Autora principal: Geraldine Argumedo Arteaga
Vol. XXI; nº 14; 172
REVISIÓN
Probióticos sobre la piel: productos tópicos con Lactobacillus como nueva estrategia para curar y proteger heridas
Probiotics for the skin: topical products with Lactobacillus as a new strategy to heal and protect wounds
Geraldine Argumedo Arteaga, Mariana Arias Romero, Lady Maricel Casallas Rodriguez
Incluido en Revista Electrónica de PortalesMedicos.com, Volumen XXI. Número 14 – Segunda quincena de Julio de 2026 – Página inicial: Vol. XXI; nº 14; 172 – DOI: https://doi.org/10.64396/21-0172 – Cómo citar este artículo
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Resumen
Las heridas crónicas representan un problema de salud pública debido a la alta carga socioeconómica que representan y las limitaciones frente a tratamientos convencionales, especialmente ante la presencia de biofilms bacterianos resistentes. El objetivo de esta revisión narrativa fue evaluar la evidencia científica sobre la eficacia, seguridad y viabilidad regulatoria de las formulaciones tópicas con Lactobacillus spp. para el control de infecciones y la promoción de la cicatrización en heridas crónicas. El método utilizado fue una revisión documental en bases de datos biomédicas incluyendo estudios in vitro, modelos animales in vivo, ensayos clínicos y revisiones sistemáticas entre 2002 y 2026. Se excluyeron investigaciones limitadas a probióticos orales sin relación con patología cutánea.
Los resultados evidencian que cepas como Lactobacillus rhamnosus GG, L. acidophilus y L. plantarum poseen actividad antimicrobiana y antibiofilm frente a patógenos frecuentes en heridas crónicas, además de efectos asociados con regulación inflamatoria y regeneración tisular. En modelos animales in vivo, formulaciones tópicas con L. acidophilus y L. rhamnosus evidenciaron tasas de cicatrización equiparables a la tratamientos antimicrobianos convencionales. La evidencia clínica en humanos es aún limitada, restringiéndose a reportes de caso favorables en úlceras crónicas diabéticas.
Se concluye que las formulaciones tópicas con Lactobacillus constituyen una alternativa terapéutica con sólida base mecanística y evidencia preclínica prometedora; no obstante, la escasez de ensayos clínicos controlados y la falta de estandarización de cepas, dosis y criterios regulatorios limitan su implementación clínica, por lo que se requieren estudios de mayor escala para consolidar su perfil de eficacia y seguridad.
Palabras clave
Lactobacillus; probióticos tópicos; heridas crónicas; microbiota cutánea; cicatrización; biofilm; formulaciones dérmicas
Abstract
Chronic wounds represent a public health problem due to the high socioeconomic burden they impose and the limitations of conventional treatments, especially in the presence of resistant bacterial biofilms. The objective of this narrative review was to evaluate the scientific evidence regarding the efficacy, safety, and regulatory feasibility of topical formulations containing Lactobacillus spp. for controlling infections and promoting healing in chronic wounds. The method used was a literature review of biomedical databases, including in vitro studies, in vivo animal models, clinical trials, and systematic reviews from 2002 to 2026. Studies limited to oral probiotics unrelated to skin pathology were excluded.
The results show that strains such as Lactobacillus rhamnosus GG, L. acidophilus, and L. plantarum possess antimicrobial and antibiofilm activity against pathogens commonly found in chronic wounds, in addition to effects associated with inflammatory regulation and tissue regeneration. In in vivo animal models, topical formulations containing L. acidophilus and L. rhamnosus demonstrated healing rates comparable to those of conventional antimicrobial treatments. Clinical evidence in humans is still limited, restricted to favorable case reports in chronic diabetic ulcers.
It is concluded that topical formulations containing Lactobacillus represent a therapeutic alternative with a solid mechanistic basis and promising preclinical evidence; however, the scarcity of controlled clinical trials and the lack of standardization regarding strains, dosages, and regulatory criteria limit their clinical implementation, and therefore larger-scale studies are needed to establish their efficacy and safety profile.
Keywords
Lactobacillus; topical probiotics; chronic wounds; skin microbiota; wound healing; biofilm; dermal formulations
Introducción
El órgano más grande del cuerpo humano es la piel, está tiene varias funciones: una de las principales es ser una barrera protectora entre lo exógeno y lo endógeno, evitando que exista la colonización de patógenos en el organismo gracias a defensas físicas, químicas e inmunológicas. Asimismo, se encarga de la homeostasis, al mismo tiempo que participa en la respuesta inmune innata [1]. Ante la presencia de una lesión en el tejido, el organismo activa mecanismos de cicatrización restaurando la estructura de la piel [2].
Por su parte, las heridas crónicas son clasificadas como lesiones que no sanan dentro de un plazo de tres meses debido a alteraciones internas del organismo o a condiciones externas que impiden la regeneración adecuada [3][4]. Entre las personas más susceptibles están los pacientes inmunosuprimidos y quienes presentan diabetes mellitus. Estas lesiones representan un problema relevante en el ámbito clínico ya que al ser heridas expuestas tienen una menor protección dérmica. En consecuencia, ocasionan mayor susceptibilidad a ser infectadas por patógenos oportunistas [3], siendo los más frecuentes los microorganismos que habitan la superficie cutánea, como Staphylococcus aureus, o bacterias de ámbito intrahospitalario, principalmente Pseudomonas aeruginosa. Ambos resultan ser muy problemáticos debido a que tienen características virulentas a considerar, como la capacidad de desarrollar biofilms o la resistencia a fármacos, lo que complica el proceso de cicatrización [4].
En estudios globales, se ha evidenciado que el 60% de estas heridas crónicas presentan bacterias que tienen la capacidad de formar biofilms (anteriormente mencionados), en contraste con el 20% evidenciado en las heridas agudas. Aunque estas últimas son menos prevalentes, en comparación, las heridas crónicas siguen representando un riesgo mayor en el ámbito clínico [6].
Ahora bien, esta afectación representa una problemática a nivel de salud pública considerando que, en cifras, se estima que afecta entre el 1% y 2% de la población en países del primer mundo [5], lo que representa un gasto considerable para el Estado, teniendo en cuenta los costos de tratamientos, medicamentos, seguimientos y procesos derivados. En ese sentido, abordar esta problemática implicaría una disminución de la carga socioeconómica para los sistemas de salud y una mejora en la calidad de vida de los usuarios teniendo en cuenta que, de no tratarse adecuadamente, las heridas podrán evolucionar en consecuencias físicas (amputaciones) y afectaciones en el campo psicológico, social y familiar del paciente [7].
Si bien es cierto que se manejan tratamientos convencionales como la desbridación quirúrgica, los apósitos antimicrobianos y la aplicación de antibióticos tópicos que han dado resultado en el tiempo, también es importante considerar que estos presentan limitaciones frente a los biofilms [9] que sirven como barreras físicas y químicas en beneficio de la comunidad patógena frente a la acción de los antibióticos y la defensa del sistema inmune, provocando procesos inflamatorios continuos y retraso en la regeneración del tejido [8].
Ante estos, las terapias tradicionales no logran penetrar la matriz protectora ni acelerar el proceso de cicatrización que previene la colonización de la herida.
Microbiota cutánea: composición, interacción inmunológica y participación en la cicatrización
Con el fin de comprender el trasfondo de la problemática, resulta esencial señalar que la piel no es estéril, ya que alberga una gran diversidad de microorganismos comensales, simbióticos y de competencia que, cuando se encuentran en equilibrio, aportan beneficios [11].
En conjunto, estos microorganismos conforman la microbiota cutánea, que se puede clasificar en residente y transitoria. La microbiota residente hace referencia a microorganismos que permanecen en la superficie del estrato córneo y en estructuras anexas a la piel que pueden llegar a ser beneficiosas para el huésped, ya que crean una capa protectora que limita la colonización de patógenos gracias a que compiten por nutrientes y espacio en el órgano cutáneo [11] (véase Tabla 1 en Anexos).
Las regiones sebáceas presentan principalmente Cutibacterium spp. y Malassezia spp., en las húmedas habitan Corynebacterium spp. y Staphylococcus spp., y en las secas están Micrococcus y Acinetobacter [15,16]. Además, la microbiota cutánea contiene ácaros como Demodex spp. [12]. y virus, principalmente bacteriófagos [14]. En total, todas estas poblaciones de gérmenes colaboran en el mantenimiento de la homeostasis, regulación inmunológica y protección dérmica [17].
Finalmente, la microbiota transitoria la componen los microorganismos que residen temporalmente en la piel adquiridos por el ambiente, estos permanecen por períodos cortos y, generalmente, se eliminan mediante prácticas de higiene, además, algunos de ellos son patógenos [12].
Aunque en condiciones normales se mantiene un equilibrio entre las comunidades microbianas cutáneas, la alteración de esta microbiota puede favorecer el desarrollo de un estado de disbiosis, en el cual se produce un cambio cuantitativo y/o cualitativo de la microbiota que modifica la relación simbiótica y altera su estructura y funciones habituales [18], provocando un posible daño tisular y un incremento de la inflamación local. Además, la colonización por microorganismos patógenos en este entorno facilita el retraso de la cicatrización y fomenta la evolución de heridas infectadas [19].
De igual modo, altera los mecanismos inmunológicos de la piel, perjudicando la producción de péptidos antimicrobianos y la correcta ejecución de la respuesta inflamatoria. En conjunto, provoca que haya una persistencia de microbios oportunistas con factores de violencia relevantes como lo son los biofilms. En consecuencia, las heridas infectadas pueden evolucionar de un estadio inflamatorio crónico, a probabilidades de infección, daño tisular permanente y retraso en la reparación de la dermis [20].
Entre los microorganismos con mayor prevalencia asociados o encontrados en heridas crónicas infectadas, están Staphylococcus aureus y Pseudomonas aeruginosa, ya que cuentan con ciertos factores de virulencia y producen biofilms firmes. Estas alteraciones confirman que el estado eubiótico dérmico cumple un rol muy importante ya que conserva la integridad de la piel favoreciendo el proceso de reparación tisular [21].
En condiciones óptimas, las células que se encargan de este proceso se denominan queratinocitos, estas son predominantes en la epidermis y cumplen un rol de sensores inmunes porque reconocen componentes microbianos gracias a receptores de reconocimiento de patrones, como los receptores tipo Toll (TLR), que identifican prematuramente los cambios de la microbiota o la presencia de microorganismos que se creen patógenos [16]. Como resultado de su activación, los queratinocitos producen y liberan una gran variedad de péptidos antimicrobianos, como las defensinas, catelicidina y proteínas de la familia S100, las cuales colaboran al limitar el crecimiento bacteriano y fortalecer la barrera cutánea [16].
La cicatrización cutánea es un mecanismo biológico que se activa cuando ocurre una lesión con el fin de reparar la integridad anatómica, estructural y funcional de la dermis. Este proceso se completa en fases en paralelo de hemostasia, inflamación, proliferación y remodelación tisular, donde intervienen variedad de grupos celulares, mediadores inflamatorios y factores de crecimiento [22].
La microbiota cutánea mantiene una interacción constante con el sistema inmunitario, el tejido epidérmico y mantenimiento de la homeostasis tisular. A lo largo de la cicatrización, los queratinocitos, neutrófilos y macrófagos colaboran en la respuesta inflamatoria que ocurre al mismo tiempo con la hemostasia. En este proceso, la colonización regulada de la lesión por los microorganismos comensales desencadenan la inmunidad innata e impulsan una respuesta protectora del área. Más tarde, mientras ocurre la fase de proliferación, hay un desplazamiento y multiplicación de queratinocitos, depósito de matriz extracelular por fibroblastos y angiogénesis, mecanismos controlados por citocinas y factores de crecimiento como IL, TNF-α, TGF-β, VEGF y EGF [22][23].
Además, no solo participan directamente contra los microorganismos, sino que también lo hacen regulando la respuesta inflamatoria y provocando la activación de otras células del sistema inmunitario, favoreciendo que haya una reacción eficiente y coordinada cuando se presente una herida avanzando en el proceso de cicatrización [22].
Ahora bien, las bacterias comensales no son colonizadoras pasivas, sino elementos funcionales y activos del sistema inmunitario innato cutáneo, ya que ejercen protección frente a microorganismos perjudiciales. Siendo uno de los más nocivos Staphylococcus aureus, que rivaliza con Staphylococcus epidermidis, que sirve como barrera biológica defensiva compitiendo por nutrientes y sitios de adhesión, además, esta en particular, ayuda a la producción de ácidos grasos libres por la vía de la hidrólisis de triglicéridos del sebo, contando con actividad antimicrobiana contra bacterias gram positivas. También, es capaz de estimular la producción de péptidos antimicrobianos del huésped (catelicidinas y β-defensinas) que perturban la membrana celular de los invasores, provocando lisis celular y, a su vez, puede reclutar leucocitos hacia la zona afectada por la infección, ocasionando la liberación de citocinas que se encargan de la respuesta inflamatoria. Así mismo, se ha demostrado que las cepas de S. epidermidis pueden impedir la aparición de biofilms y el desarrollo de los factores de virulencia de S. aureus siendo útil porque minimizaría el daño y actuaría como primera línea defensiva hacia estos patógenos [24].
Probióticos: conceptos generales, mecanismos de acción y criterios de seguridad
Siguiendo por esta misma línea, los probióticos que, según la FAO/OMS, se definen como microorganismos vivos que benefician la salud del huésped bajo cierta regulación y que, en principio, se utilizaron para estabilizar la microbiota intestinal, han sido implementados, desde hace algunos años, en la aplicación tópica, (en particular en medicina regenerativa), gracias a su capacidad para inhibir infecciones, modular la microbiota cutánea y favorecer la restauración tisular [25].
En el caso de los probióticos tópicos, estos actúan de forma local directa sobre la superficie de la piel o el tejido de la herida, donde pueden combatir con patógenos y relacionarse con la dermobiota, segregar metabolitos antimicrobianos e impulsar los procesos de cicatrización. Este efecto induce a obtener concentraciones efectivas y seguras sistemáticamente [25].
En cuanto a los probióticos orales, se encuentran relacionados especialmente con la secuencia microbiota – sistema inmunitario, donde controlan inflamación sistémica y mejoran el epitelio intestinal [26].
Ambos tipos presentan múltiples mecanismos de acción. Inicialmente, compiten con microorganismos infecciosos por los sitios de adhesión y nutrientes, también crean compuestos antimicrobianos como peróxido, hidrógeno, ácido láctico y bacteriocinas, que inhiben su crecimiento de estos microorganismos. Adicionalmente, favorecen el equilibrio entre mediadores inflamatorios y proinflamatorios regulando la respuesta inmune local, aportando al progreso adecuado de cicatrización. Por otra parte, impiden la construcción de biofilms bacterianos por medio de la señalización microbiana, y por último, pero no menos importante, inducen el restablecimiento tisular con la activación de síntesis de colágeno, angiogénesis y fibroblastos [25].
Para aplicaciones terapéuticas, se exige cumplir con criterios estrictos de seguridad y eficiencia, lo cual abarca capacidad de supervivencia en condiciones ambientales desfavorables, equilibrio genético, ausencia de patogenicidad, obtención de metabolitos beneficiosos y demostración de seguridad médica. De igual modo, en utilidad tópica, las cepas deben demostrar y mantener viabilidad en matrices y no generar ninguna afectación cutánea, ni reacciones inmunológicas [27].
Uno de los factores principales a tener en cuenta es la ausencia de patogenicidad, lo que significa que las cepas no deben tener la capacidad de provocar infecciones ni tener factores de virulencia, en especial en pacientes inmunocomprometidos. De esta forma, también se evalúa la presencia de genes relacionados a virulencia como lo es la generación de toxinas o enzimas que puedan perjudicar el tejido del hospedador. Por otro lado, es importante que las cepas no expongan resistencia a antibióticos, de esta forma, podrían extender genes de resistencia en el entorno [28].
Otro punto fundamental es la estabilidad y funcionalidad de las cepas, lo que asegura que se mantengan constantes sus cualidades durante la producción, almacenamiento y administración. Estas cepas probióticas elegidas deben demostrar la capacidad de preservar su viabilidad y su acción metabólica frente a diferentes condiciones ambientales, como lo son la humedad, temperatura y pH, particularmente en métodos tópicos [29].
Lactobacillus y su potencial en la piel
Los Lactobacillus son bacterias gram positivas, anaerobias facultativas, las cuales a partir de la fermentación de carbohidratos producen ácido láctico, disminuyendo el pH en el área, generando un ambiente adverso al desarrollo de patógenos. Este entorno también aporta la eliminación de biofilms bacterianos y aumenta la actividad de los fagocitos en el sitio de la lesión [6].
En el caso dermatológico, los Lactobacillus se distinguen de otros probióticos por su capacidad para estimular la regeneración celular, regular la microbiota cutánea e inhibir patógenos. Estudios han demostrado que L. acidophilus, L. plantarum, L. rhamnosus y L. fermentum disponen de una notable acción antimicrobiana frente a agentes infecciosos nocivos, además de su eficaz actividad inmunosupresora [6].
Estos probióticos elaboran bacteriocinas, péptidos con acción antimicrobiana con la capacidad de reducir el crecimiento de bacterias antagonistas a partir de la modificación de sus membranas, sin dañar las células propias del hospedero [19].
Estos microorganismos son capaces de producir ácido láctico como principal producto metabólico a partir de carbohidratos, mediante una vía metabólica anaerobia; en este caso, a través de la glucólisis (véase Figura 1 en Anexos).
Se ha demostrado que los Lactobacillus impiden la presencia frecuente de agentes infecciosos en lesiones. Su actividad consiste en competir por nutrientes, generar un medio ácido y producir bacteriocinas, con gran capacidad de impedir la estabilidad y formación de biofilms bacterianos, lo que beneficia su importancia en heridas crónicas y retrasos en la cicatrización [31].
Esta actividad cuenta con una combinación de mecanismos, uno de los principales es la acidificación del ambiente por medio de la producción de ácido láctico que reduce el pH a un nivel desfavorable, principalmente para bacterias patógenas, además puede penetrar la membrana celular de los microorganismos, separarse en el citoplasma y, de esta forma, inducir a una acidificación intracelular, incitando a la inhibición del crecimiento o muerte celular [32].
Por otra parte, los probióticos producen bacteriocinas, estos péptidos actúan creando poros en la membrana plasmática de los agentes infecciosos, provocando pérdida de la estructura celular como contenido citoplasmático y capacidad de membrana, ciertas bacteriocinas obstaculizan con procesos enzimáticos o síntesis celular [6].
La modulación de la respuesta inflamatoria es clave en las especies de Lactobacillus que ayudan a reparar heridas. La inflamación es una fase necesaria del desarrollo de cicatrización tisular, aun así, cuando el proceso inflamatorio se extiende o es irregular, (como pasa en una herida crónica), puede afectar de manera significativa en la cicatrización [33].
El sistema inmunitario innato interacciona con los Lactobacillus a través de receptores de reconocimiento de patrones que se encuentran en células como los queratinocitos y fibroblastos, esto genera un intercambio de diversas señales intracelulares, como lo es la vía NF-kB, un regulador de mediadores inflamatorios y citoquinas [33].
Investigaciones indican que estos agentes son fundamentales en terapias tópicas reparadoras debido a que incrementan la integración de colágeno tipo I, impulsan la angiogénesis por medio de la regulación del factor de crecimiento endotelial y potencian la proliferación de fibroblastos, esto ayuda a restablecer el tejido y a la reepitelización de la herida [34].
Adicionalmente, estos probióticos han surgido como una alternativa favorable en el tratamiento de heridas por su habilidad para actuar de forma múltiple en mecanismos vitales implicados en la cicatrización. Estos microorganismos inducen de manera controlada el descenso de intermediarios proinflamatorios manteniendo un balance en la respuesta inmune. Esta condición apresura el paso a la fase folicular y soluciona la fase inflamatoria crónica propia de las heridas [4]. Igualmente, impulsan la reparación tisular aumentando el factor de crecimiento endotelial vascular, mejorando la formación de nuevos tejidos, vasos sanguíneos y oxigenación de la herida [19].
Uno de los factores esenciales de los Lactobacillus, es la inhibición del crecimiento de microorganismos patógenos, esta se realiza mayormente por medio de la producción de metabolitos como las bacteriocinas, el ácido láctico y el peróxido de hidrógeno, cada uno contribuye de manera eficaz. El ácido láctico ayuda en el aumento de acidez en el entorno, provocando circunstancias adversas para bacterias como Pseudomonas aeruginosa y Staphylococcus aureus, a la vez que las bacteriocinas trabajan de forma más específica, dañando la estructura de la membrana celular de los agentes patógenos. Este procedimiento es fundamental para disminuir la carga microbiana en lesiones cutáneas [32].
Los Lactobacillus influyen como un impacto de competencia por adhesión y nutrientes, lo que impide la multiplicación y colonización de agentes infecciosos. Se adhieren a la matriz extracelular reemplazando los puntos de unión que, en otro caso, serían utilizados por agentes infecciosos. En ese sentido, al recibir y consumir nutrientes en el ambiente de la lesión, reducen los medios para aumento de microorganismos, complicando su reproducción [32].
Así mismo, manifiestan impacto en células de cicatrización, especialmente los queratinocitos y fibroblastos. Estos microorganismos impulsan la multiplicación y desplazamiento de los queratinocitos beneficiando la lesión, aumentan la producción de colágeno tipo I, fomentan la estimulación de fibroblastos y la fase proliferativa. Este proceso beneficia la distribución de oxígeno, nutrientes y facilita la activación de la angiogénesis [35].
En cuanto a la regulación de citocinas pro y antiinflamatorias, esta se induce a partir de un intercambio con receptores tipo Toll, es decir receptores de reconocimiento de patrones, los cuales controlan la producción de mediadores del sistema inmune. Se evidencia un descenso en la liberación de citocinas proinflamatorias como también un aumento en la obtención de citocinas antiinflamatorias, esta expresión favorece el proceso de la inflamación lo que permite la reconstrucción de la cicatriz y un avance a las fases proliferativas [33].
Evidencia científica actual
Estudios in vitro
Zhihao Li [4] presentó un producto tópico llamado «Bio-K+» compuesto por Lactobacillus acidophilus CL1285®, Lactobacillus casei LBC80R® y Lactobacillus rhamnosus CLR2®, sobre biofilms maduros de Pseudomonas aeruginosa. Así, se presentó un prototipo de biofilm en placas seriadas donde la bacteria creció por 24 horas hasta desarrollar esta matriz extracelular. Luego, fue tratada con el cultivo total de Bio-K+ o con su filtrado libre de células. El resultado fue cuantificado por medio de tinción con cristal violeta que midió la biomasa total. Seguido a esto, fue realizado un recuento de UFC para validar la viabilidad bacteriana, junto con ensayos de turbidez que evaluaron la capacidad de recuperación bacteriana tras la exposición al tratamiento tóxico y, finalmente, se analizó el metabolito activo con HPLC que señaló el ácido láctico como elemento principal. A partir de esto, se demostró que el cultivo completo y el filtrado libre de células disminuyen la biomasa del biofilm y eliminan las bacterias viables de la misma. Dichas acciones dependen de los compuestos secretados, específicamente de la acidificación dada del ácido láctico, ya que se comprobó que al neutralizar el pH, este efecto desapareció. Asimismo, en el estudio in vitro con fibroblastos dérmicos humanos, el producto tópico mostró no ser citotóxico, volviéndose biocompatible y promoviendo la migración celular a una velocidad mayor de lo habitual [4].
De este modo, se demostró que los Lactobacillus reducen la colonización de microorganismos patógenos, la formación de biofilms gracias a la acidificación del entorno como se explicó previamente [36]. En consecuencia, los probióticos que mostraron mejores resultados fueron de la especie Lactobacillus rhamnosus ya que su comportamiento frente al patógeno fue más eficaz.
En el trabajo de Cecile El-Chami et al. [37] señalan que gracias a la acción de los lisados de Lactobacillus rhamnosus GG hay una disminución de biofilms de Pseudomonas aeruginosa y Staphylococcus aureus principalmente. Esta protección la adquiere gracias a la exclusión competitiva, que trata de que el Lactobacillus impida físicamente la estadía de las bacterias patógenas. Asimismo, la combinación de las proteínas que hacen parte del lisado (enolasa y TPI) tienen la capacidad de desestabilizar y, con ello, desplazar a las bacterias patógenas ya adheridas [37].
Por la misma línea, trabajos similares demostraron que el lisado de Lactobacillus rhamnosus GG también estimula la repitelización a través del aumento de la migración de queratinocitos. En el trabajo de Mohammed Saeed et al. [35], se emplearon las cepas Lactobacillus rhamnosus GG (LGG), Lactobacillus reuteri, Lactobacillus plantarum y Lactobacillus fermentum. El modelo celular que se usó fue el raspado de queratinocitos epidérmicos humanos en capas, con el fin de crear un ambiente lo más similar a una herida simple y medir la capacidad de reepitelización mediante la migración y proliferación celular al exponerlo a los lisados de las cepas mencionadas. El resultado de este trabajo fue evidenciar que el Lactobacillus rhamnosus GG tuvo una influencia significativa en la regeneración epitelial de las monocapas de queratinocitos epidérmicos, ya que en 18 horas hubo una mejora del 95%, este resultado se dio gracias al desplazamiento y producción elevada queratinocitos considerando que estos ayudan a la reparación de la piel. El proceso mencionado, se debe a la acción de las quimiocinas (CXCL2 y su receptor (CXCR2), debido a que estas funcionan emitiendo señales quimiotácticas que promueven el movimiento orientado de los queratinocitos hacia la zona herida, logrando que haya un revestimiento epitelial [35] (véase Figura 2 en Anexos).
Modelos in vivo
En la investigación de Karimi et al. [38], se evaluó el efecto de la formulación del producto tópico de naturaleza oleogel, esta contenía diferentes especies probióticas, tales como Lactobacillus acidophilus (DM + LBA), L. rhamnosus (DM + LBR), L. fermentum (DM + LBF) y L. casei (DM + LBC), que fueron comparadas con grupos control, base gel y tetraciclina tópica. Estas cepas fueron probadas en ratas a las cuales se les indujo diabetes y les fueron realizadas lesiones cutáneas. Este proceso duró 14 días, donde se evaluaron parámetros morfológicos, bioquímicos e histopatológicos, específicamente se tuvo en cuenta el cierre de la lesión, la formación de folículos pilosos, el depósito de colágeno, la reepitelización tisular, la neovascularización y el contenido de hidroxiprolina. Al final, se demostró que las formulaciones con L. acidophilus (DM + LBA) y L. rhamnosus (DM + LBR) tenían la característica de ser más beneficiosas a nivel terapéutico, ya que el cierre de la herida se efectuó en menor tiempo presentando mayor reepitelización, aumento en la proliferación de los fibroblastos junto a la síntesis de colágeno e incremento en la angiogénesis, comparada con las heridas tratadas con los grupos de control y tetraciclina (método tradicional). También se evidenció que estas cepas de Lactobacillus tienen actividad antibacteriana y anti biofilm, siendo benéficas para las heridas diabéticas porque favorecen su reparación tisular [38] (véase Figura 3 en Anexos).
Adicionalmente, en la patente de Castro Inostroza et al. [39] se usaron roedores como modelo de estudio para evaluar el efecto del apósito hidrocoloide en la cepa probiótica Lactobacillus acidophilus LPV-31 sobre heridas. A los ratones se le realizaron lesiones cutáneas causadas por quemaduras que posteriormente se inocularon, afectando intencionalmente con Pseudomonas aeruginosa P65-00. Se usó esta cepa ya que es de gran interés en el ámbito intrahospitalario vinculada a este tipo de heridas.
La evaluación de resultados se hizo a través de seguimiento clínico y microbiológico como recuento bacteriano y control microscópico de las quemaduras, demostrando que disminuyó la carga bacteriana inhibiendo el crecimiento de Pseudomonas aeruginosa y logrando reparación tisular en las lesiones que fueron tratadas con el apósito probiótico. En ese sentido, el producto tuvo un efecto favorable sobre el control de la infección y el proceso de cicatrización de la quemadura [39].
Ensayos clínicos en humanos
En el ámbito clínico, la evidencia en humanos es escasa. Sin embargo, en Chile se desarrolló una formulación patentada, como el evaluado por Castro Inostroza et al. [39], que involucran a la cepa Lactobacillus acidophilus LPV-31 en parches para el tratamiento terapéutico en pacientes con úlceras crónicas en donde, primero, realizaron una evaluación clínica para analizar reacciones alérgicas (enrojecimiento, eritema e induración) por parte del apósito. Este análisis lo llevaron a cabo con pruebas de hipersensibilidad como reacción inmediata (TDD), Ig total, PCR y un test Prick cutáneo. Luego, se aplicó el parche en una zona determinada del antebrazo para realizar durante los siguientes 21 días exámenes inmunológicos y hematológicos. Los análisis arrojaron que ninguna de las 5 personas involucradas tuvo una reacción alérgica. Con este respaldo, se realizó un ensayo clínico adicional con pacientes que presentaban heridas de úlcera crónica donde se evaluaron las características macroscópicas (dimensiones, fondo y exudado) de la herida y se observó si dentro de estas habían agentes infecciosos. El resultado de cultivos microbiológicos y posterior PCR arrojó que había crecimiento de Lactobacillus spp., Staphylococcus aureus y Pseudomonas sp. Posteriormente, se puso a prueba el parche con la cepa de Lactobacillus acidophilus LPV-31 en dos pacientes diabéticos que presentaban una úlcera crónica con 6 y 8 años de evolución respectivamente, registrando el proceso (véase Tabla 2 en Anexos).
Los resultados demostraron que el uso del apósito con Lactobacillus acidophilus LPV-31 en una herida crónica ayuda al proceso de cicatrización. En ambos casos, se observó eliminación progresiva del tejido necrótico, control del exudado, disminución del tamaño y profundidad de la lesión, aumento de la granulación y epitelización. En el caso del paciente 2, se logra cicatrización completa, mientras que el paciente 1 muestra una mejora clínica significativa, aún teniendo diagnóstico de diabetes que es un factor de retraso de reparación tisular [39].
Con respecto a los tratamientos que tradicionalmente se emplean, los más comunes son los antibióticos, los apósitos antimicrobianos y el desbridamiento quirúrgico. Aunque no se duda que tengan un porcentaje de eficacia, presentan ciertas dificultades, ya que muchas de las heridas son colonizadas por bacterias que desarrollan biofilms y estas terapias no logran degradarlos, en ciertos casos solo los ralentizan, por lo cual, se vuelven a restaurar; en el caso de la aplicación de apósitos, solo erradican los biofilms cuando se encuentran en estado inicial; los antisépticos pueden causar reacciones inflamatorias en la zona aplicada, o al igual que el desbridamiento, afectar las zonas aledañas a la herida que se encuentran sanas y, por último, en el caso de los antibióticos, existe la posibilidad de que se cree una resistencia al medicamento, lo cual sería contraproducente para el individuo e incrementaría costos afectando la salud pública [4].
En comparación, los productos tópicos con probióticos, por su parte, adquieren ciertas cualidades que contrastarían los efectos adversos de los tratamientos tradicionales porque favorecen la cicatrización sin afectar el tejido vecino sano, como se observó en la investigación de Karimi et al. [38] en donde los datos obtenidos demostraron que cepas como Lactobacillus acidophilus y Lactobacillus rhamnosus lograron que haya un cierre en la heridas entre un 89% a 96% después de 14 días de tratamiento (Véase Tabla 3 en Anexos), llegando a ser comparable con los resultados de una aplicación de antibióticos convencionales como la tetraciclina [38].
De igual modo, los probióticos atacan a los organismos patógenos gracias a sus mecanismos de acción como secreción de ácido láctico, competencia por alimentos y péptidos que actúan como bacteriocinas, lo cual en conjunto, ayuda a evitar la formación de biofilms y promueve la regeneración tisular [38].
Formulaciones tópicas con Lactobacillus
Los productos tópicos con mayor eficacia son los biológicamente activos por Lactobacillus debido a sus beneficios, como se ha explicado anteriormente. Las técnicas que se han desarrollado y producido abarcan: cremas, óleo e hidrogeles, apósitos y sprays.
Los geles han logrado mayor eficiencia por su composición, ya que tienen la capacidad de retener agua, en el caso de los hidrogeles, y, crear una barrera física para evitar la evaporación del agua manteniendo la hidratación de la herida, en el caso de los oleogeles [40].
En conjunto generan un microambiente húmedo beneficioso para la cicatrización.
A estos se les llama parches probióticos, siendo una estrategia novedosa en el ámbito de la terapia tisular [40]. Su finalidad es demostrar lo práctico y viable de los probióticos mediante su uso, acceder al contacto directo con la lesión y asegurar un control de nutrientes esenciales [41][42]. En cuanto a la estructura para crearlos, se obtiene de distintos materiales debido a sus conductores de protección, entre los más efectivos están las nanofibras, biopolímeros, apósito de hidrocoloide e hidrogeles biomédicos [43].
Estos productos pueden contener bacterias vivas, lisados bacterianos o metabolitos, beneficiando la obtención de compuestos funcionales como péptidos antimicrobianos, polisacáridos y lactato. No obstante, esta clase de formulaciones con microbios vivos, revela dificultades en relación con la viabilidad durante el almacenamiento y estabilidad bacteriana a diferencia de los lisados bacterianos y metabolitos, que ofrecen mayor equilibrio y seguridad microbiológica, manteniendo parcialmente sus reacciones antimicrobianas y antiinflamatorias sin tener que recurrir a la preservación de bacterias vivas [44].
Estas especies específicas de microorganismos son delicadas a factores ambientales como cambios de pH, humedad, temperatura y oxígeno, lo que puede perjudicar notablemente su supervivencia [45].
Se han implementado diferentes estrategias para conservar la viabilidad microbiana, como la liofilización, la microencapsulación y matrices poliméricas. Estos mecanismos facilitan cuidar a los Lactobacillus frente a presiones ambientales y asegurar que continúen su utilidad terapéutica supervivencia [45].
Uno de los más importantes desafíos se basa en conseguir un balance entre las propiedades fisicoquímicas del método de almacenamiento y la estabilidad microbiana. Además, es esencial garantizar la afinidad entre la viabilidad de las bacterias y los componentes de la elaboración, impidiendo elementos que puedan alterar desfavorablemente su metabolismo [46].
Seguridad y aspectos regulatorios
Uno de los riesgos principales que se pueden presentar al usar probióticos tópicos es que se traspasen a la circulación sanguínea, lo que puede ocasionar bacteriemia o una sepsis [47]. Se ha demostrado que las infecciones por Lactobacillus podrían ocurrir de forma oportunista, siendo la especie que presenta la tasa más alta Lactobacillus rhamnosus [48] sobre todo en pacientes inmunosuprimidos o que padecen de alguna enfermedad que puede agravar su condición de base, como pacientes con proceso tumorales, diabetes, prematuros, desequilibrios en la microbiota intestinal, oncológicos, consumo habitual de antibióticos o trastornos gastrointestinales severos. Sin embargo, se ha demostrado que esta dificultad no es usual, presentándose en 0.021% de los hemocultivos examinados, o incluso menos de 1 caso por millón de pacientes, aún teniendo en cuenta la demanda y aplicación que genera en el nicho de mercado [47].
También, se han encontrado casos aislados donde hubo irritación en la piel y dermatitis alérgica en la zona donde se usó el producto [49]. Esta condición se puede ver reflejada como irritación cutánea, enrojecimiento, eritema, prurito, inflamación local y formación de pústulas, predominando en personas que tengan la piel sensible o sufran de alguna condición de la barrera cutánea [50]. Asimismo, algunas enfermedades de base provocan un desequilibrio en la microbiota dérmica, favoreciendo que tengan mayor susceptibilidad a este tipo de manifestaciones. Pero, no solo a las cepas probióticas se le adjudican estas reacciones, sino también a los excipientes (componentes diferentes del principio activo usados para facilitar la preparación, conservación y administración de un fármaco) y sistemas de administración usados en la formulación tópica, tales como apósitos hidrocoloides, oleogeles, hidrogeles, conservantes y otros biomateriales [51], ya que estos pueden potenciar estas manifestaciones irritantes o reacciones de hipersensibilidad cutánea [52].
Otra de las preocupaciones que existe, es la probabilidad de que los Lactobacillus almacenen genes de resistencia antimicrobiana transferibles, como se ha observado en el estudio de Shahali et al. [53], donde se detectaron cepas probióticas de Lactobacillus con genes de resistencia tales como tet, erm, van, cat y aph(3′)-IIIan que se han identificado en plásmidos, transposones o integrones, punto importante ya que estos hacen parte de los mecanismos de transferencia horizontal genética (THG), proceso donde se intercambia material genético entre bacterias no descendientes, provocando proliferación de genes de resistencia entre microorganismos que habitan el mismo ambiente [54]. También, el uso constante de probióticos ayuda a la propagación de genes de resistencia, cuando se administran a la par de antibióticos con elementos genéticos móviles [55].
Además, existe la posibilidad de un intercambio genético entre las bacterias probióticas y microorganismos oportunistas que habitan la piel, un ejemplo es Staphylococcus aureus, ya que esta cuenta con la capacidad de adquirir genes de resistencia gracias a la transferencia horizontal por medio de plásmidos y bacteriófagos dando lugar a la resistencia antimicrobiana [56].
También, se ha visto que algunas cepas de Lactobacillus, como L. plantarum, L. paracasei, L. salivarius, L. reuteri y L. acidophilus, cuentan con resistencia innata o adquirida a ciertos antibióticos como tetraciclina, eritromicina y vancomicina [53][54].
Las bacterias ácidos lácticas (BAL), especialmente especies de Lactobacillus pertenecen a la clasificación de GRAS (Generally Recognized As Safe), que avala el uso seguro en humanos [57]. En conjunto, las cepas Lactobacillus, especialmente, Lactobacillus acidophilus, están clasificadas en el Nivel de Bioseguridad 1 (BSL-1) confirmando que representan un riesgo bajo para la salud humana [58].
Hasta el momento, no está establecida alguna regulación concreta ni exclusiva para productos probióticos tópicos con Lactobacillus, ya que esta presenta vacíos normativos y diferencias entre países dado que su clasificación depende del objetivo terapéutico, su formulación y el mecanismo de acción [59][60]. Otra consideración, es que se debe regir por su literal definición que según la International Scientific Association for Probiotics and Prebiotics (ISAPP) [26] se considera como probiótico al microorganismo vivo que administrado en la dosis apropiada, otorgue un bienestar al hospedador, con esto el producto objeto debe comprobar eficacia clínica, viabilidad y seguridad para así ser considerados como bacteria probiótica.
Por otro lado, las entidades regulatorias como World Health Organization, Food and Drug Administration (FDA) en Estados Unidos y la European Medicines Agency están de acuerdo y han mostrado interés en implementar marcos reglamentarios específicos para medicamentos bioterapéuticos vivos, globalmente conocidos como live biotherapeutic products (LBPs) por sus cualidades para prevenir o tratar patologías [60][61].
Ahora bien, en Colombia, el organismo encargado de la vigilancia sanitaria es el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (INVIMA) responsable de reglamentar artículos cosméticos, medicamentos y dispositivos médicos según su propósito de creación y mecanismos de acción biológica [62]. Dicho esto, es importante categorizar a qué grupo pertenecen los probióticos tópicos de Lactobacillus, ya que cuando tienen como fin último el cuidado de la piel (proteger, limpiar o mejorar su aspecto sin tener propiedades terapéuticas), sólo manteniendo el equilibrio de la microbiota cutánea, se considera un cosmético [68]. En cambio, si este promete control de infecciones, ayuda en el proceso de cicatrización o regulación inflamatoria en las lesiones, se considera un medicamento bioterapéutico o dispositivo médico [63][64].
En este orden, si se desea comercializar formulaciones que integran lisados bacterianos o fermentados diseñados para el bienestar dérmico, los criterios que evalúan las instituciones reguladoras de los cosméticos se centran en la seguridad cutánea, evaluando tolerancia de la dermis, pH y estabilidad del producto [65]. Diferente a las formulaciones destinadas al tratamiento de heridas, ya que estas exigen evaluaciones minuciosas para analizar criterios como la eficacia terapéutica, identificación precisa de las cepas, estabilidad microbiológica, viabilidad bacteriana, control, disbiosis y transferencia de genes de resistencia [63][60] (véase Figura 4 en Anexos).
Discusión
Por otro lado, a pesar de que los resultados en general presentan efectos favorables, una de las principales limitaciones se refiere a la falta de normalización de cepas y dosis óptimas. Las características naturales de los probióticos son únicas de cada cepa, lo que implica que distintas especies o incluso diferentes variaciones de un mismo grupo de Lactobacillus puede causar diversos efectos sobre la función antimicrobiana, la regulación inmunológica y la cicatrización. Como se observó en las investigaciones analizadas, se emplean formulaciones distintas, concentraciones modificables y cepas heterogéneas, generando complicaciones en la comparación de resultados y la replicabilidad de los descubrimientos. Además, no existe un parámetro de dosis efectiva, constancia de utilidad, ni tiempo adecuado del tratamiento [26].
Otro punto a considerar, es la inestabilidad de la microbiota cutánea, demostrando ser un reto notable para el progreso de terapias eficaces. Puede variar considerablemente entre pacientes debido a circunstancias como enfermedades causantes, uso de medicamentos, situación inmunológica, edad, rutinas de higiene y condiciones ambientales. Estas desigualdades pueden cambiar la habilidad de acción y colonización de los probióticos, en heridas con dificultad de cicatrización suele haber un cambio importante del balance microbiano, lo que también afecta la capacidad de los probióticos aplicados [26].
También, hay obstáculos asociados con la regulación y control de calidad de los productos. En la actualidad se encuentra variedad de productos en los que no se mencionan las cepas utilizadas, concentraciones aplicadas o prueba científica que sustente dichos efectos terapéuticos, esta situación complica la garantía, credibilidad y seguridad del método. Se destaca la obligación de determinar criterios reguladores rigurosos para afianzar la adecuada viabilidad, eficacia e identificación de los probióticos [26].
Conclusiones
Los productos tópicos con Lactobacillus tienen un gran potencial como estrategia terapéutica. Su implementación permite comprender cómo algunas cepas pueden interactuar con procesos fisiopatológicos, apoyando métodos defensivos contra patógenos comunes, reduciendo la creación de biofilms bacterianos y aportando a la reparación tisular de la zona afectada.
Los estudios in vivo e in vitro analizados demuestran que especies de Lactobacillus, especialmente L. rhamnosus y L. acidophilus, por medio de distintas formulaciones como apósitos probióticos, hidrogeles y oleogeles que han evidenciado ser opciones factibles para preservar un entorno apropiado para la cicatrización, cuentan con la capacidad de agilizar la cicatrización en heridas, impulsar la angiogénesis, activar la síntesis de colágeno, entre otros aspectos positivos, alcanzando resultados similares a las terapias tradicionales.
No obstante, aún se presentan dificultades referentes a la viabilidad y estabilidad de las cepas probióticas, normas o criterios de dosificación y probables riesgos asociados al proceso o la condición del paciente, por lo cual se recomienda seguir con las investigaciones prácticas y estudios de mayor alcance que puedan esclarecer la eficacia, seguridad y vía de acción de estos productos.
Declaración sobre uso de herramientas de inteligencia artificial
Durante la elaboración de este trabajo se utilizaron herramientas de inteligencia artificial generativa, específicamente ChatGPT y Gemini (Google), como apoyo en procesos de redacción, corrección de estilo, traducción y creación de algunas figuras esquemáticas. La búsqueda bibliográfica, el análisis crítico de la información, la interpretación científica y la revisión final del contenido fueron realizados por las autoras.
Anexos
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Sobre los autores
Geraldine Argumedo Arteaga. Estudiante de Bacteriología y Laboratorio Clínico, Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, Bogotá, Colombia. ORCID: 0009-0008-0229-3923
Mariana Arias Romero. Estudiante de Bacteriología y Laboratorio Clínico, Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, Bogotá, Colombia. ORCID: 0009-0000-1263-1748
Lady Maricel Casallas Rodriguez. Docente, Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, Bogotá, Colombia. ORCID: 0009-0003-0552-1075
Autor de correspondencia: Lady Maricel Casallas Rodriguez. @
Sobre el artículo
Fecha de recepción: 29 de mayo de 2026
Fecha de aceptación: 24 de julio de 2026
Fecha de publicación: 29 de julio de 2026
DOI: https://doi.org/10.64396/21-0172
Conflictos de interés: ninguno
Consentimiento informado: No aplicable
Financiación: ninguna
Declaración ética: Los autores declaran que este trabajo se ha realizado de acuerdo con los principios éticos y las normas internacionales de investigación biomédica, respetando los criterios de confidencialidad, integridad científica y buenas prácticas editoriales.
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