Programa de reformas de salud científica e higienista desarrollada en los inicios del siglo XIX por el Obispo Díaz de Espada

debates, sus propuestas fueron comprendidas siempre como acciones de beneficio social y a su vez también ponían en alto el nombre de la sociedad criolla del período.

En ese mismo orden, referido a la salud y a su reforma científica en este campo, hay que considerar toda su campaña a favor de la introducción de la vacuna antivariólica y de la fuerte batalla desplegada por Espada para lograr la comprensión en la población de la necesidad de ser vacunados como vía de inmunización de los habitantes de la villa de La Habana. A esto se sumaba el enfrentar las pésimas condiciones que en el orden higiénico sanitario existían en las diferentes zonas de la ciudad habanera, ya conocidas por el Obispo, en los recorridos efectuados con anterioridad a su llegada a la Isla.

La situación predominante en La Habana era proclive a la proliferación de epidemias, dado las condiciones de insalubridad, la promiscuidad de sus habitantes y estados de hacinamientos en las zonas más pobres y abandonadas de la ciudad, así como las difíciles condiciones de las zonas rurales. A todo esto se une el alto nivel de ignorancia de la población, los criterios oscurantistas y anticientíficos que fueron manipulados una vez más por algunos miembros del clero reaccionario opuesto a la labor reformista y científica desplegada por Espada, quien además tuvo la desgracia o la suerte, según se interprete, de sufrir en carne propia los embates de la epidemia producida por la fiebre amarilla de la que logró salvar la vida milagrosamente.

Debido a la situación antihigiénica, carencias de atención médica y a la cantidad de víctimas fatales, una vez más el obispo Espada proclama desde la fe cristiana y el alto sentido humanista que lo caracterizó, una intensa campaña por el saneamiento de la población y, en particular, el lograr la inmunización de la población a través del empleo de la vacunación; para ello contó con la actividad médica de quien fuera su amigo personal: el Dr. Tomás Romay. De igual manera una vez más recibió el apoyo de su casi aliado incondicional, a pesar de la existencia de criterios diferentes, por suerte minoritarios: la Sociedad Económica Amigos del País.

Su accionar a favor de impulsar y convencer a la población tuvo que librarla en condiciones muy hostiles y enfrentar las campañas de desacreditación llevadas a cabo por los opositores a la aplicación y efectividad de la vacuna, campaña difamatoria y de marcada demagogia que provocó la huida y búsqueda de refugio de la población campesina en los maniguales y zonas inaccesibles.

De todos es conocido que, como parte de la labor en función de los beneficios de la vacuna, el Dr. Tomás Romay, de conjunto con el obispo Espada, utilizaron como demostración única y ejemplarizante la vacunación de los hijos del ilustre galeno, previa inoculación del virus de la viruela.

Sirvió también como medio eficaz de divulgación de los resultados exitosos obtenidos con la vacunación el Papel Periódico de La Habana, que aunque no llegaba a toda la población a consecuencia del analfabetismo existente, era divulgado entre las amplias masas de la población. Los resultados obtenidos fueron un éxito rotundo y, contra todas las campañas difamatorias, el marcado sentido de las acusaciones de herejía y de la falta de un verdadero espíritu científico, el 7 de febrero de 1808 se publicaba la noticia del vencimiento de la ciencia y de la unión de los hombres de bien, agrupados en la Sociedad Amigos del País y la Junta Central de Vacunas, de la terrible enfermedad que causó sus mayores víctimas en la población infantil. Gracias a esta encomiable labor, las campañas de vacunación se mantuvieron y no quedaron haciendas, ingenios, dotaciones de esclavos y hospitales que no recibiesen los nobles beneficios de la campaña sanitaria de vacunación impulsada por Espada, el Dr. Tomás Romay y la célebre Sociedad Económica Amigos del País.

Sin embargo, como se hace referencia en otros momentos de este articulo uno de los hechos más trascendentes dentro de la obra del obispo De Espada en su acción por el mejoramiento de la salud pública y la reforma científica en beneficio de la salud del pueblo de La Habana y extendida con posterioridad a las villas de Santa María del Puerto del Príncipe y a la de Bayamo lo fue si lugar a dudas la concreción de la idea hecha realidad de la construcción de los cementerios fuera de las iglesias y a las afueras de las ciudades, la que constituiría una de las medidas higiénico-sanitarias más importantes, cementerios fuera de las ciudades que evitarían así la proliferación de enfermedades y epidemias muy frecuentes en la época objeto de análisis, además de romper con las ideas oscurantistas, las supersticiones y uno de los medios de lucro de un clero, que utilizaba el enterramiento en las iglesias como forma de obtener determinados beneficios tanto monetarios como de índole administrativo y de ciertas ventajas sociales.

Además, constituía también una ruptura con las viejas costumbres y tradiciones del Medioevo, se abría así, paso hacia la modernidad. Esta idea que en sus inicios tuvo varios opositores, se convirtió en una de las obras más importantes no sólo para Cuba, sino para toda la América hispana, y es a su vez, importante fuente de conocimiento para la historia universal y de la cultura de los pueblos que integran el continente americano.

CONCLUSIONES

A modo de conclusión se puede señalar que durante la estancia del obispo De Espada en Cuba, coincidente con el período de restauración de Fernando VII, constituyó una época de predominio de la Ilustración en Cuba adaptada más que a los intereses de España a la realidad de la isla de Cuba; proyecto ilustrado del prelado que cumplió con un doble propósito: luchar contra el oscurantismo, la ignorancia, la corrupción y doble moral del clero y elaborar un modelo de sociedad que se correspondiera con los cambios promovidos por la propia Ilustración.

Su programa renovador lo llevó a enfrentar a la sociedad criolla más reaccionaria y a un clero fundamentalmente español, que vio afectado sus intereses económicos y sociales, pero logró transformar la realidad de la sociedad cubana habanera de inicios de siglo, reformar a través de su actuación la precaria situación de la higiene y la salud pública, atender prioritariamente a aquellos cuya posición social y disímiles problemas de salud les impedían recibir atención médica, así como ser uno de los precursores de la vigilancia y cuidado de los enfermos mentales o dementes y de la protección a las mujeres con problemas de salud, así como desarrollar una de las más geniales obras de su creación los cementerios fuera de las ciudades como vía de preservar la salud y la higiene ambiental de la población.

De igual forma, aunque no es objetivo de este trabajo resulta imprescindible resaltar que la obra del obispo De Espada no sólo se circunscribe a la