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Manejo de las complicaciones del catéter central de inserción periférica (PICC): revisión bibliográfica actualizada

Autora principal: Cynthia Molés Gascón

Vol. XXI; nº 05; 62

REVISIÓN

Manejo de las complicaciones del catéter central de inserción periférica (PICC): revisión bibliográfica actualizada

Management of complications of the peripherally inserted central catheter (PICC): an updated literature review

Cynthia Molés Gascón, María del Mar Garrido Merino, María Muñoz Lapeña

Incluido en Revista Electrónica de PortalesMedicos.com, Volumen XXI. Número 05 – Primera quincena de Marzo de 2026 – Página inicial: Vol. XXI; nº 05; 62 – DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0062Cómo citar este artículo

Sobre los autores | Sobre el artículo | Referencias

Resumen

El catéter central de inserción periférica (PICC) es un dispositivo de acceso venoso central ampliamente utilizado en pacientes que requieren terapias intravenosas prolongadas, como quimioterapia, nutrición parenteral o antibióticos de larga duración. Sus principales ventajas incluyen un menor riesgo de complicaciones mecánicas graves, facilidad de inserción con apoyo ecográfico, versatilidad en distintos perfiles clínicos y reducción de costos frente a otros accesos venosos.

No obstante, existen complicaciones asociadas al PICC, las cuales pueden ser infecciosas, trombóticas, mecánicas o locales, lo que exige vigilancia continua y protocolos de prevención y actuación precoz para reducir la morbimortalidad y los riesgos asociados. El manejo de estos eventos adversos abarca desde la retirada del catéter en infecciones graves hasta anticoagulación en trombosis o intervenciones específicas en complicaciones mecánicas y locales.

El rol de la enfermería es esencial en la inserción, mantenimiento, detección temprana de complicaciones, así como en la evaluación del impacto en la calidad de vida de los pacientes portadores de PICC.

Palabras clave

cateterismo venoso central; cateterismo periférico; infección relacionada con catéter; seguridad del paciente; enfermería; calidad de vida

Abstract

The peripherally inserted central catheter (PICC) is a central venous access device widely used in patients requiring prolonged intravenous therapies, such as chemotherapy, parenteral nutrition, or long-term antibiotics. Its main advantages include a lower risk of severe mechanical complications, ease of insertion with ultrasound guidance, versatility in different clinical profiles, and cost reduction compared to other venous access.

However, there are complications associated with PICC, which can be infectious, thrombotic, mechanical, or local, requiring continuous monitoring and early intervention protocols to reduce morbidity, mortality, and associated risks. Management of these adverse events ranges from catheter removal in severe infections to anticoagulation in thrombosis or specific interventions for mechanical and local complications.

The role of nursing is essential in insertion, maintenance, early detection of complications, as well as in assessing the impact on the quality of life of patients with PICC.

Keywords

catheterization, central venous; catheterization, peripheral; catheter-related infections; patient safety; nursing; quality of life

Introducción

El catéter central de inserción periférica (PICC, Peripherally Inserted Central Catheter) es un dispositivo de acceso venoso central de uso ampliamente extendido en diferentes contextos clínicos, especialmente en pacientes que requieren terapias intravenosas de mediana o larga duración. La inserción se realiza a través de venas periféricas, habitualmente la basílica, cefálica o braquial, alojándose la punta del catéter en la unión cavo-auricular o en la vena cava superior, lo que asegura un acceso venoso central con menores riesgos mecánicos inmediatos en comparación con otros catéteres venosos centrales (CVC) insertados en la vena yugular, subclavia o femoral [1].

Las indicaciones más frecuentes del PICC incluyen la administración prolongada de antibióticos, quimioterapia, nutrición parenteral, transfusiones de hemoderivados, fármacos vesicantes o irritantes, y tratamientos que requieren soluciones de alta osmolaridad o pH extremo [1,2,10]. En oncología, se ha convertido en un recurso habitual por la duración de los tratamientos y la fragilidad venosa de los pacientes [2,4]. Asimismo, en unidades de cuidados intensivos se valora como alternativa más segura a los CVC en determinados perfiles de pacientes [3].

Existen también contraindicaciones relativas y absolutas para la colocación de un PICC. Entre las absolutas se incluyen la presencia de infección activa en el sitio de inserción, trombosis venosa profunda en la extremidad seleccionada y alergia conocida a los materiales del catéter [1]. Entre las contraindicaciones relativas destacan la insuficiencia renal crónica avanzada en pacientes candidatos a fístula arteriovenosa (para preservar la vasculatura), venas periféricas con diámetro insuficiente, alteraciones graves de la coagulación sin posibilidad de corrección y limitaciones anatómicas que impidan la progresión adecuada del catéter [1,10]. La evaluación individualizada de cada paciente es fundamental para la correcta indicación del dispositivo.

Presenta variedad de ventajas, entre las que destacan: menor riesgo de complicaciones mecánicas graves como neumotórax o hemotórax en comparación con los CVC [1]; facilidad de inserción en entornos hospitalarios y ambulatorios, especialmente cuando se utiliza ecografía [10]; versatilidad en el uso para diferentes terapias y poblaciones, incluidos pacientes pediátricos, oncológicos y críticos [2,3,4]; y potencial para reducir los costos asociados a complicaciones graves de otros accesos vasculares [9].

Sin embargo, también existen inconvenientes que limitan su uso universal. El PICC puede asociarse a un mayor riesgo de trombosis venosa profunda, oclusiones y disfunciones del dispositivo en comparación con los CVC [4,8]. Además, el tiempo de inserción puede ser mayor en profesionales que no estén habituados a realizar la técnica, y en pacientes con anatomía venosa comprometida la tasa de fallos iniciales aumenta [8].

A ello se suma el impacto psicosocial que experimentan los pacientes portadores de dispositivos de acceso vascular periférico. Diversos estudios han analizado el efecto del PICC en la calidad de vida de estos pacientes, identificándose problemas relacionados con la movilidad del brazo, limitaciones en las actividades cotidianas, alteraciones en la imagen corporal y un aumento de la ansiedad por la necesidad de cuidados especiales [6]. No obstante, cuando se garantiza una correcta educación al paciente y una supervisión adecuada por parte del equipo de enfermería, los efectos negativos pueden minimizarse, favoreciendo la percepción de seguridad y la adherencia al tratamiento [5-7].

Para evaluar de manera objetiva el impacto psicosocial se utilizan diversos instrumentos validados como el Quality of Life Index (QLI) adaptado a pacientes con accesos vasculares, el EuroQol-5D (EQ-5D) y cuestionarios específicos diseñados para dispositivos intravenosos [6]. Estos instrumentos permiten cuantificar dimensiones como dolor, incomodidad física, alteraciones emocionales y limitaciones funcionales. Por ello, la educación, el acompañamiento continuo del personal de enfermería y la implementación de estrategias de autocuidado son herramientas clave para favorecer la adaptación del paciente y mejorar su experiencia durante el tratamiento [5-7].

Metodología

Se realizó una revisión bibliográfica basada en una selección de referencias publicadas entre 2022 y 2025. Se incluyeron capítulos de manuales médicos, estudios observacionales, revisiones, artículos originales, tesis y guías clínicas en inglés, español o portugués. Las fuentes consultadas incluyen NCBI, PubMed y PMC, Dialnet, SciELO y SEMICYUC.

La estrategia de análisis consistió en revisar cada fuente de manera independiente, extrayendo información sobre: indicaciones, ventajas, inconvenientes y complicaciones del PICC [1-4,8-10]; comparación con otros accesos vasculares [3,4]; factores de riesgo asociados a complicaciones [2,4,8,9]; rol de enfermería en el manejo y prevención de complicaciones [5,7]; impacto en la calidad de vida [6] y recomendaciones prácticas de guías clínicas [10].

Resultados

Las complicaciones asociadas al PICC son diversas, multifactoriales y han sido ampliamente documentadas en la literatura. Se dividen en infecciosas, trombóticas, mecánicas y locales. Cada grupo presenta una fisiopatología, factores de riesgo y consecuencias clínicas distintas.

Complicaciones infecciosas: abarcan desde la infección localizada en el sitio de inserción hasta la colonización del catéter y la sepsis asociada al dispositivo. Las infecciones del torrente sanguíneo (CLABSI) son las más graves y su frecuencia varía en función del estado inmunológico del paciente, la duración del catéter y la adherencia a protocolos de cuidado [3,4]. Pacientes oncológicos y críticos presentan mayor riesgo debido a la inmunosupresión y estancias prolongadas. Entre los síntomas más frecuentes se incluyen: fiebre, escalofríos, enrojecimiento y secreción purulenta en el sitio de inserción. Medidas como la inserción bajo estricta asepsia, el uso de apósitos transparentes semipermeables, la desinfección con clorhexidina y la capacitación del personal disminuyen significativamente la incidencia [5,7,10].

Complicaciones trombóticas: la trombosis venosa profunda en el brazo portador del catéter es una de las complicaciones más relevantes [2,8]. Su fisiopatología se relaciona con el daño endotelial durante la inserción, el éstasis venoso y la hipercoagulabilidad del paciente (tríada de Virchow). Clínicamente, puede manifestarse con dolor, edema, eritema y aumento de la temperatura local. Además, puede comprometer la viabilidad del dispositivo y obligar a su retirada prematura. El riesgo aumenta en pacientes oncológicos, con antecedentes de trombosis y en aquellos sometidos a quimioterapia [2,4]. Estrategias preventivas incluyen la correcta elección de la vena de inserción, la limitación del calibre del catéter en relación al vaso y la monitorización ecográfica.

Complicaciones mecánicas: incluyen la migración de la punta del catéter, la oclusión por precipitación de fármacos o formación de trombos intraluminales, el daño estructural del catéter y la dificultad de inserción [8,9]. La migración puede deberse a movimientos repetitivos del brazo o una fijación inadecuada. Las oclusiones imposibilitan la infusión o extracción de sangre y suelen requerir intervenciones como irrigaciones con soluciones anticoagulantes o agentes fibrinolíticos. Asimismo, el daño del catéter puede predisponer a extravasación y pérdida de eficacia terapéutica.

Complicaciones locales: incluyen flebitis, hematomas, sangrado y dolor [8]. La flebitis se manifiesta con enrojecimiento, calor y dolor en el trayecto venoso, y puede deberse a irritación mecánica o química. Los hematomas son más frecuentes cuando la técnica de inserción no utiliza guía ecográfica o en pacientes con alteraciones de coagulación.

En todos los casos, el rol de enfermería resulta crucial para la prevención, detección temprana y manejo de complicaciones [5,7]. Algunas intervenciones como la vigilancia diaria del sitio de inserción, el registro de signos locales y sistémicos, así como el uso de listas de verificación basadas en guías clínicas internacionales son medidas fundamentales para garantizar la seguridad del PICC. En general, el PICC es un dispositivo con múltiples beneficios frente a otros accesos venosos, pero requiere una selección cuidadosa del paciente, una inserción realizada por personal entrenado y cuidados de mantenimiento basados en la evidencia para maximizar su seguridad y efectividad.

Manejo de los eventos adversos

El manejo de los eventos adversos relacionados con el PICC requiere una estrategia multidisciplinar centrada en la identificación temprana y la intervención adecuada según el tipo de complicación.

Eventos infecciosos: se recomienda la retirada inmediata del catéter en casos de sepsis grave o bacteriemia persistente, asociada a la administración de tratamiento antimicrobiano dirigido según cultivos [3,4]. Para infecciones locales leves, puede considerarse tratamiento antibiótico tópico o sistémico manteniendo el catéter bajo estrecha vigilancia.

Eventos trombóticos: el tratamiento incluye anticoagulación sistémica con heparinas de bajo peso molecular o anticoagulantes orales, de acuerdo con guías clínicas. La retirada del PICC se valora si la trombosis es extensa o si el catéter no es funcional [2,8].

Eventos mecánicos: las migraciones o malposiciones pueden corregirse mediante recolocación bajo control radiológico o ecográfico. En caso de oclusiones intraluminales, la instilación de agentes fibrinolíticos o anticoagulantes es una medida eficaz [9].

Eventos locales: el manejo sintomático de la flebitis puede tratarse con calor local, antiinflamatorios y rotación de la extremidad. Mientras que los hematomas o sangrados suelen resolverse con vendaje de compresión adecuado [8].

La capacitación del personal de enfermería y la existencia de protocolos estandarizados para cada evento adverso son esenciales para reducir la morbimortalidad y los riesgos asociados [5,7,10].

Conclusiones

El PICC constituye una herramienta fundamental en la atención de pacientes con necesidad de tratamientos intravenosos prolongados. Presenta ventajas frente a otros accesos venosos como un menor riesgo de complicaciones mecánicas graves o versatilidad clínica para múltiples indicaciones terapéuticas, pero también complicaciones frecuentes que exigen protocolos de prevención y manejo.

El rol de la enfermería es esencial para garantizar la seguridad en el uso del PICC, siendo la práctica aséptica, la monitorización continua, la educación al paciente y la implementación de estrategias de autocuidado herramientas clave para favorecer la adaptación del paciente y mejorar su experiencia durante el tratamiento [5-7]. Adicionalmente, el impacto en la calidad de vida del paciente debe evaluarse como parte integral del cuidado [6].

Las guías clínicas recomiendan la inserción ecoguiada, el uso de protocolos estandarizados de mantenimiento, la selección individualizada del dispositivo, así como establecer modelos predictivos para anticipar complicaciones y optimizar la práctica clínica [2,10]. El reto futuro radica en minimizar complicaciones, consolidar estándares internacionales y profundizar en el impacto global del PICC en distintos escenarios clínicos.

Bibliografía

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Sobre los autores

Cynthia Molés Gascón. Servicio de Medicina Nuclear, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España. ORCID: 0009-0005-9024-0765

María del Mar Garrido Merino. Servicio de Alergología, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.

María Muñoz Lapeña. ESAD Sector 2, Zaragoza, España.

Autora de correspondencia: Cynthia Molés Gascón @

Sobre el artículo

Fecha de recepción: 11 de febrero de 2026

Fecha de aceptación: 26 de febrero de 2026

Fecha de publicación: 9 de marzo de 2026

DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0062

Conflictos de interés: ninguno

Consentimiento informado: No aplicable

Financiación: ninguna

Declaración ética: Los autores declaran que este trabajo se ha realizado de acuerdo con los principios éticos y las normas internacionales de investigación biomédica, respetando los criterios de confidencialidad, integridad científica y buenas prácticas editoriales.

Autoría y responsabilidad: Todos los autores declaran haber participado activamente en el desarrollo del trabajo, haber revisado y aprobado la versión final del manuscrito y asumir responsabilidad pública por su contenido, conforme a los criterios internacionales de autoría.

Citación (Vancouver):
Molés Gascón C, Garrido Merino MM, Muñoz Lapeña M. Manejo de las complicaciones del catéter central de inserción periférica (PICC): revisión bibliográfica actualizada. Revista Electrónica de PortalesMedicos.com [Internet]. 2026 [citado 9 Jul 2026]; XXI(5):62. Disponible en: https://doi.org/10.64396/v21-0062