Autor principal: Jesús Adán Valdés-Tapia
Vol. XXI; nº 09; 133
REVISIÓN
Panorama de la obesidad desde lo global a lo local y el potencial terapéutico de los compuestos bioactivos: una revisión narrativa
An overview of obesity from a global to a local perspective and the therapeutic potential of bioactive compounds: a narrative review
Jesús Adán Valdés-Tapia, Diego Estrada-Luna, Denhy Jaquelinee Pérez-Viveros, Emmanuel Correa-Solís.
Incluido en Revista Electrónica de PortalesMedicos.com, Volumen XXI. Número 09 – Primera quincena de Mayo de 2026 – Página inicial: Vol. XXI; nº 09; 133 – DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0133 – Cómo citar este artículo
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Resumen
La obesidad es una de las enfermedades crónicas que más retos y costos en salud ha generado en el siglo XXI. La comprensión de esta enfermedad durante las últimas décadas ha demostrado que existe una compleja interacción de factores genéticos, dietéticos, ambientales, neurológicos y socioeconómicos, esto ha llevado un incremento importante de la prevalencia y la incidencia de personas con obesidad a nivel mundial y en diversos países, lo que se refleja en una disminución de la esperanza de vida hasta de 10 años, así como el desarrollo de otras enfermedades crónicas como son la diabetes, hipertensión, algunos tipos de cáncer y complicar la respuesta inmune en enfermedades virales. Ante esto, las terapias alternativas como el uso de alimentos funcionales han surgido como una primera línea de prevención y promoción de la salud a través de la nutrición, y que debido a sus propiedades pueden modular algunos metabolismos, disminuir la inflamación, regular el perfil lipídico, disminuir la inflamación y mejorar la salud intestinal. A pesar de los avances y terapias generadas en los últimos años, se requiere una transición a intervenciones integrales que se apoyen con alimentos funcionales que formen parte de dieta habitual de las personas para prevención de la obesidad y como coadyuvante de los efectos negativos que son generados en la evolución de la enfermedad.
Palabras clave
Obesidad; Alimentos funcionales; Inflamación; Enfermedades metabólicas.
Abstract
Obesity is one of the chronic diseases that has generated the greatest health-related challenges and costs in the 21st century. Advances in its understanding over recent decades have demonstrated a complex interplay of genetic, dietary, environmental, neurological, and socioeconomic factors. This multifactorial etiology has contributed to a substantial increase in both the prevalence and incidence of obesity worldwide and across diverse populations, resulting in a reduction in life expectancy of up to 10 years. Additionally, obesity is associated with the development of other chronic conditions, including diabetes mellitus, hypertension, certain types of cancer, and impaired immune responses to viral infections.
In this context, alternative strategies such as the use of functional foods have emerged as a first-line approach for disease prevention and health promotion through nutrition. Due to their bioactive properties, these foods can modulate metabolic pathways, reduce inflammation, regulate lipid profiles, and improve gut health. Despite recent advances and therapeutic developments, there remains a need to transition toward comprehensive, integrative interventions that incorporate functional foods as part of the habitual diet. Such approaches may contribute to the prevention of obesity and serve as adjuvant strategies to mitigate the adverse effects associated with disease progression.
Keywords
Obesity; Functional Foods; Inflammation; Metabolic Diseases.
Introducción
La obesidad es una condición crónica bastante conocida y estudiada en las últimas décadas, no solo de manera individual sino también como un factor de riesgo para el desarrollo de otras enfermedades como la diabetes, síndrome metabólico, resistencia a la insulina, hipertensión y algunos tipos de cáncer1,2. Esta condición ha sido diagnosticada en la práctica clínica y en la enseñanza mediante el Índice de Masa Corporal (IMC) desde 1997 que la Organización Mundial de la Salud la reconoció formalmente como un indicador práctico, fiable y de amplio uso, que relaciona el peso de una persona con su estatura (kg/m²). Aunque el IMC no mide directamente la grasa corporal, su valor presenta una correlación entre moderada y alta con otros métodos que, si cuantifican la cantidad, ubicación y distribución de la adiposidad. Es importante precisar que el IMC no distingue entre grasa, masa muscular y masa ósea, componentes que influyen de manera conjunta en el peso. La clasificación de la obesidad mediante las categorías del IMC no es universal, sino que varía según factores como la edad y el sexo, adaptándose a poblaciones adultas, adolescentes, niños y lactantes3,4. En adultos el sobrepeso se define con un IMC de 25 a 29.9, mientras que la obesidad corresponde a un IMC mayor a 30. Esta última se subclasifica en: obesidad grado I (IMC 30-34.9), obesidad grado II (35-39.9) y obesidad mórbida o grado III (IMC mayor a 40) 5. Si bien el IMC constituye una herramienta epidemiológica valiosa, la comprensión contemporánea de la obesidad trasciende este indicador. La OMS la ha reconocido formalmente como una enfermedad no trasmisible con tendencia a las recaídas, cuya etiología surge de complejas interacciones entre factores genéticos, neurobiológicos, conductuales y ambientales. Entre estos se incluyen las conductas alimentarias, el acceso a una nutrición adecuada, las dinámicas del mercado y las características del entorno social y físico 6
Desarrollo del tema
Epidemiología y factores de riesgo de obesidad
La metodología constó de tres fases. Primera: Se realizó un análisis secundario de los datos del Global Burden of Disease (GBD) 2024, estructurado como una revisión sistemática siguiendo los lineamientos PRISMA. Los datos fueron obtenidos del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) – GBD 2024, accesible en https://www.healthdata.org/research-analysis/gbd. Se utilizaron los términos: («índice de masa corporal elevada» or «obesidad») and («prevalencia» or «mortalidad») and («global» OR «México») and («1990» or «2023»). Se aplicaron filtros para población (hombres, mujeres y ambos sexos), grupo de edad 15-49 años, y solo datos reportados como porcentajes. Se incluyeron reportes de prevalencia y mortalidad atribuible a índice de masa corporal elevada (IMC ≥30 kg/m²), en cualquier país, años 1990 a 2023, desagregados por sexo y edad 15-49 años. Se excluyeron datos agregados que no permitieran separar por edad o sexo, estimaciones con intervalos de confianza no reportados. Se descargaron las tablas completas del GBD en formato CSV. Las variables extraídas fueron: año, país, sexo, causa (obesidad), métrica (prevalencia, número de muertes, tasa por 100,000), intervalo de incertidumbre del 95%. Los datos se analizaron con Microsoft Excel. Se calcularon tendencias globales y para México mediante regresión lineal simple. Se descargaron los mapas de calor para visualizar cambios entre 1990 y 2023. El GBD utiliza modelos estadísticos que pueden subestimar la obesidad en países con escasos datos primarios. La definición de obesidad (IMC ≥30) puede no reflejar variaciones étnicas en la composición corporal. Segunda: se realizó una búsqueda complementaria en la base de datos PubMed utilizando los términos MeSH y palabras clave: «obesity prevalence», «mortality», «global», «Mexico», combinados con operadores AND, OR. La búsqueda se limitó a artículos originales y revisiones publicados en revistas científicas indexadas, sin restricción de idioma. Se incluyeron estudios que reportaran tasas de prevalencia de obesidad y/o mortalidad asociada, tanto a nivel mundial como específicamente en México. Tercera: para identificar factores de riesgo asociados, dieta y alimentos funcionales, se consultaron 14 artículos seleccionados de la misma base de datos (PubMed) y de referencias cruzadas. Se emplearon las palabras clave: «risk factors», «obesity», «determinants», «lifestyle», «genetics», «functional foods», «obesity», ‘bioactive compounds», «nutraceuticals». Se priorizaron estudios observacionales (cohortes, casos y controles, transversales) que analizaran factores como dieta.
La obesidad se ha erigido como uno de los desafíos de salud pública más críticos y costosos del siglo XXI. Los datos epidemiológicos más recientes confirman la gravedad de esta tendencia, revelando una escalada alarmante en su prevalencia a nivel mundial (NCD Risk Factor Collaboration, 2025). De acuerdo con las cifras, la tasa global de obesidad en adultos casi se ha triplicado entre el año 1990 y el año 2022, como se muestra en la Figura 1 (Anexo 1).
Este incremento ha sido especialmente marcado en la población masculina con obesidad pasó del 4.8% al 14.0%, mientras que en las mujeres aumentó del 8.8% al 18.5% en el mismo período. En términos absolutos, esto representa un salto de 194 millones de adultos con obesidad en 1990 a 878 millones en 2022, lo que evidencia una expansión acelerada de esta condición crónica. Las proyecciones para el futuro cercano son aún más preocupantes. Según estimaciones de organizaciones especializadas, se prevé que para el año 2030 la prevalencia se desglose de la siguiente manera: 346 millones de adultos presentarán obesidad de grado I, 141 millones obesidad de grado II y 1453 millones alcanzarán la categoría de obesidad de grado III (NCD Risk Factor Collaboration, 2025; Obesity Evidence Hub’s, 2025; World Obesity Federation, 2025). Esta distribución refleja no solo un aumento en el número de casos, sino también una severidad creciente, lo cual agravará las complicaciones asociadas y multiplicará la demanda de atención médica especializada. Uno de los aspectos más graves de esta pandemia es su estrecha vinculación con la mortalidad general, tal como se presenta en la Figura 2 (Anexo 2).
En 1990, se registraron 1,416,179 muertes de adultos atribuibles a la obesidad, distribuidas en 644,168 hombres y 772,010 mujeres. Para 2023, esta cifra ascendió a 3,676,971 adultos fallecidos, correspondientes a 1,736,298 hombres y 1,940,672 mujeres. Este cambio representa un incremento del 159.64% en la mortalidad global por esta causa, con un crecimiento del 169.54% en hombres y del 151.37% en mujeres (Global Burden of Disease, 2024). La obesidad en México constituye una de las crisis de salud pública más alarmantes a nivel nacional, posición que se refuerza al ocupar el país el segundo lugar mundial en prevalencia de obesidad en adultos. Este fenómeno epidemiológico afecta de manera profunda a la sociedad mexicana, comprometiendo no solo la salud individual, sino también la estabilidad del sistema sanitario y el desarrollo económico. Actualmente, esta patología impacta a una tercera parte de la población, lo que se traduce en que aproximadamente siete de cada diez adultos presentan sobrepeso u obesidad, una cifra que refleja la magnitud y la urgencia del desafío. En la Figura 3 (Anexo 3) se muestra la evolución histórica de esta prevalencia, una tendencia ascendente y acelerada.
En el año 1992, el 25.1% de las mujeres y el 14.9% de los hombres adultos en México presentaban obesidad. Para el año 2023, estas cifras se incrementaron de manera sustancial, alcanzando el 41.6% en mujeres y el 36.1% en hombres. En conjunto, esto representa que el 37.1% de la población adulta del país vive con obesidad. El cambio en el periodo analizado evidencia un aumento del 65.73% para las mujeres y de un preocupante 142.28% para los hombres, lo que señala una dinámica de crecimiento particularmente rápida en la población masculina. De acuerdo con proyecciones del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), de no mediar intervenciones efectivas, se estima que para el año 2030 aproximadamente el 45% de la población adulta será considerada obesa (Barquera et al., 2024; Global Obesity Observatory, 2025; Instituto Nacional de Salud Pública, 2024; ISSSTE, 2024). Paralelamente, la mortalidad directamente atribuible a la obesidad en adultos ha experimentado un incremento dramático, consolidándose como una de las consecuencias más graves de esta epidemia. Como muestra en la Figura 4 (Anexo 4), en el año 1990 se registraron 30,824 fallecimientos por esta causa, distribuidos en 13,340 hombres y 17,483 mujeres. Para el año 2023, esta cifra se multiplicó, reportándose un total de 122,149 muertes, de las cuales 61,406 correspondieron a hombres y 60,743 a mujeres. Este aumento representa un crecimiento del 296.27% en la población general, con un incremento extraordinario del 360.31% en los hombres y del 247.44% en las mujeres (Consejo Nacional de Población, 2023; Global Burden of Disease, 2024; Instituto Nacional de Salud Pública, 2024).
El impacto de la obesidad trasciende la mortalidad inmediata y se refleja de manera contundente en la esperanza de vida. En la población mexicana general, la esperanza de vida es de 72.1 años para los hombres y 78.4 años para las mujeres (Consejo Nacional de Población, 2023). Sin embargo, la evidencia indica que las personas con obesidad ven reducida su esperanza de vida entre 8 y 10 años en comparación con quienes mantienen un índice de masa corporal (IMC) dentro del rango normal. Esta reducción significativa no solo representa una pérdida de años de vida potenciales, sino que también acarrea décadas de vivir con discapacidad y una calidad de vida disminuida debido a las comorbilidades asociadas. La trayectoria epidemiológica de la obesidad en México configura un escenario de extrema urgencia sanitaria. La convergencia de una prevalencia creciente, un incremento abrupto en la mortalidad atribuible y una sustancial merma en la esperanza de vida demanda la implementación inmediata y vigorosa de políticas integrales. Estas deben ir más allá del ámbito clínico para incluir la regulación de entornos alimentarios, la promoción de la actividad física y el abordaje de los determinantes sociales de la salud, con el fin de revertir una tendencia que compromete el futuro del bienestar nacional.
En conclusión, la carga epidemiológica de la obesidad a nivel mundial y nacional no solo confirma la magnitud innegable de esta pandemia, sino que también subraya, de manera clara, la necesidad de identificar e intervenir sobre los factores de riesgo que la propician. Esta aproximación es fundamental, debido a que la obesidad constituye el resultado final de una compleja y dinámica interacción entre múltiples factores genéticos, conductuales, metabólicos, ambientales y socioeconómicos, y no surge de manera espontánea o aislada. Comprender esta multicausalidad es el primer paso para diseñar políticas públicas efectivas, intervenciones comunitarias precisas y estrategias clínicas integrales que puedan contrarrestar esta tendencia y mitigar su devastador impacto en la salud de la población.
La obesidad es una enfermedad compleja y multifactorial. Aunque inicialmente se había atribuido a un simple desequilibrio entre la ingesta y el gasto calórico, diversos estudios a lo largo del tiempo han descrito la interacción entre factores genéticos, ambientales, conductuales y socioeconómicos como se observa en la Figura 5 (Anexo 5). Esta interacción altera la homeostasis energética y conduce a un balance energético positivo sostenido en el tiempo (Danesh Doost et al., 2025; Jiang et al., 2025).
Alimentos funcionales para el tratamiento de la obesidad
Por lo antes mencionado, la obesidad es reconocida como una enfermedad metabólica crónica de origen multifactorial. Su patogénesis no se limita a la simple acumulación excesiva de grasa, sino que reside fundamentalmente en la disfunción sistémica del tejido adiposo. Esta disfunción, caracterizada por adipositis, inflamación crónica de bajo grado y resistencia a la insulina, constituye el sustrato fisiopatológico común que vincula la obesidad con su amplio espectro de comorbilidades. La intervención nutricional ha sido objetivo de constantes cambios y remodelamientos en su presentación y composición como la estrategia terapéutica de primera línea, tanto por su favorable relación costo-beneficio como por su mayor alcance poblacional, para prevenir y coadyuvar en el manejo integral de la obesidad y sus complicaciones. La evolución de las ciencias de la nutrición ha transitado desde el concepto de alimentación suficiente (prevenir deficiencias) hacia la nutrición óptima (promover la salud y reducir el riesgo de enfermedad). Este paradigma reconoce que los alimentos no solo proveen energía y nutrientes esenciales, sino que contienen una matriz compleja de componentes bioactivos capaces de modulares funciones fisiológicas específicas. La elección de un patrón dietético es, por tanto, determinante en la génesis o prevención de enfermedades crónicas como la obesidad.
El concepto de alimentos funcionales fue propuesto por la academia japonesa, en 1980 se definió por primera vez como FOSHU (alimentos para uso especifico en la salud), actualmente el término de alimentos funcionales no tiene una definición oficial universalmente por lo que es diferente en todo el mundo, sin embargo, existen definiciones postuladas por diversas organizaciones como se observa en la Tabla 1 (Anexo 6) 18,19.
Discusión
Los alimentos funcionales son considerados a aquellos alimentos que contienen de forma natural ingredientes activos, de igual forma a los que se les ha adicionado o mejorado con sustancias activas y los alimentos que se les ha remplazado algún componente, o una combinación de los anteriores. Se clasifican en tres categorías: alimentos de uso convencional, alimentos modificados e ingredientes alimentarios. Los alimentos de uso convencional son aquellos alimentos funcionales que no han sufrido ninguna modificación y contienen fibras dietéticas, carbohidratos complejos, lípidos funcionales, polifenoles, carotenoides, probióticos, prebióticos, simbióticos y vitaminas que tienen un impacto benéfico a la salud. Los alimentos funcionales modificados son aquellos que han sido fortificados o enriquecidos con un nutriente especifico con el propósito que el alimento tenga un impacto a la salud. Los ingredientes alimentarios como prebióticos, probióticos, simbióticos y antioxidantes que hayan demostrado tener propiedades benéficas a la salud, estos ingredientes pueden ser incorporados a una gran variedad de productos (Butnariu & Sarac, 2019; Essa et al., 2023; Granato et al., 2023). Las investigaciones preclínicas y clínicas han generado un gran respaldo de que el consumo de alimentos funcionales son alimentos que coadyuvan a prevenir enfermedades crónicas como las enfermedades neurológicas, gastrointestinales, enfermedades cardiovasculares, cáncer, actividades antibacterianas, antivirales, antinflamatorias, reducción de osteoporosis, influencia para contrarrestar obesidad y diabetes (Votsi & Koutelidakis, 2024).
Los alimentos funcionales cubren un amplio espectro en donde se incluyen frutas, verduras, semillas, bebidas, legumbres, hierbas, especies, pescado, cereales y psecudocereales, en donde cada uno ofrece propiedades benéficas a la salud que han sido estudiado ampliamente, algunos ejemplos se encuentran en la Tabla 2 (Anexo 7).
En el mercado de los alimentos funcionales existen características de los productos que los consumidores buscan, como un precio razonable en la compra de los productos, un sabor agradable, visibilidad de etiquetas para conocer la declaración de propiedades saludables y la integración o enriquecimiento con vitaminas, minerales y otros micronutrientes (Baker et al., 2022). Es por ello que el interés por parte de los consumidores en los alimentos funcionales ha obligado a la industria de los alimentos a brindar alimentos que no solo sacien el hambre, sino que proporcionen los nutrientes necesarios y ayuden a prevenir enfermedades y satisfagan un estilo de vida saludable.
Conclusiones
El consumo de alimentos funcionales se ha convertido en las últimas décadas una de las principales herramientas complementarias para combatir el desarrollo de la obesidad y sus complicaciones. Diversos alimentos en México han mostrado en estudios controlados en biomodelos, ensayos clínicos aleatorizados y en cohortes de personas, que han mostrado tener una eficacia metabólica para la regulación de diversos procesos en la obesidad y que se enfocan en regular la absorción de nutrientes, disminuir la ingesta de alimentos, revertir procesos inflamatorios a partir de la modificación de la microbiota intestinal y generalmente regular el perfil lipídico y los niveles de glucosa en sangre. Todo esto indica una tendencia hacia la personalización del consumo de estos para perfiles biológicos específicos en conjutno con otras terapias alternativas y farmacológicas
Anexos
Referencias
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Sobre los autores
Jesús Adán Valdés-Tapia. Área Académica de Enfermería, Instituto de Ciencias de la Salud, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, San Agustín Tlaxiaca, Hidalgo, México. ORCID: 0009-0008-6106-5015
Diego Estrada-Luna. Área Académica de Enfermería, Instituto de Ciencias de la Salud, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, San Agustín Tlaxiaca, Hidalgo, México. ORCID: /0000-0001-9369-8732
Denhy Jaquelinee Pérez-Viveros. Área Académica de Nutrición, Instituto de Ciencias de la Salud, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, San Agustín Tlaxiaca, Hidalgo, México. ORCID: 0009-0007-5969-6574
Emmanuel Correa-Solís. Clínica de Inmunocompromiso por Enfermedades Infecciosas, Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas «Ismael Cosío Villegas», Tlalpan, Ciudad de México, México. ORCID: 0000-0001-9394-8703
Autora de correspondencia: Denhy Jaquelinee Pérez-Viveros. @
Sobre el artículo
Fecha de recepción: 18 de abril de 2026
Fecha de aceptación: 30 de abril de 2026
Fecha de publicación: 11 de mayo de 2026
DOI: https://doi.org/10.64396/v21-0133
Conflictos de interés: ninguno
Consentimiento informado: No aplicable
Financiación: ninguna
Declaración ética: Los autores declaran que este trabajo se ha realizado de acuerdo con los principios éticos y las normas internacionales de investigación biomédica, respetando los criterios de confidencialidad, integridad científica y buenas prácticas editoriales.
Autoría y responsabilidad: Todos los autores declaran haber participado activamente en el desarrollo del trabajo, haber revisado y aprobado la versión final del manuscrito y asumir responsabilidad pública por su contenido, conforme a los criterios internacionales de autoría.