma de U, se tubulariza la uretra y se realiza la glansplastia [2,14].
La reparación con autoinjerto tubularizado por etapas (STAG) es una modificación de la descripción original de Bracka [2].
Byars: utiliza piel prepucial dorsal redundante, que se transpone ventralmente con su pedículo vascular en el primer procedimiento, como andamio para formar la uretra. En la segunda fase, la neouretra se cierra mediante una incisión larga en forma de U con glansplastia utilizando una técnica estándar de Thiersch-Duplay [1,2].
Independientemente del enfoque de la reparación de hipospadias proximal, es importante confirmar que la curvatura del pene se ha corregido con una erección artificial repetida en el momento de la segunda operación antes de la uretroplastia. Debe transcurrir un periodo de espera de al menos 6 meses entre las intervenciones para garantizar la incorporación adecuada del injerto y/o colgajo y la neovascularización.
Resultados y complicaciones
A pesar de las continuas modificaciones y avances técnicos, el éxito de la reconstrucción del pene en niños con hipospadias sigue siendo un gran reto. Una combinación de factores amenaza con comprometer incluso la reparación más meticulosa: las estructuras son delicadas, el proceso de cicatrización depende de la frágil neovascularización y el edema postoperatorio, el riesgo de infección y la variabilidad inherente al proceso de cicatrización aumentan el riesgo.
Las tasas de complicaciones varían según la gravedad del hipospadias y la técnica empleada. En general, las reparaciones distales presentan tasas de complicaciones inferiores al 10%, mientras que en los hipospadias proximales pueden alcanzar el 20-30% [13]. La fístula uretrocutánea es la complicación más frecuente, seguida de la estenosis meatal, la dehiscencia glandular y la recurrencia de la incurvación. Se han identificado como factores de riesgo independientes de complicaciones el tamaño del glande inferior a 14 mm, la localización proximal del meato y la necesidad de reintervención [7,13]. Un metanálisis de las tasas de complicaciones de la reparación de la TIP halló menores tasas de complicaciones e incidencia de reoperaciones en las reparaciones distales primarias (en el 4,5%) que en las reparaciones proximales primarias (en el 12,2%) y en la reparación secundaria (en el 23,3%). Aproximadamente el 60% de las complicaciones aparecen durante el primer año tras la cirugía, aunque algunas pueden manifestarse de forma tardía.
El seguimiento a largo plazo es fundamental, ya que un porcentaje significativo de complicaciones puede aparecer más allá del primer año postoperatorio. Además, estudios a largo plazo han demostrado que algunos pacientes intervenidos de hipospadias presentan mayor incidencia de alteraciones miccionales, disfunción eyaculatoria o insatisfacción con la imagen corporal en la edad adulta [14].
Discusión
A pesar de los avances técnicos y conceptuales en la cirugía del hipospadias, esta patología continúa representando un reto para el urólogo pediátrico. La amplia variabilidad anatómica, la fragilidad tisular y la dependencia de una correcta cicatrización condicionan los resultados. La tendencia actual hacia una individualización del tratamiento, basada en la gravedad real del defecto y no únicamente en la localización del meato, parece fundamental para mejorar los resultados.
Conclusiones
El hipospadias es una patología congénita frecuente y compleja que requiere un abordaje diagnóstico y terapéutico individualizado.
La correcta evaluación de la gravedad, la selección adecuada de la técnica quirúrgica y un seguimiento prolongado son claves para optimizar los resultados funcionales y estéticos.
Futuras líneas de investigación deberían centrarse en la identificación de predictores de complicaciones y en la evaluación sistemática de los resultados reportados por los propios pacientes.
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Sobre los autores
Amaia Arrizabalaga Solano. Servicio de Urología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
Clara Camprubí Polo. Servicio de Urología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
Enrique Ramos Laguna. Servicio de Urología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
Jaime Monllau Espuis. Servicio de Urología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
Elena Garciandía Sola. Servicio de Urología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
Elena Cirac Amorós. Servicio de Urología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
Autora de correspondencia: Amaia Arrizabalaga Solano @
Sobre el artículo
Fecha de recepción: 5 de febrero de 2026
Fecha de aceptación: 3 de marzo de 2026
Fecha de publicación: 12 de marzo de 2026
DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0068
Conflictos de interés: ninguno
Consentimiento informado: No aplicable
Financiación: ninguna
Declaración ética: Los autores declaran que este trabajo se ha realizado de acuerdo con los principios éticos y las normas internacionales de investigación biomédica, respetando los criterios de confidencialidad, integridad científica y buenas prácticas editoriales.
Autoría y responsabilidad: Todos los autores declaran haber participado activamente en el desarrollo del trabajo, haber revisado y aprobado la versión final del manuscrito y asumir responsabilidad pública por su contenido, conforme a los criterios internacionales de autoría.