Cambio psíquico en la sexta década de la vida

diferencias de género, raza y clase social, e ignoran las demás posibilidades que pueden caracterizar un buen envejecimiento. En resumen, la principal crítica que ha recaído sobre el término envejecimiento exitoso y sus dimensiones específicas, muy pertinente a nuestro ver, es la de que puede favorecer la estigmatización de las personas que no alcancen el ideal de ‘envejecer bien’. Se trata aquí de evitar el frágil teorema de que si el individuo es el responsable por la gestión de su envejecimiento con éxito, también lo será cuando no alcance el intento. Tal proposición, incluso ha contribuido al aumento de la estigmatización de los viejos que viven en situaciones de discapacidad.

Claro está que la tercera edad está comprometida con un ideal de transformación del Envejecimiento en un problema social, donde son necesarias nuevas definiciones, nuevas formas de categorización que opongan un nuevo vocabulario a un antiguo modo de tratamiento de los viejos. De este mismo modo, se busca invertir algunos sentidos sociales alrededor de este período de la vida y la jubilación. Antes entendido como una etapa de descanso y resguardo, estar retirado viene ahora a significar un período de actividad, realización personal, entretenimiento y diversión. Para alcanzarlo, el recurso más indicado por los expertos es la adhesión a espacios sociales de asociación e integración, aspecto fundamental de los programas y proyectos asociados a la categoría tercera edad.

En las últimas dos décadas, en todo el mundo, los clubes y grupos de convivencia, escuelas y universidades de tercera edad se multiplicaron. Quejas habituales de las personas mayores como depresión, ansiedad y de dolencias físicas, son superadas con la participación en estas actividades de congregación, hecho que incluso se ha extendido con igual éxito, de los espacios urbanos más desarrollados hacia el contexto rural. Otro punto en común a subrayar, y que delimita la especificidad de tales acciones y programas, es la baja adhesión de los hombres a estas propuestas. Esta realidad ha sido reitera-da en varios estudios sobre el tema y acentúa la hipótesis de que estas prácticas encuentran sus límites en su caracterización misma, la cual se interpone a una lógica de género y envejecimiento que todavía merece ser pensada. Hombres y mujeres, pese a los acelerados cambios en las relaciones de género en la actualidad, envejecen de modo particular y las prácticas de promoción de salud deben considerar este aspecto.

Hay otro cuestionamiento por hacer. El éxito fenomenal de estas iniciativas es proporcional a las precariedades de los mecanismos disponibles actualmente para atender a las personas que experimentan alguna discapacidad en la vejez. Para estos ‘otros viejos’, aspirar a la ‘tercera edad’ no es posible porque los requisitos para ello no siempre son accesibles a todos. Además, las demandas generadas por sus problemas y deficiencias no pueden todas ser atendidas por la tecnología social y biomédica disponible. Así, el problema que se configura es que: “la visibilidad conquistada por las experiencias innovadoras y exitosas cierra el espacio para las situaciones de abandono y dependencia funcional propias del avance de los años.

Estas situaciones pasan a ser percibidas como consecuencia de la falta de participación en actividades motivadoras o de la adopción de formas de consumo y estilos de vida inadecuados.

En este sentido, la vejez más avanzada puede desaparecer de nuestro espectro de preocupaciones sociales, transformándose en un problema de consumidores descuidados, que fueron negligentes con sus cuerpos. Lo expuesto arriba nos enfrenta a la misión de no aceptar el envejecimiento como una condición excluyente, pero tampoco pretender poner fin a la exclusión mediante la negación de dicho proceso, como respuesta al problema. En primer lugar, como ya fue dicho, la plasticidad corporal posibilitada por los avances tecnológicos contemporáneos, prometedora de soluciones para la declinación física y mental, posee límites.

Además de no estar disponible para todos, tales tecnologías no ofrecen todavía respuestas a algunos problemas degenerativos reales del envejecimiento humano. En segundo lugar, los problemas asociados a la vejez no están atados únicamente a las condiciones fisiológicas de la gente sino que se encuentran también enmarcados por imposibilidades de los contextos sociales de atender la necesidad de todos y, entre éstas, las necesidades especiales.

Adicionalmente, tomar como obvio que la vejez sea siempre una etapa de la vida caracterizada por la pauperización y abandono resulta un equívoco.

Esta etapa de la vida, no representa una realidad homogénea; la edad, por sí sola, no es capaz de uniformar la experiencia de la gente. Hay que considerar la multiplicidad de modos de envejecer, reconsiderar que hay límites en la intención de revertir el proceso de degeneración y dependencia y mirar críticamente la visión fácil de que el deterioro puede ser evitado, siendo accesible a todos la posibilidad de decir no a los efectos indeseables del envejecimiento biológico mediante actividades y tecnologías especializadas.

PARTE SEGUNDA

4- Punto de vista biológico: Desde la perspectiva biológica, el envejecimiento o senescencia es el conjunto de modificaciones morfológicas y fisiológicas que aparecen como consecuencia de la acción del tiempo sobre los seres vivos, que supone una disminución de la capacidad de adaptación en cada uno de los órganos, aparatos y sistemas, así como de la capacidad de respuesta a los agentes lesivos (noxas) que inciden en el individuo .Con el envejecimiento, comienza una serie de procesos de deterioro paulatino de órganos y sus funciones asociadas.

Muchas enfermedades, como ciertos tipos de demencia, enfermedades articulares, cardíacas y algunos tipos de cáncer han sido asociados al proceso de envejecimiento, por este motivo la investigación a nivel celular de este proceso ha recibido especial atención. Uno de los hallazgos relevantes es que las células normales están programadas para un número determinado de rondas divisionales. Cada cromosoma posee en sus extremos una serie de secuencias altamente repetitivas y no codificantes denominadas telómeros. Debido al mecanismo de replicación del ADN de las células, los telómeros se van acortando con las sucesivas divisiones. Esto se ve atenuado por la existencia de una enzima llamada telomerasa que realiza la replicación telomérica. Sin embargo, la actividad de la telomerasa funciona en células embrionarias, pero se inactiva en células somáticas, lo que conlleva un acortamiento progresivo de los telómeros cromosómicos; cuando el tamaño de los telómeros llega a un cierto nivel mínimo, se desencadenan mecanismos que conducen a la muerte celular. Por esta razón, el acortamiento telomérico se ha asociado con el proceso de