Autora principal: María Karolina Rodríguez Herrera
Vol. XXI; nº 15; 182
REVISIÓN
Persistencia sistémica y desafíos clínicos del Long COVID: una revisión narrativa
Systemic Persistence and Clinical Challenges of Long COVID: A Narrative Review
María Karolina Rodríguez Herrera, Ricardo Trejos Durán
Incluido en Revista Electrónica de PortalesMedicos.com, Volumen XXI. Número 15 – Primera quincena de Agosto de 2026 – Página inicial: Vol. XXI; nº 15; 182 – DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0182 – Cómo citar este artículo
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Resumen
El síndrome de Long COVID, o secuelas posagudas de la infección por SARS-CoV-2 (PASC), representa un desafío crítico de salud pública global que afecta a millones de individuos tras la fase aguda de la infección. Esta condición se caracteriza por una amplia gama de síntomas persistentes o nuevos que duran al menos dos meses y no se explican por diagnósticos alternativos. Los mecanismos moleculares subyacentes incluyen una inmunodesregulación sostenida con activación de células T y reactivación de virus latentes, junto con una coagulopatía persistente marcada por microcoágulos amiloides resistentes a la fibrinólisis. Clínicamente, el síndrome se manifiesta a través de fenotipos multiorgánicos que impactan severamente la funcionalidad y calidad de vida del paciente. El manejo de esta patología requiere un enfoque multidisciplinario apoyado por evaluaciones de laboratorio para identificar endotipos específicos y dirigir terapias personalizadas.
Palabras clave
Síndrome poscovid-19; fisiopatología; coagulopatía; inmunodesregulación; PASC.
Abstract
Long COVID syndrome, or post-acute sequelae of SARS-CoV-2 (PASC), represents a critical global public health challenge affecting millions of individuals after the acute phase of infection. This condition is characterized by a wide range of persistent or new symptoms lasting at least two months that are not explained by alternative diagnoses. Underlying molecular mechanisms include sustained immunodysregulation with T-cell activation and latent virus reactivation, alongside persistent coagulopathy marked by fibrin-amyloid microclots resistant to fibrinolysis. Clinically, the syndrome manifests through multi-organ phenotypes that severely impact patient functionality and quality of life. Managing this pathology requires a multidisciplinary approach supported by laboratory evaluations to identify specific endotypes and guide personalized therapies.
Keywords
Post-COVID-19 syndrome; pathophysiology; coagulopathy; immunodysregulation; PASC.
Introducción
El Long COVID continúa siendo relevante en la actualidad debido a su capacidad para generar discapacidad crónica y su persistencia a pesar del fin de la fase de emergencia pandémica (1). El COVID persistente es una condición crónica que se asocia a la infección por SARS-CoV-2 y puede llegar a ser discapacitante. Clasificado como un tipo de secuela posaguda (PASC), se define por la presencia de síntomas médicamente inexplicables tras haber superado la infección inicial (2).
Aunque actualmente se desconoce el número exacto de personas que viven con las secuelas de la enfermedad, se estima que entre el 10% y el 20% de los infectados por el SARS-CoV-2 pueden desarrollar síntomas diagnosticables como COVID persistente (3). Si bien estas secuelas a largo plazo suelen asociarse a casos graves que requirieron hospitalización, los pacientes con un cuadro inicial leve, atendidos de forma ambulatoria, tampoco están exentos de sufrir esta condición (4). El objetivo de esta revisión es actualizar el conocimiento técnico sobre sus bases fisiopatológicas, la utilidad de la fenotipificación clínica y los retos para un abordaje diagnóstico y terapéutico integral.
Desarrollo del tema
Epidemiología global
Los primeros informes sobre las consecuencias postagudas de la infección por COVID-19 ya han comenzado a surgir. Estudios realizados en Estados Unidos, Europa y China han reportado resultados en pacientes que sobrevivieron a la hospitalización por COVID-19 agudo (5). A nivel global, se han reportado más de 778 millones de casos confirmados de COVID-19 desde el inicio de la pandemia hasta julio de 2025 (6). Se estima que aproximadamente 65 millones de personas en todo el mundo padecen Long COVID (2). La prevalencia de este síndrome varía considerablemente según la definición utilizada y la población estudiada, estimándose que entre el 10% y el 20% de los individuos infectados por SARS-CoV-2 desarrollan secuelas persistentes (3).
En términos de distribución regional, se ha documentado una prevalencia combinada del 51% en Asia, del 44% en Europa y del 31% en América del Norte (7). Un metaanálisis reciente estimó que el 80% de las personas infectadas con SARS-CoV-2 desarrollan al menos un síntoma a largo plazo (8). Se ha observado que más del 45% de los supervivientes presentan síntomas persistentes a los 4 meses del diagnóstico inicial (9).
La evidencia actual indica que cada reinfección por SARS-CoV-2 incrementa el riesgo acumulado de desarrollar Long COVID (2). Por otro lado, la no vacunación también puede ser un factor de riesgo para el COVID persistente. En una revisión sistemática, todos los estudios demostraron que las vacunas redujeron el riesgo de contraer COVID-19 de leve a moderado, lo que respalda la hipótesis de que la vacunación podría utilizarse como una estrategia preventiva para reducir los síntomas a largo plazo (7).
Mecanismos fisiopatológicos centrales: inmunodesregulación y coagulopatía
Aunque el mecanismo exacto del COVID persistente aún no se comprende por completo y sigue bajo investigación, se han propuesto varias hipótesis principales:
1. Disfunción microvascular y endotelial
Se ha demostrado que el COVID-19 afecta directamente al sistema vascular (los vasos sanguíneos y las células endoteliales). La coagulopatía persistente en el Long COVID se basa en la formación de microcoágulos amiloides, que son depósitos de fibrinógeno con una estructura anómala resistente a la degradación natural.
El mecanismo: la proteína Spike (espícula) daña el endotelio vascular al unirse al receptor ACE2 (10).
Las consecuencias: este daño puede provocar disfunción endotelial, trombosis y lesiones microvasculares, lo que contribuye a complicaciones graves como la tromboembolia y la disfunción multiorgánica. Los estudios sugieren que el SARS-CoV-2 induce directamente inflamación, estrés oxidativo y un estado procoagulante (propensión a formar coágulos) (2).
2. Desregulación inmunitaria
El COVID persistente podría involucrar una respuesta inmunitaria alterada o prolongada, lo que genera una inflamación continua y daño en diversos órganos.
Las investigaciones indican que el sistema inmunitario de estos pacientes muestra signos de desregulación, con desequilibrios en los subtipos de células inmunitarias, en la producción de citoquinas y en la función celular en general (11).
Esta alteración contribuye a la inflamación crónica y al daño de los tejidos. Además, los pacientes suelen presentar niveles elevados de marcadores inflamatorios como la IL-6 (interleucina-6), lo que demuestra que la respuesta inmunitaria no se está resolviendo como debería (2).
3. Persistencia viral (remanentes del virus)
Es posible que, en algunos casos, queden fragmentos o remanentes del virus SARS-CoV-2 en ciertos tejidos u órganos, activando respuestas inmunitarias e inflamatorias continuas. Se ha encontrado evidencia de esta persistencia en:
- Pulmones y corazón: Estudios post-mortem han detectado ARN viral y antígenos en el tejido pulmonar, así como ARN viral en el tejido cardíaco, lo que vincula al virus con los síntomas cardiovasculares a largo plazo (2).
- Sistema digestivo: El tracto gastrointestinal es otra zona de infección activa; se ha hallado ARN y antígenos virales en los tejidos intestinales, sugiriendo que el virus puede persistir en el intestino. Las células epiteliales del estómago, el duodeno y el recto (a diferencia de las del esófago) expresan fuertemente el receptor ACE2. El SARS-CoV-2 infecta estas células y replica su proteína de la nucleocápside, lo que demuestra que el virus puede propagarse directamente de célula a célula dentro del tracto digestivo (12).
- Sistema nervioso central: Existe evidencia emergente de la presencia del SARS-CoV-2 en el cerebro. Se ha detectado ARN viral en muestras cerebrales post-mortem, así como ARN y proteínas del virus en el líquido cefalorraquídeo (11).
- Impacto neurológico: En los análisis de cerebro post-mortem también se ha observado neuroinflamación y desregulación inmunitaria. Esto coincide con los reportes de pacientes que experimentan síntomas como pérdida del gusto y del olfato, dolores de cabeza, mareos, deterioro cognitivo (niebla mental) y cambios en el estado de ánimo (13).
Fenotipos clínicos útiles y espectro multisistémico
Dada la heterogeneidad del Long COVID, que abarca más de 200 síntomas y afecta múltiples sistemas orgánicos, la comunidad científica ha subrayado la necesidad de agrupar estas manifestaciones en fenotipos clínicos o endotipos para facilitar el diagnóstico y el tratamiento personalizado (2). Estos fenotipos no son categorías estáticas, sino que a menudo presentan características superpuestas, lo que refleja la complejidad de los mecanismos biológicos subyacentes, como la persistencia viral y la inflamación sistémica de bajo grado (14).
Uno de los marcos de clasificación más robustos se basa en modelos de análisis de conglomerados (cluster analysis) aplicados a grandes bases de datos de registros electrónicos de salud. A través de este enfoque, se han identificado cuatro endotipos principales: 1) cardíaco/renal, 2) respiratorio/sueño/ansiedad, 3) musculoesquelético/neurológico y 4) digestivo/respiratorio (2).
Manifestaciones generales y sistémicas
La fatiga crónica es el síntoma más reportado y a menudo se describe como debilitante y persistente (6). Un metaanálisis global indica que la fatiga afecta aproximadamente al 58% de los pacientes (7). Otro síntoma es el malestar post-esfuerzo (PEM), definido como el empeoramiento desproporcionado de la sintomatología tras esfuerzos físicos o cognitivos mínimos que anteriormente eran tolerados (15).
Síntomas neurológicos y neuropsiquiátricos
Este espectro es uno de los más prevalentes, afectando hasta a un tercio de los individuos infectados (15).
«Niebla mental» (brain fog): Los síntomas neurológicos caracterizados por el deterioro de las funciones intelectuales en personas con COVID prolongado se denominan colectivamente «neblina mental» (o «brain fog»), la cual abarca una variedad de deficiencias cognitivas, tales como confusión, pérdida de memoria a corto plazo y dificultad para concentrarse (16).
Disfunciones quimiosensoriales: La anosmia es otro de los síntomas frecuentes asociados al COVID prolongado. Se ha informado que hasta un 46% de los pacientes presentan anosmia durante un mes o más después de la infección por COVID-19 (17). También pueden presentarse otros trastornos olfatorios, como la fantosmia (percepción de olores que no existen realmente) y la disosmia (alteración del sentido del olfato o del gusto, caracterizada por percepciones anormales como sensaciones químicas, excesivamente saladas o ácidas). La anosmia suele durar solo unos pocos días; sin embargo, se han reportado casos de disfunción olfatoria persistente a los 6 meses e incluso 1 año después de la infección (17).
Salud mental: Las manifestaciones más frecuentes incluyen ansiedad (4.7%), trastornos del estado de ánimo (2%), insomnio (1.9%) y, de manera preocupante en adultos mayores de 65 años, un incremento en los diagnósticos de demencia (1.6%) (1). Estudios transversales han reportado tasas de ansiedad significativamente superiores, situándolas entre el 25% y el 30% tras la fase aguda (6).
Manifestaciones cardiorrespiratorias
Sistema respiratorio: el epitelio del tracto respiratorio constituye la primera línea de defensa y el principal blanco de la infección por SARS-CoV-2 tras la inhalación del virus (7). Los síntomas respiratorios persistentes son los más comunes en el Long COVID, destacando la disnea crónica (dificultad para respirar), la cual se reporta en más del 50% de los pacientes a los tres meses de la infección (6). Asimismo, el dolor torácico y la tos persistente son manifestaciones frecuentes; esta última puede afectar hasta al 81% de los pacientes que requirieron hospitalización (18). A nivel fisiopatológico, estos síntomas se asocian con procesos de inflamación agresiva que dañan las vías respiratorias y pueden inducir la muerte celular programada o piroptosis en las células epiteliales (4).
Sistema cardiovascular: La infección por COVID-19 puede exacerbar la enfermedad cardiovascular, causando disfunción, coagulopatías y trombocitopenia, hipercoagulación, coagulación intravascular pulmonar, microangiopatía, tromboembolismo venoso o trombosis arterial, lesión miocárdica y síndromes coronarios agudos (19). Los pacientes reportan con frecuencia síntomas debilitantes como dolor torácico persistente, palpitaciones y síncope (2).
Manifestaciones musculoesqueléticas y dolor
El dolor constituye una de las quejas más constantes y debilitantes en el espectro clínico del Long COVID (6). Las mialgias persistentes se reportan con una frecuencia técnica del 19% en cohortes generales tras la fase aguda (14). Diversos estudios observacionales sitúan la prevalencia del dolor muscular en rangos que alcanzan el 25% de los pacientes evaluados a los cuatro meses del diagnóstico (7). Por su parte, las artralgias (dolor articular) representan un hallazgo clínico común que se vincula fisiopatológicamente con procesos de inflamación de baja intensidad en la membrana sinovial (14).
Manifestaciones gastrointestinales y dermatológicas
Gastrointestinales: Los síntomas gastrointestinales están presentes en aproximadamente la mitad de los pacientes con COVID-19 aguda, persisten seis meses después de la infección en un 10% a 25% de los pacientes y son considerados el síntoma más molesto en el 11% de los casos (20). Estos síntomas incluyen pirosis (ardor o reflujo gastroesofágico), estreñimiento, diarrea y dolor abdominal, y su prevalencia tiende a disminuir con el transcurso del tiempo (20).
Dermatológicas: La pérdida de cabello (alopecia) afecta a cerca del 25% de los pacientes meses después de la infección aguda (7). Asimismo, se ha documentado la persistencia o aparición de erupciones cutáneas y lesiones acrales (similares a sabañones), cuya persistencia podría estar relacionada con la expresión del receptor ACE2 en las células endoteliales de los capilares cutáneos y con procesos de vasculitis o trombosis microvascular (21).
Discusión
El reto diagnóstico
El diagnóstico del Long COVID constituye un desafío para la ciencia médica actual debido a la convergencia de varios factores críticos identificados en las fuentes. Debido a esta incertidumbre, la industria biotecnológica ha limitado su participación, y el diagnóstico permanece como un proceso eminentemente clínico, presuntivo y circunstancial, fundamentado en la exclusión rigurosa de otras patologías (17).
Heterogeneidad clínica extrema: se han documentado más de 200 síntomas que afectan prácticamente a todos los sistemas orgánicos, con patrones que pueden ser continuos, recurrentes (en brotes) o progresivos (1). Esta diversidad sistémica y la naturaleza fluctuante de la sintomatología dificultan la creación de criterios de subdivisión técnica o fenotipos clínicos estandarizados.
Dificultad de verificación de la infección aguda: durante las fases iniciales de la pandemia, la escasez crítica de pruebas diagnósticas impidió que muchos pacientes confirmaran su contagio inicial por SARS-CoV-2. Esta situación ha generado desafíos importantes para el reconocimiento y seguimiento de los pacientes que han desarrollado síntomas persistentes compatibles con COVID prolongado.
Impacto funcional, calidad de vida y repercusión económica
El Long COVID ejerce un impacto devastador en la funcionalidad diaria, se estima que aproximadamente el 80.1% de los pacientes reportan algún grado de limitación en sus actividades cotidianas (6). Los síntomas persistentes, como la fatiga debilitante y los déficits neurocognitivos, impiden que muchos individuos recuperen su nivel previo de salud, incluso meses después de la fase aguda (4).
Estrategias de mitigación: abordaje multidisciplinario
Debido a su naturaleza multisistémica y a la heterogeneidad de sus manifestaciones clínicas, el abordaje del Long COVID requiere un enfoque integral que articule la atención primaria, la valoración especializada y los programas de rehabilitación multidisciplinaria. El abordaje efectivo del COVID prolongado requiere fortalecer el conocimiento sobre sus factores de riesgo, manifestaciones clínicas y estrategias de manejo. La sensibilización de la población y de los profesionales de la salud constituye un elemento clave para favorecer la identificación temprana de los casos, optimizar la atención integral de los pacientes y reducir el impacto de esta condición sobre la calidad de vida (10).
Conclusiones
El Long COVID representa una transición crítica de la medicina de crisis a la gestión de la cronicidad multiorgánica compleja, donde la validación del sufrimiento del paciente es un primer paso terapéutico indiscutible. Las estimaciones actuales indican que 1 de cada 10 personas con COVID-19 experimentará síntomas prolongados, lo que destaca la necesidad de comprender los determinantes de la recuperación e informar el desarrollo de enfoques de intervención específicos para COVID-19 (21). Superar el diagnóstico clínico de sospecha y avanzar hacia una medicina de precisión requiere, de forma prioritaria, el hallazgo de biomarcadores específicos que permitan clasificar los diferentes perfiles y endotipos biológicos de los pacientes. Es necesario mantener esta condición en las agendas de investigación científica activa, priorizando ensayos clínicos sobre antivirales, inmunomoduladores y terapias para la disfunción endotelial. Finalmente, la salud pública debe garantizar un acceso equitativo a servicios multidisciplinarios integrales para mitigar el impacto socioeconómico de esta pandemia persistente.
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Sobre los autores
María Karolina Rodríguez Herrera. Microbióloga, Caja Costarricense del Seguro Social, San José, Costa Rica. ORCID: 0009-0009-9899-1327
Ricardo Trejos Durán. Microbiólogo, Caja Costarricense del Seguro Social, San José, Costa Rica. ORCID: 0009-0002-5548-1449
Autor de correspondencia:
María Karolina Rodríguez Herrera. @
Sobre el artículo
Fecha de recepción: 17 de julio de 2026
Fecha de aceptación: 4 de agosto de 2026
Fecha de publicación: 13 de agosto de 2026
DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0182
Conflictos de interés: ninguno
Consentimiento informado: No aplicable
Financiación: ninguna
Declaración ética: Los autores declaran que este trabajo se ha realizado de acuerdo con los principios éticos y las normas internacionales de investigación biomédica, respetando los criterios de confidencialidad, integridad científica y buenas prácticas editoriales.
Autoría y responsabilidad: Todos los autores declaran haber participado activamente en el desarrollo del trabajo, haber revisado y aprobado la versión final del manuscrito y asumir responsabilidad pública por su contenido, conforme a los criterios internacionales de autoría.