Alimentación infantil durante el primer año de vida. Conceptos básicos e intervenciones de Enfermería

desarrollarlas las enfermeras realizan todas las actividades necesarias para:

• Valorar las necesidades nutricionales.

• Valorar las necesidades nutricionales en el periodo de enfermedad.

• Enseñar a nutrirse de forma equilibrada.

• Adecuar una alimentación e hidratación correcta a sus circunstancias.

• Ayudar a la adquisición del Índice de Masa Corporal correcto.

• Adiestrar para un tránsito seguro de líquidos y sólidos.

• Preparación y administración del soporte nutricional artificial.

• Seguimiento nutricional completo y continuado.

• Evaluación total y parcial de resultados.

• Preparación para el alta hospitalaria

3. Alimentación infantil en niños de 0 a 6 meses

La nutrición infantil constituye una parte diferenciada de la nutrición por las características de la infancia. Presenta dos particularidades respecto al adulto:

  1. Limitaciones impuestas por la anatomía y fisiología del aparato digestivo, renal y metabólico.
  2. Dependencia del adulto para ser alimentado.

La alimentación del niño en los primeros meses de vida se basa en la leche materna o artificial, obtenida por modificaciones de la leche de vaca con objeto de asimilarla en todo lo posible a la leche humana.

Al nacer, el sistema digestivo es inmaduro, a partir de los tres meses aumenta la producción de saliva y es común el babeo. Se van incrementando las enzimas pancreáticas, aumenta la capacidad gástrica para poder ingerir un mayor volumen de alimento y se comienzan a desarrollar los dientes.

Los neonatos tienen limitada la capacidad de digerir, absorber y metabolizar alimentos y sus enzimas son adecuadas para proteínas e hidratos de carbono simples. Debido a que la capacidad estomacal se limita a unos 90 ml, el lactante requiere alimentación frecuente y en pequeñas raciones.

Además, es especialmente sensible ante las transgresiones dietéticas, y sus consecuencias son bastante más serias que en el niño mayor y adulto.

La leche humana es el alimento óptimo para la alimentación del bebé, por su composición bioquímica y biológica inigualable, sus propiedades nutritivas y su desarrollo de diversas funciones biológicas en el niño, tales como la digestiva, inmunológica, neurológica, intelectual, etc. Además, favorece de forma especial el vínculo materno-infantil.

Existen sólidas bases científicas que demuestran que la leche materna es beneficiosa para los bebés, las madres y la sociedad en conjunto, en todos los países del mundo.

Tabla 3: Beneficios de la lactancia en general.

Protege al niño frente a enfermedades presentes y futuras.

Ayuda a la recuperación de las madres después del parto, y las protege de enfermedades futuras.

Es ecológica, higiénica y económica.

Fuente: Elaboración propia.

Por ello se recomienda la alimentación exclusiva al pecho durante los primeros 6 meses de vida, y continuar amamantando junto con las comidas complementarias adecuadas, hasta los dos años de edad.

La puesta al pecho se inicia lo más pronto posible, cuando las condiciones de la madre y el bebé lo permiten, siendo lo ideal en la primera hora posterior al parto. La alimentación al pecho suele ser a demanda, para permitir la autorregulación entre las necesidades del bebé y la producción de leche en el pecho materno, resultando aconsejable en la cuarentena que se realicen al menos 8 tomas diarias. Por eso, se debe permitir que las tomas sean tantas veces y que duren tanto como el bebé desee.

El bebé no necesita ingerir otro líquido, a menos que se encuentre en situaciones especiales. Es recomendable que la madre no consuma sustancias tóxicas en este período, como alcohol, drogas y tabaco. La mayoría de los fármacos son compatibles con la lactancia, aunque se debe consultar con el médico.

La leche recién extraída y guardada en un recipiente cerrado se mantiene a temperatura ambiente de 25ºC o menos durante 8 horas, y en el frigorífico, durante 48 horas.

La lactancia artificial consiste en el empleo de fórmulas adaptadas a las necesidades del niño para sustituir a la leche materna, cuya composición tiende a imitar en lo posible cuando no se puede o no se desea utilizar ésta. Este tipo de leche debe reunir los siguientes requisitos:

r    Contenido calórico similar al de la leche materna

r    Igualar el contenido proteico al de la leche de mujer

r    La lactosa debe ser el azúcar fundamental

Cuando el biberón está bien preparado, el bebé no necesita ingerir más líquido. Es fundamental que se prepare con agua esterilizada

Es preferible la lactancia materna, pero hay situaciones en que la madre no quiere o no pude dar el pecho, por determinadas circunstancias, como son: laborales, personales, presiones sociales, dolor intenso, enfermedades o ingesta de medicamentos que pueden transferirse al bebé… En estos casos, la lactancia artificial se recomienda como la única alternativa.

La alimentación complementaria es aquella diferente a la leche que recibe el lactante a partir de una determinada edad. Se recomienda a partir de los 5-6 meses para evitar la interferencia con la leche materna, el aumento en la carga renal y la sensibilización a algunos alérgenos alimentarios.

Es aconsejable en este período debido a que:

r    Las funciones digestivas del lactante han madurado y las necesidades nutritivas requieren la introducción de los alimentos distintos a la leche materna o adaptada.

r    El niño ya tiene capacidad para tragar alimentos semisólidos, apareciendo la sensación de saciedad. La leche podría ser cualitativamente suficiente para alimentar al niño durante el primer año de vida aunque sería deficitario en hierro.

4. Alimentación infantil en niños de 6 a 12 meses

A partir de los 6 meses hay que iniciar la alimentación complementaria o beikost, debido a que la leche, bien materna o artificial, no sirve para cubrir todas las necesidades nutricionales del bebé, y habría que darle tal volumen de leche que no sería tolerado por el niño.

Es muy importante en este periodo permitir que la cantidad de alimento pueda variar de un día a otro y de una semana a otra, según el apetito del niño.

El control del peso durante el periodo de lactancia se ha centrado tradicionalmente en la detección de la desnutrición, pero los cambios en el nivel